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El efectismo rodea el chip cerebral de Elon Musk. "Si nos entregamos a la tecnología, la convertiremos en un fin"

Hablamos con Helena López-Casares, Doctora en Neurociencia Cognitiva y directora de departamento de Economía, Negocios y Relaciones Internacionales de la Universidad Europea, sobre las implicaciones científicas y morales del último anuncio de Neuralink
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Helena López-Casares Pertusa, Doctora en Neurociencia Cognitiva y directora de departamento de Economía, Negocios y Relaciones Internacionales de la Universidad Europea.

Neuralink, empresa co-fundada por Elon Musk -Tesla, Space X, Twitter (ahora X)- ha comunicado la exitosa implantación de un chip (denominado Telepathy) en el cerebro de un humano cuya identidad no ha sido revelada. Según ha explicado Musk, este avance permitiría controlar nuestro teléfono u ordenador y, a través de ellos, casi cualquier dispositivo, solo con la mente. Si todo marcha según sus planes, en el futuro, pacientes con miembros amputados podrán mover sus prótesis con el pensamiento. Las personas con parálisis serían las primeras beneficiarias de Neuralink.

El chip está conectado a 1.024 electrodos de un grosor no superior al de un cabello humano. Funciona con una batería recargable de manera inalámbrica. De este modo, es creada una interfaz con una computadora externa que permitiría el envío y la recepción de señales. Expertos científicos y tecnólogos dudan de la solidez de los planes expuestos por Elon Musk pese a que toda la maquinaria comunicativa se ha puesto en marcha a pleno rendimiento.  

Helena López-Casares Pertusa, Doctora en Neurociencia Cognitiva y directora de departamento de Economía, Negocios y Relaciones Internacionales de la Universidad Europea, explica a Innovaspain que, por ahora,  desconocemos el trasfondo de este asunto. “Faltan datos que nos ubiquen ante una intervención invasiva con tantas implicaciones éticas y morales como la llevada a cabo por Neuralink”.

La potencia del mensaje

A la experta no le sorprende la grandilocuencia de los mensajes teniendo en cuenta que es el modus operandi en aquellos proyectos en los que está inmerso Musk. “Es un emprendedor arriesgado y disruptivo, acostumbrado a romper moldes. Su personalidad suele ser tildada de excéntrica, no convencional e incluso fuera de los cánones de la lógica. Proyecta una “fachada” de marketing y espectáculo para dar de que hablar y marcar tendencias, aunque estén vacías de contenido”.

Por otro lado, López-Casares sitúa el acento en un aspecto meramente estratégico. “En el camino hacia la consecución de beneficios económicos y la captación de inversiones, el posicionamiento y la imagen de las empresas es crucial. Los anuncios pomposos hablando de determinados logros desde una perspectiva grandilocuente suelen ser puntos de apoyo para ser portadas y posicionarse en la conversación social. Desde hace días, la implantación del chip es un asunto central en medios de comunicación y en las redes. La empresa ya ha alcanzado un objetivo importante: ser el centro de atención”.

Prudencia científica

La Doctora en Neurociencia Cognitiva no cree que extender el chip de Neuralink a gran escala sea factible en el medio plazo. “Tampoco considero que sea el horizonte hacia el que nos debamos dirigir sin conocer sus implicaciones su trascendencia más allá de las utilidades. En el plano científico-técnico, hay universidades que llevan tiempo investigando en esta línea y realizando pruebas desde la cautela y el rigor. Todo este mundo de posibilidades está aún en una fase experimental y no es posible saber sus efectos y consecuencias a medio y largo plazo”.

López-Casares llama a la prudencia y a trabajar bajo los límites de la deontología profesional. “Es un error caer en mensajes efectistas más propios de una novela de ciencia ficción”. Y añade que este tipo de innovaciones deben pasar los filtros y las aprobaciones de los organismos reguladores. “Son transformaciones de gran calado ya que se pueden usar en dos direcciones: con el objetivo de acometer grandes proyectos beneficiosos para la humanidad o, por en el sentido contrario, para controlar, vigilar y manipular. La legislación debe empezar a marcar los límites para preservar nuestra libertad y nuestra privacidad”.

"Cabe preguntarse: ¿Hacia dónde caminamos como humanidad?"

Respecto a las connotaciones morales del proyecto, opina que hay cuestiones pendientes de análisis y regulación. “¿Hacia dónde caminamos como humanidad? ¿Dónde se establecen los límites? ¿Cuál es nuestra capacidad para decidir y maniobrar como seres humanos libres? Son solo algunas preguntas en tiempos de transformación”.

La experta considera que uno de los asuntos “más peliagudos” en relación a las implicaciones de la implantación de “una especie de tarjeta lectora” en nuestro cerebro, sería la posibilidad de que los pensamientos quedaran registrados en un gran repositorio. “Se convertirían en un dato más, como lo son nuestra edad o el lugar de residencia. El chip puede leer la actividad cerebral para transmitir órdenes. Igualmente, tiene acceso a información propia y sensible. ¿Dónde quedarían marcados los límites de la privacidad y la intimidad?"

A su juicio, la actividad de Neuralink y otras innovaciones similares sería loable si su finalidad es recuperar o mejorar la salud, “sin más implicaciones”. Helena López-Casares añade que el problema de esta tecnología es si puede producirse inducción e influencia en el pensamiento en lo relativo a la toma de decisiones alrededor del consumo o la opinión política o social.

¿Hasta qué punto debemos acostumbrarnos a la llegada de novedades que nos acerquen a la hibridación hombre-máquina? Insiste en una idea: “Creo que el ser humano debe activar su capacidad crítica y el pensamiento reflexivo para dilucidar qué tipo de humanidad deseamos crear. Si nos entregamos a la tecnología, la convertiremos en un fin, cuando el verdadero papel de las herramientas e innovaciones tecnológicas es el de ser medios para alcanzar objetivos colectivos y fines éticos”.