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Las circunstancias obligan a los ayuntamientos a ser catalizadores de la innovación

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Con cerca de 250.000 hectáreas de bosques quemados en lo que va de año, que es una superficie que equivale a la mitad de La Rioja, por poner un ejemplo; con una sequía como la que padecemos, la mayor desde que se tienen datos; y con un precio de la energía que bate récords, escuchamos voces que llaman la atención sobre los ayuntamientos para tomar medidas que puedan solucionar la situación y no solo en la España rural.

Así, estas administraciones, sean grandes o pequeñas, son las que en muchos casos pueden resolver algunos de los problemas que se plantean, más por su capacidad de gestión que por los medios que tienen. Hemos oído estos días hablar sobre el efecto de la despoblación y la gestión, a veces lejana por espacio, conocimiento y economía, de los problemas.

El esfuerzo de muchos ayuntamientos es grande para solventar problemas. Por los proyectos que se presentan, por ejemplo, para obtener el diploma de Ciudad de la Ciencia y la Innovación, que otorga la Red InnPulso del Ministerio de Ciencia e Innovación, vemos que uno de los capítulos centrales es la sostenibilidad, en el que entran diferentes capítulos, como es la gestión de los terrenos, el ahorro de energía, la gestión del agua y la colaboración público-privada, más fácil en círculos pequeños que en grandes. No son cosas menores.

Todos los temas citados necesitan de una profunda revisión y no es posible si no son pensados con la intención de aplicar cambios que, en muchos casos, pueden dar lugar a innovaciones. El objetivo de mejora y trabajo continuo facilita el acercamiento a las ideas, a su desarrollo y a su puesta en valor. Así, por ejemplo, lo han visto los 32 ayuntamientos, una cifra récord en los últimos años, que acudieron con sus propuestas a la última convocatoria para lograr el diploma citado.

Más allá de las ventajas que supone el diploma en sí, lo importante es la capacidad de aprender y conocer los ejemplos que han sido positivos, que los hay -y bastantes-. Las ideas desarrolladas en unos ayudan a otros. No tienen que ser copias absolutas de lo que se hace en cada municipio, la idea te permite adecuarla a cada uno de los entornos.

Aun sabiendo que no están todas las que son por las estrategias que siguen los municipios, sí que se constata que la cercanía de eventos que favorezcan el movimiento innovador impulsa el crecimiento en casi todos los vectores que rodean la economía y la formación, crucial para desarrollar ideas.  

La preparación de las propuestas que se hacen para obtener el diploma de Ciudad de la Ciencia e Innovación hace que las administraciones locales remuevan en su entorno apoyos. Y gente que probablemente no estuviera familiarizada con el amplio concepto de innovación conozca y aprenda las ventajas, que las hay, de vivir en un entorno social donde se genere el espíritu innovador.

Romper con las rutinas y afrontar nuevos retos es lo de que se trata y este es un buen camino. Todos tenemos ideas, pero no por ser aparentemente irrealizables nos tenemos que conformar con ser generadores de sueños y no de realidades. Ese inconformismo es el que genera el avance y la cercanía de las posibles ayudas, vitales.

Hay que aplaudir a los ayuntamientos que deciden presentarse porque obliga a hacer un programa a medio plazo que obliga y compromete. Ahí están las ventajas. Más allá de la obtención del diploma, plantearlo obliga a pesar en una nueva organización y una serie de actividades que facilitan la posibilidad de aprender e identificar, muy probablemente, a lo más valioso del entorno más cercano.

En esta última ocasión, de las 32 presentadas, 20 fueron galardonadas: La Almunia de Doña Godina (Zaragoza), Lorquí (Murcia), Oropesa de Mar (Castellón), y Ortuella (Vizcaya), entre las ciudades de menos de 20.000 habitantes; Cerdanyola del Vallés (Barcelona), Las Rozas (Madrid), Pinto (Madrid), Ponferrada (León), San Fernando (Cadiz), San Cugat del Vallés (Barcelona), Sestao (Vizcaya), Utrera (Sevilla), Villarrobledo (Albacete) y Vinarós (Castellón), entre las ciudades con una población entre 20.001 y 100.000 habitantes; y, finalmente, Alcobendas (Madrid), Algeciras (Cádiz), Almería, Las Palmas de Gran Canaria, Sevilla y Zaragoza, entre las ciudades de más de 100.000 habitantes.

En total, son 83 ciudades que se benefician del intercambio de información, de la posible colaboración en todos los campos posibles entre ayuntamientos, además de promover políticas que abren puertas a la innovación, tanto en el sector público como en el privado, potenciando a las pymes innovadoras y emprendedores y aprendiendo a desarrollar conceptos como el de Compra Pública Innovadora, vital para continuar con investigaciones y desarrollos. Todo con los criterios de innovación señalados en el contexto del Programa Horizonte Europa, además de beneficiarse de las posibles ayudas del Ministerio de Ciencia e Innovación en diferentes aspectos.

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