La académica de la RAI María Vallet-Regí ha sido recientemente investida miembro del American Institute for Medical and Biological Engineering (AIMBE), en la National Academy of Sciences. Un privilegio que sólo recae en el 2% de los investigadores con actividad más destacada en sus respectivas áreas de conocimiento. Pero esto no es suficiente para merecer la entrada en la prestigiosa institución, además deben votar a favor de su ingreso más del 80% de los miembros del AIMBE.

María Vallet, que cuenta con numerosos premios y distinciones, trabaja en materiales mesoporosos aplicados a la medicina para la regeneración de huesos y liberación controlada de fármacos. Sus artículos están entre los más citados por la comunidad científica que trabaja en su campo. “Tal vez esta sea la razón de mi elección como miembro del AIMBE”, responde con modestia cuando sale el tema. Y muestra en su ordenador un gráfico que ilustra cómo han incrementado las publicaciones en este campo desde que ella abrió el camino allá por el 2000 hasta hoy, que se publican más de mil artículos al año. Y es que tuvo la genial idea de llevar al campo de la medicina los avances en materiales porosos, que conocía bien.

Química de formación, especialidad inorgánica, ganó en el año 90 la Cátedra de Química Inorgánica y Bioinorgánica de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid. Hoy dirige el grupo de Investigación en Biomateriales Inteligentes, de la Universidad Complutense y del GIBI-CIBER-BBN, el grupo del Centro de Investigación Biomédica en Red en Bioingeniería, Biomateriales y Nanomedicina. Las tres líneas fundamentales de investigación del GIBI son la liberación controlada de fármacos, la regeneración de huesos y evitar la infección de las prótesis.

-¿Cómo se llega a estar en ese selecto 2% necesario para entrar en el AIMBE?

Es el resultado de trabajar toda mi vida, el reconocimiento de los colegas por lo que has ido haciendo y publicando. Fue una sorpresa para mí. Me propuso un colega y amigo de Estados Unidos y él mismo me lo comunicó cundo me eligieron.

-Explíquenos en qué consiste su trabajo

Trabajo en el campo de los materiales mesoporosos aplicados a la medicina, para regeneración de huesos y liberación controlada de fármacos. Son pequeñas partículas cuyos poros tienen un diámetro que oscila entre 2 y 50 nanómetros (un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro). Son interesantes porque tienen muchas aplicaciones. Los materiales mesoporosos surgieron a raíz de las propiedades de las zeolitas, utilizadas como absorbentes. Se vio que en sus poros, que son muy pequeños (microporos), cabían alcoholes pequeños, como el metanol, y mediante una reacción química se transformaba en gasolina. Se pensó que si se lograban sólidos parecidos a estas zeolitas con poros un poco más grandes, se podría rentabilizar ese proceso. En los 80 se trabajó mucho para obtener materiales con poros mayores y en el 92 la Móbil Corporation patentó unos de sílice mesoporoso. Eso permitió tener gasolinas a precios competitivos. Después se vio que servían para un montón de cosas más. Cuando llegué a Farmacia de la Universidad Complutense, conocía bien esas aplicaciones y como trabajaba en biomateriales, se me ocurrió meter fármacos en su interior. Y empezamos la línea de liberación controlada de fármacos en el momento oportuno y en el sitio adecuado. Y también funcionó.

¿Entonces, fue pionera e innovadora en esto?

Sí, en 2001 hicimos la primera publicación. Pero ahora, si se busca en Google, drug delivery responsible mesoporous silica nanoparticles (Nanopartículas de sílice mesoporosas responsables de la administración de fármacos), hay más de 55.000 entradas. Cada año se publican casi dos mil trabajos sobre estos materiales.

¿Y qué aplicaciones prácticas tienen en medicina?

Lo que hace mi grupo en el laboratorio es fabricar nanopartículas de cien nanómetros, con poros de dos nanómetros. En esas partículas cargamos fármacos, lo hicimos inicialmente para el cáncer, pero ahora vamos a hacer una plataforma multisistema donde podamos atacar el cáncer, la osteoporosis y la infección. Donde tiene más aplicación en estos momentos es para el cáncer.

¿Y cómo funcionan esas nanopartículas?

Preparamos la superficie de la partícula para que sea invisible al sistema inmune y pueda llegar viajando por el torrente sanguíneo hasta donde haya un tumor. Además, las colocamos una especie de detector para encontrar determinadas células tumorales. Una vez que hemos metido los fármacos en su interior, cerramos los poros con nanocompuertas, para que no se liberen hasta llegar a su objetivo. Y una vez en el lugar adecuado, abrimos esas nanocompuestas mediante un estímulo, que puede ser la aplicación de un campo magnético, de luz o pH. Así se abren las nanocompuertas y se libera el fármaco. Esta estrategia permite disminuir mucho la dosis, porque solo se aplica lo necesario para matar las células cancerígenas y se evitan los efectos secundarios sobre las células sanas.

¿En qué fase estáis con esa investigación?

Los estudios in vitro están muy avanzados, y ahora vamos a intentar patentar uno de ellos. Trabajamos en colaboración con oncólogos del Niño Jesús y del Hospital 12 de Octubre y tenemos un par de patentes preparadas. En animales los estudios han sido positivos y muy esperanzadores. Después de las patentes, vendrán los ensayos clínicos.

Toda esta investigación debe llevar muchas horas de dedicación ¿Qué se ha dejado por el camino para lograrlo?

