El sector aéreo en España, desde el punto de vista del servicio de control a las aeronaves, sufre un estancamiento técnico de unos años a esta parte, que está en absoluta contradicción con la innovación de la que hacía gala durante las décadas de los años 80 y 90.

En esas dos décadas, el tráfico aéreo experimenta unos crecimientos anuales sostenidos y constantes lo que desemboca en la creación de un ente especializado en la gestión aeroportuaria y en la prestación del servicio de control aéreo: con esos objetivos nace AENA, Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea. Es a partir de este momento cuando se modernizan los medios técnicos para asumir el incremento de tráfico aéreo, cuando se desarrollan nuevas herramientas informáticas que ayudan al controlador en la pantalla de radar y cuando se acomete la renovación de la infraestructura de radio ayudas a la navegación y en aeropuertos que garantizan una mayor fiabilidad y exactitud en la navegación aérea, lo que permite crecer manteniendo los imprescindibles estándares de seguridad.

Es durante la década de los años 90 y principios del nuevo siglo cuando nace y se consolida la relación entre una empresa española puntera en tecnología, Indra y los controladores aéreos, a través de AENA. Indra, entre sus muchas áreas de actividad, tiene como banco de pruebas y como “trabajadores de campo” a los controladores aéreos, lo que le ayuda a desarrollar y perfeccionar un sistema informático de tratamiento de la información que reciben los radares de Navegación Aérea y su posterior manejo para presentar esos datos en la pantalla radar, sistema llamado SACTA. En sus sucesivas versiones, el SACTA (Sistema Automatizado de Control de Tráfico Aéreo) alcanza un grado de excelencia y una fiabilidad que permite a esta empresa vender este sistema en Europa (Alemania o Reino Unido, por ejemplo) América Latina o Asia. Es el resultado de una buena colaboración entre los profesionales de la empresa y los controladores, quienes ayudan a entender las necesidades y requerimientos que una labor tan compleja conlleva y a los que los profesionales de INDRA dan satisfacción.

Sin embargo esa fructífera relación, que había colocado a España en los primeros puestos de la lista de países más avanzados en tecnología aeronáutica, se enfría al derivar el mayor interés inversor de AENA en la creación de nueva infraestructura (nuevos aeropuertos) o en mejorar la infraestructura de los existentes (nuevas terminales, pistas, aparcamientos, etc.)

A finales de la primera década del siglo XXI, AENA se encuentra con una grave deuda que limita su capacidad inversora y ello desemboca en la separación de la misma entre la rama “Aeropuertos” (semiprivatizada) y la rama de Navegación Aérea, dejando por tanto de compartir ingresos y gastos. Nos encontramos pues en una situación que no parece vaya a favorecer un nuevo impulso a la innovación en el sector del control de tráfico aéreo. Pese a ello consideramos que sería perentorio abordar varios de los problemas endémicos que arrastra este sector.

  • Innovaciones técnicas. Desde las últimas versiones que la empresa Indra facilitó, hace ya unos años, de su sistema de tratamiento de datos radar, en otros países se ha avanzado mucho y hoy España experimenta cierto retraso en esta área. Sería deseable retomar la colaboración Indra/Enaire para que se acometan, con la colaboración de los profesionales del control, mejoras técnicas pendientes, como pueda ser la incorporación de datos meteorológicos en la presentación radar, la alerta de conflictos de última generación, la ficha electrónica y mejorar, en general, la interacción hombre/máquina. Además de implantar la última generación de ayudas de precisión al aterrizaje en los aeropuertos para facilitar las maniobras con mala meteorología y poder aumentar la capacidad en los mismos.
  • Innovación burocrática en aviación en general. En los últimos años, no sólo en el control aéreo, el mundo de la aviación ha entrado en una dinámica de abuso de protocolos, normas, directrices y demás “corsés” que en muchos casos limitan la autonomía de los profesionales, lastrando el ejercicio de sus funciones. Sería una innovación revolucionaria volver a reconocer en el profesional habilidades, capacidades y experiencia que contribuyen a una mayor eficacia y eficiencia en el desempeño de sus funciones, más que normas dictadas desde la buena voluntad pero desde un conocimiento más somero de este mundo tan complejo.
  • Innovación en el factor humano. En aviación, tanto en el lado tierra (controladores, técnicos etc.) como en el lado aire (pilotos, auxiliares etc.) el factor humano es determinante para que todo funcione bien, sobre todo en situaciones anómalas. Hay que buscar un nuevo marco de relación empresario/trabajador para que sus vínculos mejoren y ello redunde en un mejor servicio al usuario: la innovación en las relaciones laborales es un camino por descubrir y recorrer en este nuevo siglo.

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