Francisco Vera

No seré yo quien vuelva explicar otra vez qué es el blockchain, cómo funciona y para qué sirve. Lo que de verdad me interesa es compartir, desde el punto de vista de la innovación y la estrategia, algunas reflexiones sobre las consecuencias que tendrá sobre nuestro modelo social y económico actual.

Tenemos que partir de una premisa: el blockchain nace para crear una economía en la que la riqueza esté perfectamente distribuida y una sociedad en la que no haya concentraciones de poder. Las economías y las sociedades del futuro estarán basadas en la tecnología, en particular en Internet. Creando una red que genere riqueza, igualdad de oportunidades para todos y en la que no sea posible acceder a posiciones de dominancia, se habrá conseguido una sociedad más libre y una economía más justa. Entiendo que, llegados a este punto, os puede sonar a un discurso anti-sistema o anti-capitalista, pero el blockchain nace muy cerca de esas posiciones. Surge del espíritu de colaboración, del software libre, de una internet neutra, etc. Por todo lo anterior el blockchain es una tecnología que tiene como objetivo desintermediar y descentralizar.

Desintermediar para eliminar de la cadena de valor de muchos negocios todos los eslabones que no suman, sino que existen porque mantienen una posición de dominancia. Podemos pensar, por ejemplo, en la banca, los grandes distribuidores, los mercados de valores… Todo aquello que representa el capitalismo actual. Pero, ¿cómo desintermedia? Reduciendo el coste marginal a cero y permitiendo que las transacciones entre personas se lleven a cabo de manera anónima con seguridad, transparencia y rapidez.

Con blockchain podemos prestar dinero mediante dos direcciones anónimas, internet da validez a la transacción, verifica que se haga y toda la comunidad puede ver los detalles de esa transacción. De manera análoga, se podría aplicar para una compra-venta de cualquier bien, un registro de la propiedad intelectual, etc. ¿Os imagináis una ONG en la que puedas ver qué cantidad de tu aportación ha llegado verdaderamente al tercer mundo y qué ha sucedido con el resto? Ya es posible. Aplícalo a un partido político o a la comunidad de tu escalera.

Descentralizar para crear nuevos modelos de gestión y de gobernanza. El blockchain se basa en la confianza que obtiene de la comunidad de internet, ya que debido a la necesidad de alta capacidad de computación que se necesita para obtener el consenso, no es posible que un reducido grupo de personas decidan por el resto. La tecnología es garante del derecho de representatividad y evita los abusos de poder y las posiciones de dominancia, como los monopolios.

Aplicaciones tan innovadores como los contratos inteligentes y las nuevas formas de asociación como las DAO (Decentralized Autonomous Organization) son algunos de los muchos ejemplos de aplicación. Entidades como los bancos centrales, notarios, bolsas, etc. tienen los días contados. Quizá a corto plazo en nuestras sociedades sea complicado ver su desaparición, pero los países que están por desarrollar pueden encontrar en el blockchain una manera de construir sus mercados y sus sociedades de manera más eficiente y justa. Esto les dará ventajas clarísimas sobre el resto de naciones y eliminará en éstas el temor al cambio y a la transformación.

Otra óptica más sencilla para comprender qué es el blockchain y sus implicaciones es considerarlo como una nueva forma de capital. Según Thomas Piketty, “el capital no es un concepto inmutable: refleja el estado de desarrollo y las relaciones sociales que rigen una determinada sociedad, la frontera entre lo que puede o no ser propiedad de unos individuos privados evoluciona sobremanera en el tiempo y en el espacio”. Hay que añadir a lo anterior conceptos como economía colaborativa, energías renovables, coste marginal cero y renta básica, y todo cobrará más sentido ante nuestros ojos. El cambio sucederá, pero ¿cuándo?

Ingentes cantidades de capital público y privado están sumando esfuerzos en desarrollar el blockchain y conseguir una posición de dominancia sobre esta tecnología. Pero, ¿cómo se controla una tecnología nacida para ser libre y usada por cualquiera? Esto es lo que parece haber entendido el Banco Santander abandonando proyectos privados como R3 y aliándose con otras iniciativas públicas como Ethereum. Esto no es más que el principio de una adaptación masiva de las empresas a esta nueva tecnología y forma de entender la economía y la sociedad.

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