Sara Peláez (izqda) y Elia Vela durante la entrevista. Foto: Innovaspain.
Sara Peláez (izqda) y Elia Vela durante la entrevista. Foto: Innovaspain.

Sara Peláez es la presidenta de Indala Projects. Elia Vela es la tesorera. Las dos tienen solo 19 años pero la empresa en la que ocupan tan alta responsabilidad no es ficticia, o casi. Sus inquietudes -“no quería ser solo una cosa”, apunta Peláez- llevaron a que buscaran un plan que apostara por la transversalidad. Es así como las jóvenes madrileñas se toparon con la solución más alejada de la formación universitaria tradicional: el grado de Liderazgo Emprendedor e Innovación (LEINN) de la Universidad de Mondragón.

La base de esta formación es seguir la filosofía finlandesa “aprender haciendo”, así que los 14 jóvenes que ‘residen’ en el TeamLabs de Madrid (uno de los 10 laboratorios de la red Mondragon Team Academy) no juegan a ser empresarios sino que bajo una estructura legal pagan impuestos, lidian con los retos cotidianos de cualquier compañía y, por supuesto, facturan. En año y medio, la actual ‘camada’ del laboratorio madrileño ha parido 23 proyectos, que, si se muestran solventes, podrán ‘independizarse’ de Indala Projects (obligada esta sí a disolverse) una vez concluido el grado el próximo curso.

De todas las iniciativas bajo el paraguas de Indala en las que se han implicado, Sara Peláez y Elia Vela han decidido poner el foco en Aedra, un proyecto en el que han volcado el expertise de cada una (ecommerce Peláez, innovación social Vela) y en el que cuentan con el consejo y apoyo de la coach Neus Portas. Como explica Elia Vela en uno de los salones isabelinos del antiguo palacio del Duque de Berwick y Alba, sede en la capital de Teamlabs, las libretas de Aedra –fabricadas con papel de piedra– son 100% ecológicas, reciclables y a la vez ofrecen un producto innovador pues son impermeables, y el papel no se estropea. “Además los diseños –también personalizables- que tenemos ahora mismo en el mercado buscan inspirar a otros emprendedores con distintos mensajes motivadores”, añade Peláez.

La apuesta por la innovación social de Aedra es radical puesto que el papel que utilizan no proviene de ningún árbol, lo que permite evitar el gasto de los más de 2.000 litros de agua empleados en la producción de tan solo 1kg de papel regular. El problema fundamental con el que tienen que convivir a día de hoy es el precio –hasta 50 veces más caro- de este papel de piedra que, por extraño que parezca, no pesa mucho más que el papel habitual. “Ahora mismo solo se fabrica en Australia”, explica Vela, “y su producción –la mezcla de polvo de calcita y resina no toxica, el corte en láminas- transporte y distribución –ellas han optado por una empresa de Barcelona- encarecen el producto final”.

Conscientes de que tienen entre manos una propuesta que aún tiene que arrancar –solo lo ha hecho tímidamente en Australia y EE.UU-, no pierden el optimismo. “Queremos ser la puerta de entrada del producto en España y después en Europa”, dice Sara Peláez. Para la emprendedora, el e-commerce es la gran baza para que Aedra genere demanda. Estandarizar la producción, contar con una red de puntos físicos en los que comprar las libretas y tratar de fabricar en España son otros puntos calientes para que el proyecto eche a rodar.

El grado LEINN incluye un viaje anual en el que enriquecerse con metodologías y nutrirse de nuevos contactos. En la primera experiencia, las precursoras de Aedra pasaron un mes en Finlandia, en una pequeña población próxima a la que fuera sede de Nokia, y actual cuna del resurgir tecnológico de la zona en forma de startups. En noviembre de 2017 la estancia fue en Nueva York, donde además de asistir a decenas de eventos de interés o de visitar la sede del Center for Social Innovation, sus libretas acabaron en manos de los asistentes a New York Summit, el gran evento emprendedor de habla hispana que celebra la ciudad. Fue su primer pedido importante y el que les dotó de confianza para seguir adelante. Quizá el próximo curso, cuando pasen dos meses en China y otro par en India, tomen la alternativa definitiva para que Aedra acabe por ser un producto cotidiano.

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