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Las enfermedades autoinmunes se asocian a un exceso de activación del sistema inmune, que ataca al propio organismo. Y para corregirlo se emplean fármacos que inhiben las células que provocan esa respuesta. Sin embargo, no siempre es así.

Un sorprende hallazgo de una investigadora española, Susana Minguet, puede cambiar la forma de tratar estos trastornos en el futuro. Porque, en ocasiones, un sistema inmune debilitado puede desencadenar también una reacción autoinmune.

En estos casos, que son pocos, pero existen, la estrategia de inhibición farmacológica puede ser contraproducente, y lo indicado sería aplicar estrategias de activación o sustitución. El hallazgo “fue una sorpresa”, explica Susana Minguet, desde Friburgo (Alemania), donde lidera su grupo de investigación.

 “El dogma es que la autoinmunidad se debe a un sistema inmune superactivado. Sin embargo, en la primera fase de nuestra investigación, desarrollada en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), vimos, en un modelo en animales, que la respuesta inmunológica de los linfocitos B [células inmunes] era deficiente y sin embargo cuando los ratones envejecían desarrollaban autoinmunidad. No sabíamos cómo interpretar esos resultados, porque iban en contra de todo lo publicado”, explica Minguet.

Una  paradoja con la que también se habían encontrado en el Centro de Inmunodeficiencias Crónicas de Friburgo, donde “hay muchos médicos a medio camino entre la medicina y la investigación, haciendo medicina traslacional. Llevaban mucho tiempo observando que hay pacientes inmunodeprimidos que desarrollan enfermedades autoinmunes, pero no conseguían establecer la relación entre ambas sintomatologías.

Para abordarlo, el catedrático de hematología infantil Sthepan Ehl formó una red de investigación que incluía proyectos clínicos, con muestras de pacientes, y proyectos de ciencia básica. Un enfoque multidisciplinar para investigar esta intrigante paradoja: personas con inmunodeficiencia cuyo sistema inmune ataca al propio organismo”.

Así contactaron la doctora Minguet, bioquímica de formación. “Nuestras observaciones en los modelos animales cuadraban con su paradoja”. Así los resultados empezaron a tener sentido, “porque era algo que pasaba en el día a día en los hospitales”, explica Minguet. Y añade “Llevamos ocho años investigando este modelo. Gracias a la interacción entre los grupos en Friburgo, el centro de excelencia BIOSS, donde está mi laboratorio, y el CNIC , en Madrid, el proyecto es uno de los que ha dado resultados mas firmes y prometedores”.

Fruto de estas investigaciones, han logrado identificar, una proteína, llamada Caveolina-1, que es una pieza  clave en la regulación de la autoinmunidad causada por el funcionamiento insuficiente del sistema inmune.

Esta investigación ha permitido establecer que paradójicamente, los linfocitos B que no tienen proteína Caveolina-1 causan en modelos animales manifestaciones clínicas similares a las descritas en pacientes con enfermedades autoinmunes.

Han logrado también un modelo único para el estudio de la autoinmunidad causada por la incompleta activación de los linfocitos B. Estas células del sistema inmune se generan a lo largo de la vida en la médula ósea, donde “son educadas” para reconocer a nuestro propio organismo y no atacarle, como hacen con los patógenos.

Este proceso educativo se denomina “tolerancia hacia a lo propio”. La Caveolina-1 es una pieza clave para organizar correctamente los receptores que los linfocitos B tienen en su membrana y que les sirven para reconocer a los microorganismos que causan infecciones.

Susana Minguet explica todo esto con cierto acento, que reconoce que le disgusta. Aunque es española los once años que ha vivido fuera se dejan notar ligeramente al hablar. “Cinco años como posdoctoral y otros seis trabajando en este proyecto. Aunque con un paréntesis en medio de tres años y medio que estuve en el CNIC, en el laboratorio del profesor Miguel Ángel Del Pozo, donde realizamos las primeras observaciones e iniciamos este apasionante proyecto”, explica.

Su investigación se ha publicado en la prestigiosa revista “Nature Immunology”. Ahora en Alemania prosigue sus investigaciones gracias a las ayudas que está recibiendo. Curiosamente, la maternidad -tiene tres hijos de 5, 7 y 9 años- han supuesto para ella una “ventaja”.

Ayudas a la investigación

Por cada uno de sus hijos tiene 2 años de “bonificación” en tiempo. Esto significa que puede competir a la hora de solicitar proyectos como si tuviera seis años menos. “Con 42 años, puedo acceder a ayudas para gente de 36, pero con mi experiencia. Y eso es una ventaja”.

Cuenta también con un par de ayudas gracias a un presupuesto específico para igualdad que hay que incluir obligatoriamente en cualquier propuesta de redes de investigación. Además, una persona recoge a sus hijos del colegio y un estudiante, en el laboratorio, hace pequeños trabajos que la dejan a ella más tiempo libre. Y en verano, le pagan el campamento de verano de los niños.

Su horario de trabajo, de 8 a 6. “Llego la última, porque dejo a mis hijos en el colegio antes de venir. Aquí empiezan a trabajar muy pronto, a veces a las seis de la mañana y se van a las cuatro, las cinco como muy tarde. Cuando yo me voy, ya no queda nadie”. Y confiesa que esas horas que pasa sola en el laboratorio le dan cierto respiro: “Me viene bien, con tres niños en casa, estar sola algún rato”.

La ayuda económica que recibe como investigadora triplica la que hubiese obtenido aquí. El reconocimiento por la ciencia no solo es institucional, está presente a pie de calle. “Aquí hay más admiración y respeto por la ciencia que en España. Por ser investigador te tratan con respeto, reconocen tu labor tanto en innovación y desarrollo como en educación, ya que estamos formando a las siguientes generaciones. Incluso a la hora de encontrar una casa para vivir. Mis vecinos saben lo que hago y que es un bien social. Esta sensación de respeto nunca la he tenido en España”.

Aunque también tiene alguna que otra anécdota para contar. Por ejemplo, cuando un catedrático le dijo “no deberías embarcarte en esta red de investigación, porque con tres hijos ya tienes suficiente que hacer”. Sin embargo, ese comentario inadecuado no la desanimó: “He demostrado que no es un obstáculo en mi carrera. Al contrario, si he llegado hasta aquí con tres niños pequeños, voy a llegar mucho más lejos cuando crezcan”, comenta riendo.

 

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