Aguaduna smart cuty entre rios manuel matutes

Gracias a la necesidad de actualizar un proyecto que había quedado obsoleto nacerá una de las primeras Smart Cities del mundo que romperá radicalmente con el concepto tradicional de ciudad. Aguaduna está proyectada en el municipio de Entre Ríos, en el litoral norte del estado de Bahía, en Brasil. “Vimos que el modelo de urbanismo más clásico no tenía sentido”, explica a Innovaspain Manuel Matutes, General Partner de Ciudade Aguaduna.

La iniciativa ya está en marcha y prevé comenzar su desarrollo en el segundo trimestre de 2021. El proyecto Aguaduna es propiedad de la empresa de capital español Naurigas Emprendimientos, participada por las familias Matutes Mestre y Espallargas, y conceptualizado y desarrollado por la empresa española Seed Global Advisoring (SGA). “Tras la entrada de SGA como partner empezamos a pensar en cómo dar forma a algo realmente diferente, capaz de generar valor”, añade Matutes.

Con la vista puesta en las tendencias que reinarán en la próxima década, buscaron la ruta en la que confluyeran la innovación del espacio urbano, el desarrollo social y económico y la protección del medioambiente. Una intención ‘verde’ más allá del papel. “Queremos que la naturaleza sea parte de la identidad de los lugares”.

¿Por qué Brasil?

En esta inspiración coincidieron múltiples factores. La familia Matutes Mestre conocía bien el lugar -el Grupo hotelero Palladium cuenta con un resort en la zona-, sus ventajas y también las problemáticas que afectan a las comunidades locales. “Es un sitio maravilloso, pero la gente vive en condiciones muy humildes. Queremos cambiar las cosas. A una mayor conciencia social por preservar la biodiversidad se suma la eclosión definitiva del mundo Smart gracias a la madurez de las tecnologías necesarias para que estas propuestas sean sólidas”.

A favor de Aguaduna juega también la evolución de tendencias que la pandemia no ha hecho más que acelerar. “Las nuevas generaciones demandan una relación distinta con los entornos que habitan. Hay una nueva búsqueda de la calidad de vida, más próxima a la naturaleza. La tecnología nos permite trabajar en cualquier parte y ser más eficientes. El teletrabajo incidirá en los modelos de negocio y en la apuesta definitiva por la digitalización”, detalla Manuel Matutes quien ha vivido en primera persona esa maximización del valor tiempo. “En Brasil, las reuniones presenciales son aún más importantes que en España. No poder viajar nos ha convertido a todos en trabajadores más productivos”.

Ventajas y compromiso

Pero Brasil atesora otros activos que han resultado claves. “Los brasileños tienen una capacidad brutal para adoptar novedades tecnológicas”, afirma Matutes. A su vez, la propia naturaleza del país lo convierte en el candidato idóneo para alzarse como referente global en el uso de energías limpias. “Cierto es que hay muchos retos pendientes. El tamaño de Brasil multiplica el coste de extender infraestructuras básicas de las que aún carece un porcentaje importante de la población. En Aguaduna pretendemos ser autosuficientes en materia energética o al menos reducir drásticamente la dependencia de terceros”.  

Aguaduna cuenta con la implicación del Estado de Bahía, con cuyas autoridades se ha firmado un protocolo de colaboración. “Su actitud es más que positiva y son muy receptivos con el proyecto. Son conscientes de su envergadura y de las corrientes favorables que puede generar. Nos están ayudando mucho”.

Hasta el momento han sido invertidos más de 20 millones de euros y está prevista una inversión de 250 millones adicionales en la primera fase, que se prolongará durante los tres próximos años. La inversión total del proyecto se estima en más de 2.000 millones de euros, así como un PIB de 1,2 billones de euros anuales y una expectativa de empleo de más de 30.000 personas en 15 años.    

Alianzas

Desde Aguaduna están en conversaciones avanzadas con varias compañías para establecer una serie de alianzas estratégicas. Será cuestión de esperar un par de semanas para conocer las primeras incorporaciones, que incluirán, probablemente “una gran empresa española”. El perfil de multinacional que están sondeando ha de partir de un I+D robusto. “Queremos que se instalen allí con sus respectivos equipos de innovación y utilicen la ciudad como un living lab. Nos interesa que nos acompañen en este viaje”.

De este modo, todas las empresas interesadas en establecerse en Aguaduna tienen que asumir el compromiso de convertirse en activadores. “Pretendemos que estén dispuestas a generar empleos, impartir formación y atraer profesionales para el proyecto, además de contribuir a mejorar el entorno natural y la biodiversidad de la región”.

Siemens, socio de referencia

Con quien sí han asegurado la colaboración es con Siemens. “Era el candidato claro para ejercer el papel de socio tecnológico trasversal”, apunta Manuel Matutes. “Vimos muy rápido que podrían tener presencia en casi todas las verticales del proyecto, incluyendo el ‘cerebro’ de la ciudad gracias a su plataforma MindSphere”.

