Bioplástico a partir de deshechos de tomate

Planta piloto bioplástico tomate
Investigadores de Andaltec en la planta piloto

Investigadores del Centro Tecnológico del Plástico (Andaltec), con la colaboración de la Universidad de Málaga y el Instituto de Ciencias Materiales de Sevilla dependiente de CSIC, desarrollan un proyecto para la industrialización de un bioplástico obtenido de los desechos del tomate. El resultado serviría como solución a la dependencia del sector al crudo y al problema de las plantas de procesado de tomate en la gestión de los residuos, aunque todavía se están estudiando sus posibles aplicaciones.

La Universidad de Málaga y el CSIC, concretamente el Instituto de Ciencias Materiales de Sevilla, son los que tienen patentado el proceso de transformación de los deshechos en polímeros a nivel de laboratorio. Como comenta Francisco Javier Navas, investigador responsable del proyecto en Andaltec, lo que están intentado es poder adaptarlo a lo que sería un proceso industrial, “algo totalmente diferente”.

El proceso a nivel de laboratorio consta de tres fases: primero se procede al lavado de los residuos que las plantas de procesado de tomate desechan, como lo son las semillas, la piel y los tallos; después se pasa a la fase de tratamiento en la que se hace una degradación selectiva y un proceso de filtración de los deshechos que interesan de los que no; y por último se procede a la fase de neutralización, en la que se consigue precipitar el monómero que dará lugar al polímero. Lo que se obtiene es un bioplástico sintético que retiene las principales propiedades del producto natural, como son la hidrofobicidad, la no toxicidad y la biodegradabilidad. Además, una de sus características más importantes es que se adhiere al metal muy eficientemente sin necesidad de ningún adhesivo.

Sin embargo, el investigador matiza que no es un producto que vaya a sustituir al plástico “Sí es cierto que tiene más ventajas con respecto a los polímeros que hay hoy en día que se obtienen a partir del crudo”, primero porque elimina la dependencia al crudo, segundo porque viene a resolver un problema que tienen las propias fábricas de procesado de tomate y en tercero porque se obtiene un polímero que es 100% natural. La única desventaja, según el investigador, es que todavía no existe un proceso industrializable.

“Estamos adaptando el proceso, hemos eliminado fases del laboratorio que no nos servían a nivel industrial, y a su vez hemos generado otra nueva” añade el investigador de Andaltec. Actualmente los investigadores se encuentran en plena fase de diseño y testación de los equipos necesarios para una producción semi-industrial que sirva como evaluación para una futurible industrialización, “estamos estudiando cómo afectaría una producción industrial al rendimiento de los equipos y a las propiedades del producto”, comenta Francisco Javier Navas, explicándonos que paralelamente están desarrollando un estudio económico sobre la rentabilidad del negocio, “intentamos demostrar que este proceso sería rentable”.

Desde la empresa andaluza con sede en Martos, aún no se aventuran a auguran las posibles aplicaciones que pueda tener el polímero, ya que por el momento solo se conocen sus propiedades a nivel de laboratorio y en la industrialización pueden cambiar. Por el momento ya se han puesto en contacto con empresas interesadas en el proyecto, “las más interesadas son las propias empresas productoras de tomate en conserva, porque para ellos es un problema la generación de tantos residuos”, afirma Francisco Javier Navas, quien cree que a finales de año o principios del siguiente pueden obtener resultados a nivel semi-industrial.

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