Me siento afortunada porque disfruto con lo que hago. No miro el reloj. Para mí un trabajo es hacer algo que no te gusta y a mí sí me gusta lo que hago. Si estás motivada porque piensas que lo que investigas tendrá grandes beneficios para la sociedad, el esfuerzo no se nota.

¿Cómo se lleva compaginar una actividad profesional que la ha situado en primera línea con el cuidado de los hijos?

Buena pregunta. Tengo tres hijos y seis nietos y ahora ejerzo de abuela. Con mis hijos, cuando eran pequeños, me dejé cosas en el tintero y ahora con mis nietos no quiero perdérmelo. No ha sido fácil. Me quedé viuda con 32 años y tres niños, el mayor de 6 y los pequeños de 4. Entonces no había las ayudas que hay ahora, aunque tuve mucha ayuda familiar. Y mis hijos me han salido estupendos y colaboraron mucho conmigo. En cuanto pude su por edad, me los llevaba en verano a los países donde iba yo a trabajar. Estuve muchos veranos en Grenoble y los niños se quedaban con la familia de mis compañeros de laboratorio. Y así aprendieron mucho y yo los tenía cerca. Y cuando volvía a casa me traía a los niños de mis colegas investigadores de allí a España unas semanas. El mundo de los científicos, si caes en buenos sitios, también tiene su punto de diversión. Lo cuento ahora riendo, pero las pasé canutas. Nada fue gratis, me costó mucho, a veces angustia, compaginar trabajo y niños. La sensación de culpabilidad no te la quita nadie. Pienso que me he perdido muchas cosas. Pero el resultado fue positivo tanto para ellos como para mí. Cuando me iba dejaba notas en todas partes en casa diciendo donde estaba y los teléfonos en que podían localizarme. No había móviles entonces, la comunicación era mediante el teléfono fijo del hotel donde te alojabas. En un congreso o una reunión, solo había posibilidad de comunicación al llegar al hotel por la noche. Y recuerdo una vez en Bruselas, que me dijeron que me cambiaban de hotel. Creí que me moría, porque tenía que avisar del nuevo destino… Entonces aquello era un mundo.

Aunque no es ingeniera, es una de las tres únicas mujeres en la Real Academia de Ingeniería…

No soy ingeniera de carrera, pero creo que se fijaron en mí porque trabajo en biomateriales y en ingeniería de tejidos. Hago ingeniería desde la química. Si me comparas con los ingenieros agrónomos que hacen genética, estoy próxima.

¿Qué innovaciones ha habido en su campo de trabajo?

Trabajo en biomateriales, que empiezan a utilizarse en los 50 y entonces se buscaban que fueran inertes para meterlos en el cuerpo humano. En los 80 se piensa que tampoco es malo que reaccionen dentro del cuerpo en determinados casos y aplicaciones, y se empieza a trabajar con los bioactivos. Así, de sustituir se pasa a regenerar. Entra la ingeniería de tejidos, que utiliza los biomateriales como andamios para facilitar la colonización por las células y que regeneren un hueso o para crear órganos artificiales. También podrían utilizarse, y se trabaja ahora en ello, órganos de pacientes muertos a los que se quitan las células del donante y queda solo el soporte. Después se siembran células del paciente receptor para que regeneren el órgano.

¿Tendremos repuestos para cualquier órgano del cuerpo humano?

En primera y segunda generación ya los hay, son las prótesis. Pero en órganos aún estamos en fase de investigación. Empieza a haber en el laboratorio distintos órganos artificiales, como riñones o páncreas. La idea es hacer cualquier órgano en el futuro. Aún hay problemas para lograrlo, pero es probable que en diez o quince años estén resueltos.

¿Qué papel juegan las impresoras 3D?

Con ellas hacemos andamios. La idea es que se puedan hacer personalizados con un TAC del paciente, para crear el modelo del hueso que hay que sustituir con un material biocompatible que puedan colonizar las células. Con el tiempo desaparece el andamio y solo queda hueso nuevo.

¿Hacia dónde va la ingeniería de tejidos?

El objetivo es fabricar repuestos idénticos para conseguir órganos artificiales, sin necesidad de donantes. Y con más garantías.

¿Y en biomateriales?

Mejores piezas de repuesto que no se infecten. Lo que hacemos con nanopartículas para atacar determinados cánceres es otra innovación importante. Y también para combatir la osteoporosis, ya que cada vez vivimos más y más gente la padecerá.

Con el envejecimiento de la población, el órgano que más falla es el cerebro, ¿se podría hacer algo desde su campo?

No soy experta, pero siempre digo que desde mi lado del trabajo podemos hacer un cuerpo diez si te pones, pero el cerebro es difícil de abordar… Hay que tener cuidado porque de nada sirve “fabricar” un cuerpo diez si no tenemos el cerebro bien. No se trata de alargar mucho la vida si nos falta la calidad adecuada.

¿Qué importancia le da a la divulgación científica?

Tenemos que ser capaces de contar las cosas que hacemos para que la sociedad lo entienda y nos apoye. Para un país es muy importante la investigación y el desarrollo. Un país que no investiga nunca será independiente económicamente. Pero si la gente no entiende lo que hacemos y cómo les puede beneficiar, es difícil que la ciencia tenga buen pronóstico. También es importante que se conozcan los avances científicos y para qué servirán.

Video explicativo de las actividades del GIBI

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