Desde allí se conectarán los distintos eslabones de Aguaduna revestidos de Big Data e Inteligencia Artificial y aplicables tanto a los servicios de la ciudad como al hub de innovación que se nutrirá de parte de los datos que la Smart City genere, articulados como Open Data. “Las sinergias con Siemens son múltiples, y la confianza por ambas partes es total. Hemos ido afinando los detalles de la colaboración y el agosto la formalizamos”.

En esta ambiciosa mezcla, las infraestructuras inteligentes y las tecnologías que las mueven están obligadas a ir un paso más allá en su relación con la ciudad y sus habitantes. “La tecnología porque sí no tiene sentido. Nos tenemos que preguntar para qué la queremos usar. En nuestro caso, pretendemos que ejerza como palanca en la mejora de la vida de las personas, incremente la participación ciudadana y fomente la sostenibilidad”, añade Matutes. 

Las fases

Tras una primera fase centrada en la concesión de licencias a compañías que desarrollan su rama de actividad en las principales verticales del proyecto, el segundo paso de Aguaduna estará centrado en un desarrollo por etapas con un calendario de comercialización. Para ello trabajan con socios especializados en la instalación de la infraestructura y con promotores verticales. El objetivo es capitalizar el proyecto de Aguaduna, ofreciendo acuerdos de licencia exclusiva a empresas innovadoras.

Los promotores están trabajando con distintas certificaciones internacionales para garantizar la neutralidad de emisiones y un estilo de vida saludable. El proyecto se capitalizará a través de los acuerdos de licencias y de la emisión de Bonos Verdes. Sólo el 14% del terreno estará cubierto por carreteras y edificios, por lo que el restante 86% serán superficies permeables, siendo el 37% áreas protegidas (Mata Atlántica, lagunas naturales y dunas) y el 49% áreas verdes, parques y espacios verdes urbanizados. Aproximadamente 380.000 personas, incluyendo los habitantes de Entre Ríos y sus alrededores, se verán beneficiadas con el proyecto.

Aguaduna abarcará un área total aproximada de 1000 hectáreas. Se estima que, en un período de 15 años, acogerá a 36.000 residentes. La generación de empleo prevista es de más de 30.000 puestos de trabajo para no residentes en las áreas de servicios y comerciales; científicos y profesionales de la tecnología, la salud, la educación y la agroindustria así como una capacidad diaria para recibir 5.500 turistas.

Movilidad, seguridad y gestión de recursos

La movilidad de Aguaduna estará centralizada a través de una terminal intermodal. Servirá de intercambiador para los no residentes, quienes deberán circular con las diferentes opciones de movilidad de Aguaduna, así como de almacenamiento y punto de distribución logística. “Movilidad y seguridad estarán interrelacionadas”, afirma Manuel Matutes. “Las grandes ciudades brasileñas son inseguras. Todo el mundo va en coche, lo que provoca que haya poca gente en la calle, reduciendo así la seguridad. Es un círculo vicioso que queremos romper con un urbanismo donde la gente pueda ir a pie (todo lo necesario no está más allá de los 500 metros), en bici, patinete, vehículos compartidos o transporte público”.

La seguridad estará basada en un sistema de reconocimiento facial conectado con la policía. “La ciudad tendrá acceso controlado, pero será abierta, algo poco usual en Brasil, donde abundan los condominios cerrados. La gente podrá moverse libremente sin sentirse encerrada en una burbuja”.

El modelo de gestión de la energía tendrá sus propios sistemas de generación, distribución y control central, a fin de aumentar su eficiencia. Esto incluye el uso de energía renovable de una matriz diversificada que abarca energía solar, eólica, y biomasa.

En cuanto a la gestión de los recursos hídricos, Aguaduna contará con el uso de aguas residuales, captación de agua de lluvia y agua sólida agrícola entre otros sistemas. El proyecto también contempla una unidad de biomasa y una planta de tratamiento de aguas residuales.

"La idea es que el modelo de Aguaduna sea replicable en cualquier lugar" (Manuel Matutes)

Matutes espera que, al cierre de 2021, haya comenzado la construcción del complejo de Aguaduna. Pero ya son muchas las iniciativas en marcha para generar actividad y empleo en la región. “Aulas virtuales, formación cualificada, programas sociales… Siemens también lo hará para contar con técnicos especializados en la instalación y mantenimiento de sus productos. Todo esto antes de colocar la primera piedra. El impacto ya ha comenzado. Conocemos a muchas de estas personas y tenemos todas las ganas de que a ellos también les vaya bien”.

Manuel Matutes admite que la idea que siempre han manejado es crear con Aguaduna un modelo replicable en otros lugares. “Aunque ahora la prioridad es acabar de cerrar los partnership y que el proyecto de Brasil coja inercia, ya han surgido oportunidades en el Sur de Europa y en América Latina. Son procesos complejos, que implican el estudio de debilidades y fortalezas en cada caso”.

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