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Los expertos prevén que las tecnologías exponenciales van a provocar un importante crecimiento de la economía creativa. (Foto: Innovaspain)

Cualquier persona con un smartphone tiene más poder computacional en sus manos que el ejército de Estados Unidos hace veinte años. En 1969, cuando la Agencia de Proyectos para la Investigación Avanzada de Estados Unidos cimentó las bases de Internet con el fin mantener las comunicaciones en caso de guerra, este mismo ejército tenía acceso a menos información que cualquier ciudadano corriente a día de hoy.

Cuando se habla del siglo XXI siempre se genera cierta sensación de futurismo, pero lo cierto es que ya han transcurrido dos décadas y es ahora cuando comienzan a generarse, al menos con mayor intensidad a nivel de opinión pública, ciertos debates. ¿Qué cambios se están produciendo en la sociedad? ¿Estamos preparados para trabajar de forma colaborativa con máquinas inteligentes? ¿Nos tenemos que reinventar ante la automatización del mundo laboral? Cuando alcancemos conceptos como la telepatía informática, ¿que pasará con nuestra privacidad y confidencialidad?

'For me', de Xana Abreu; y 'Mis manos son mis alas', de Roberto Reula. (Foto: Innovaspain)

El mundo del arte no es inerte a estas cuestiones. De hecho, son muchas las nuevas corrientes artísticas que están surgiendo gracias a las tecnologías exponenciales, pero paralelamente surge la necesidad de plantearse cuál será el rol del artista creador con la llegada de las máquinas inteligentes o si seguirán estando bajo el dominio humano habilidades como la imaginación, la creatividad y la intuición. Estas y muchas otras cuestiones han sido debatidas durante la feria de arte contemporáneo JustMAD de la mano de diferentes expertos.

“Es inevitable que las máquinas nos superen, pero hay cosas que son inherentes en el ser humano y que lo hacen fundamental para el mundo laboral”, explica Francisco González Bree, artista digital y experto en Creatividad e Innovación Exponencial de Deusto Business School, que ante los cambios que ya se están produciendo propone una receta muy concreta: “debemos aprender a aprender de nuevo”.

Momento del primer panel de las jornadas de arte y tecnologías exponenciales, el pasado viernes en JustMAD. De izquierda a derecha: Beatriz Recio, Francisco González Bree, María Climent y José Antonio Cano. (Foto: Newsphotopress)

El Foro Económico Mundial, en colaboración con McKinsey, publicó en 2018 un White Paper titulado Disrupción creativa: El impacto de las tecnologías emergentes en la economía creativa. En dicho estudio se abordó́ el impacto de algunas tecnologías exponenciales en la economía creativa –centrado en música, cine, televisión, juegos, publicidad, literatura, arquitectura, diseño, artes y moda–, como la inteligencia artificial, la realidad aumentada, la realidad virtual y el blockchain. “El aprovechamiento de estas tecnologías va a requerir trabajar de forma colaborativa utilizando la innovación abierta”, avisa González Bree, encargado de dirigir las jornadas sobre arte y tecnologías exponenciales en el marco de JustMAD.

'Meu peito feito campo de batalha', de Manuela Pimintel; y 'Rapto, Suiza, 2008', de Flor Garduño. (Foto: Innovaspain)

La ‘explosión’ de la nube, la robotización, la seguridad y el concepto de plataforma son cuatro aspectos que van a guiar esta nueva década recién comenzada, como asegura José Antonio Cano, Senior Research Manager de IDC. “En 2023 la inmensa mayoría de los productos estarán basados en datos”, sostiene Cano, a lo que añade un factor que, para cualquier tipo de industria, puede resultar un tanto paradójico: “muchos de los productos aún no sabemos ni siquiera cómo serán”. En este terreno de la incertidumbre que, para bien o para mal, causa la tecnología, Beatriz Recio, presidenta de Mujeres Influyentes, confiesa aún no tener una posición clara. “Algunos días me levanto distópica, otros utópica y muchos otros realista. No sabemos si el mundo con la tecnología será un desastre o maravilloso, pero lo que sí está claro es que esta revolución 4.0 tiene implicaciones éticas”.

Creatividad computacional

Las máquinas están empezando a producir música, textos e imágenes. Es lo que se conoce como creatividad computacional y plantea preguntas como si es posible que un robot pinte una obra maestra o cree una obra de música clásica única. Existen diversos ejemplos. El ordenador Watson de IBM siguió este método para componer la primera canción cognitiva. Microsoft, ING, la Universidad Técnica de Delft (Países Bajos) y varios museos demostraron con Next Rembrandt como ciertos algoritmos y una impresora 3D podía pintar un cuadro de Rembrandt. Softlab e IBM Watson crearon una escultura creada con tecnología cognitiva. Google creo el primer videoclip realizado por una inteligencia artificial con herramientas como Deep Dream.

