marian garcia i4life

Marián García quería ser psicóloga. También le parecía fascinante ser ingeniera. Como no sabía qué hacer, le preguntó a su padre: este le recomendó que, primero, hiciera Ingeniería y, luego, Psicología. Dicho y hecho. Pero lo que ella quería en realidad desde pequeña era ser madre y profesora. Tres hijos después y muchos años dando clase en la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón dan fe de que, para conseguir algo, tan solo hay que hacerlo. Ahora, también es la fundadora y CEO de i4life, una compañía de ingeniería social.

Siempre fue inquieta. “Descubrí que aprender es lo verdaderamente interesante. Por ejemplo, con Psicología –que me quedé en tercer curso, porque tenía demasiadas cosas encima–, había una línea de cuestiones que podían ser enriquecedoras para mi labor docente y mi labor como madre, y estoy viendo que también me ha servido para esta aventura empresarial. Aprendí sobre comunicación, comportamiento, autoestima, asertividad. Información que iba teniendo y que, al hacerme mayor, fui completando”.

I4life nació porque llegó el párkinson a su familia. “Al tener que ir a médicos, a neurólogos, me di cuenta de que la vida aplicada a los mayores está muy lejos de la tecnología, al contrario que los niños. A los mayores se les deja de lado, pero con un aprendizaje no muy complejo de algo de tecnología les podríamos ayudar”, considera.

Por ello, Marián García fue a la asociación de párkinson de Gijón, para preguntar qué se necesitaba para ayudar a paliar la enfermedad. “Me dieron un par de ideas y, hablando con mis amigos, conseguimos darle la vuelta a dos productos. Una aplicación para mayores y nuestro bastón inteligente, Pauto”, proyecto finalista de la tercera edición de los Premios Fundación Mapfre a la Innovación Social.

El primero de esos productos es como un diario de síntomas. Ella explica que, cuando se va al médico por algo que sabes que no se va a resolver, se va agobiado. “Lo que quieres es que te digan las cosas claras, pero eso no lo soporta nadie. El neurólogo ve que le mienten, porque los pacientes no son objetivos, una parte de ellos no quiere saber que están peor. Al mentir, salen peor medicados. Es inevitable”. 

Así que, con esta aplicación, lo que hacen es anticipar una parte de la consulta recogiendo seis sencillas preguntas. Cómo se han levantado, cómo han estado por la tarde, etcétera. “Al recoger las respuestas generamos un informe de dos hojas para el neurólogo. Todas las partes terminan bien porque se responde de forma más objetiva cuando estás en casa, con tu hijo o tu cuidador, que delante de un médico con bata blanca”. 

De este modo, empezaron a trabajar con redes de emprendimiento en Asturias. “Llamamos a la puerta del CEEI, donde nos han ayudado mucho, y me dijeron que si lo quería una oenegé. Yo quería mejorar la calidad de vida de todos. Pero, si quería generar dinero, necesitaba formar una empresa y fue entonces cuando encontramos nuestro lugar: una empresa social”.

Desde un primer momento, la aplicación encantó a pacientes y neurólogos, pero no querían monetizarlo. E idearon el bastón inteligente Pauto. “Este bastón era necesario. Los pacientes tienen episodios de congelación de la marcha, no pueden andar, no pueden avanzar. Así que hablamos con asociaciones, neurólogos, pacientes y empezamos a mejorarlo”.

Podrían vender el bastón mucho más caro, pero su contribución, lo que ellos quieren “no es ganar miles de millones, sino dejar cosas bonitas. Algo que unos entienden y otros no”.

Marián García indica que el concepto del bastón es que pretende ser normal y corriente para un usuario mayor que no quiere salir con un bastón “galáctico”. En un lateral tiene una especie de petaca, como un pequeño móvil metido en el bastón. "Tenemos comunicación independiente del móvil y va detectando diferentes cuestiones, como por la aceleración. Permite que el usuario pulse un botón adaptado y que llegue una alarma de emergencia para el cuidador, etcétera". 

Es capaz de emitir estímulos visuales y hápticos para ayudar a reemprender el camino ante episodios de congelación de la marcha, ya que sus dos diodos láser emiten una línea y un punto capaces de estimular el cerebro, y la vibración incorporada añade un segundo estímulo ante casos severos. Del mismo modo, dispone de geolocalización con posibilidad de avisos a los familiares en caso de peligro o de salida de una zona denominada segura (necesita tarjeta SIM). Registra la actividad y a partir de los datos obtenidos, genera informes sobre el estado de salud, que puede recibir, si se desea, el médico, indican en su web.

“De alguna manera, –asegura la fundadora de i4life– puedes hacer ese cuidado de las personas mayores sin tanta intervención. Si analizas la situación, te das cuenta de que creces, de que no eres un niño y que no quieres que te traten como si lo fueras”.

Sobre una mayor visibilización de mujeres en ciencia Marián García podría ser un ejemplo, una de esas referentes para niñas que tanto se demandan ahora. Pero ella quiere huir de eso. “Se podría resolver con mejor formación en educación primaria. Ahí. Es ahí donde creo que se marca la diferencia”. 

“La psicología del niño y de la niña son diferentes y, cuando a ellos le planteas un reto, socialmente quieren ser los mejores. A las niñas, de manera innata, no les sale. Esto es precioso y puedes llegar a hacer lo que te gusta, pero no por ‘superarlo’. Es un tema de educación desde muy abajo. En bachiller hacen charlas para que las chicas vayan a Ingeniería. Y, ojo, me parece perfecto, es lo que más me gusta en el mundo. Pero no hay que llevarlo a bachiller, sino a infantil. Darle un toque de física, de matemáticas, de geometría. ¿Cuántas niñas dicen que las matemáticas son para niños? Analizadlo. Pero no en la universidad, o en bachiller, sino antes. De todos modos, no soy experta en este tema”.

Sobre si se considera una ‘rara avis’, Marián García subraya que no le gusta sentirse así. Aunque, a veces, se siente así. “Es un poco de profecía autocumplida, no quiero pensar en ello. Por qué decimos tanto que las mujeres no van a Tecnología, si yo tengo alumnas que son las mejores. Lo que tenemos que enseñar es lo bonito que es crear, que es aprender o que es enseñar. Lo bonito que es todo ello, tanto para niños como para niñas”.

“No es que sea una ‘rara avis’, sino que soy una aprendiz. Si me entrevistas dentro de diez años, a lo mejor hay demasiada idealización en lo que estoy contando. Será porque trabajo con jóvenes y veo las cosas de otra manera. Me considero una aprendiz de todo, en la empresa también. Y creo que no hay nada imposible. Si alguien me decía que era imposible, primero, lo analizaba, porque creía que era mentira. Creía que podía hacerlo”. Ingeniería, Psicología, Emprendimiento. ¿Profecía autocumplida?

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