'The Attack of the Opiliones' y 'Back to the Future'. Ambas son obra de Francisco González Bree.

La profesora de la Universidad de Mondragón Leire Legarreta explica que “si aceptamos que la creatividad es la capacidad o facilidad de crear o inventar, en tal caso no podemos dudar que las máquinas podrán poner en relación conceptos que hasta el momento nadie había conectado”. Legarreta incide en que “se pueden utilizar técnicas de aprendizaje automático para resolver problemas de forma nunca antes planteadas. Los sistemas de inteligencia artificial pueden analizar las claves para que un texto o una canción tengan éxito en base a éxitos anteriores”.

Sin embargo, es en el aspecto emocional donde los expertos identifican la gran barrera para las máquinas. “Un niño ve un gato una vez y sabe que es un gato. Una máquina necesita infinidad de procesamiento para identificarlo. Lo mismo ocurre con las emociones: la inteligencia artificial de un robot no sabe que el agua viene de las nubes y que en países donde no llueve puede haber sequía y el drama que eso conlleva”, cuenta Mónica Villas, experta en inteligencia artificial y exdirectiva de IBM.

'Anne Mae Robinson', de Xana Abreu. (Foto: Innovaspain)

De la España creativa al salario emocional

“El humano es el artista, no la computadora”, ha reivindicado en varias ocasiones el destacado artista de inteligencia artificial Mario Klingemann. Su definición de arte convive en gran medida con lo que muchas empresas demandan hoy a sus trabajadores: aportar el valor creativo que las máquinas no pueden ofrecer. “Estamos viendo como grandes compañías tecnológicas contratan a artistas e incluso filósofos para sus proyectos. La capacidad de razonar y expresar del ser humano sigue siendo un valor que las máquinas todavía no pueden dar”, apunta Elsa Varela, Global Innovation Sr. Manager en Banco Santander.

Momento del segundo panel de las jornadas de arte y tecnologías exponenciales, el pasado sábado en JustMAD. De izquierda a derecha: Francisco González Bree, Elsa Varela, Mónica Villas, Alberto Valverde y María Castellanos. (Foto: Newsphotopress)

A su modo de ver, encontrar el equilibrio entre innovación y viabilidad es clave para el éxito de las empresas. “Les pedimos a los empleados que aporten ideas y se involucren en mejorar las compañías, pero si luego les decimos que sus propuestas no son viables por cuestiones de presupuesto o simplemente porque no encajan caeremos en una contradicción”, añade Varela. Ante esta disyuntiva, muchos expertos apuestan por lo que han denominado como ‘salario emocional’, o lo que es lo mismo, hacerle sentir al empleado que sus ideas han servido para mejorar la empresa. “El miedo a lo desconocido es incompatible con la innovación”, apostilla Varela.

De profesión, artista

María Castellanos y Alberto Valverde son una pareja de artistas que han realizado hibridaciones entre cyborgs, wereables y otras tecnologías exponenciales. Fuera de foros especializados, ambos han tenido que sorportar una pregunta al revelar que son artistas: ¿y de qué vivís? “Al principio era frustrante, pero con el paso del tiempo te das cuenta de que hay profesiones que siempre van a tener que convivir con ese tipo de comentarios. En otros países del mundo como Japón o en países escandinavos entienden que el arte es una profesión más, tan respetable como el resto”, recuerda Valverde.

El hecho de trabajar juntos ha hecho de ambos dos profesionales más sólidos y capaces de digerir mejor las críticas para alcanzar sus objetivos. “Como artistas, somos insatisfechos por naturaleza. Cuando estás solo es más difícil admitir tus fallos. Por ello la colaboración en el mundo del arte es tan importante”, afirma Castellanos.

La obra de ambos ha obtenido diferentes premios como el reciente Vertigo Starts, una iniciativa europea de EU-Horizon 2020 que promueve la colaboración entre artistas y proyectos de I+D. Su investigación es trasversal e interdisciplinaria, donde la máquina, lejos de ser un ente protésico y frío, actúa como factor integrador capaz de multiplicar las capacidades humanas para equipararnos a otros seres vivos o mecánicos que ya están dotados de estas.

'Plants sense', de María Castellanos y Alberto Valverde.

* Este reportaje ha sido complementado con información del ‘Whitepaper - Arte y Tecnologías Exponenciales’, elaborado por Francisco González Bree y Rosina Gómez de Baeza

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