Javier Borda, presidente de Sisteplant y autor del ensayo “Hombre y Tecnología: 4.0 y más”

“El futuro es de un Hombre muy superior al actual: científico-técnico-filosófico y con perspectiva”

En 1984, año ‘orwelliano’ por excelencia, el ingeniero industrial Javier Borda ponía en marcha Sisteplant. Más de tres décadas después, y con presencia en Asia, Europa y América, el también profesor de la ETSII de Bilbao mantiene firme una visión muy particular de la productividad empresarial y pone sobre la mesa los retos -por lo general inasumibles, no por imposibles sino por desidia- a los que se enfrenta la industria en su particular cruzada 4.0.

La Fábrica del Futuro de Sisteplant se basa en tres pilares: una estrategia industrial dirigida a lograr robustez, flexibilidad y agilidad extremas; las Tecnologías de la Información que permitan alcanzar un modelo híbrido entre el mundo físico y el virtual (Machine Learning, Realidad Aumentada, Realidad Virtual y procesamiento de información en tiempo real); y la redefinición del papel que deben jugar las personas y de las capacidades que deben adquirir, ya que, según fuentes de la compañía, “se debe producir una evolución de los profesionales para que se conviertan en 4.0”.

Si en “La Fábrica del futuro. Humana, inteligente, tecnológica y digital”, publicado en 2016, profundizaba en la teoría de que sin una industria avanzada el futuro es prácticamente inexistente, Borda vuelve a la carga con “Hombre y Tecnología: 4.0 y más” (que presenta en el Círculo de Bellas Artes de Madrid el próximo día 25) y anima a potenciar el placer por el conocimiento tecnológico en las diferentes disciplinas que permitirán entender y trabajar con las máquinas como vía de diferenciación.

“El ‘más’ del título alude a que la tecnología es mucho más que las TICs; es el conocimiento profundo aplicado a productos y procesos de las leyes de la Física y de las Mateméticas, que son su alma. Las TICs son un mero “intérprete””, explica Borda, para quien en el manido debate Hombre vs Máquina deberíamos situarnos por encima de la I.A. que las máquinas “inevitablemente” nos traerán. “Quien no lo haga tendrá difícil cabida, sobre todo en las empresas”. El profesor se refiere a la capacidad de “tener ideas radicales, formular estrategias sutiles, plantear aparentes disparates contra-intuitivos y hacer que la emoción y los ideales nos motiven a todo ello”.

El listado de tareas es largo, y Borda, contundente. “Si no, estamos perdidos. La fiabilidad de la I.A. y la robótica en los detalles es infinitamente superior. Nuestro papel frente a ellas es del de ‘sabio despistado’. El tema es que tenemos que lograr una nueva generación de humanos súper-hombres. Se puede, pero hay que luchar, sobre todo individualmente”.

Ante estos argumentos, tan tópica como obligada es la pregunta sobre el futuro del empleo. “Si no hacemos lo anterior, no sólo nos quitarán casi todos los trabajos, sino que también nos expulsarán de nuestro papel en la sociedad, y quizá nos esclavicen. No hay alegrías, hay esfuerzos; y las leyes protectoras no lograrán absolutamente nada porque esta es una ola imparable”.

El empresario defiende que la fábrica del futuro funcione con una estructura PIM (fabricación integrada por las personas) y que, como afirmaba en otra entrevista en 2014 “sean los humanos los que tomen las decisiones, apalanquen el conocimiento y sean capaces de hacer evolucionar la tecnología”. Cuatro años después, Borda cree que seguimos fallando en no darnos cuenta de que el carácter exponencial de la evolución tecnológica hará que la ‘tiranía’ de las máquinas estalle de repente. “Las empresas lo superaremos porque somos entes reducidos habituados a luchar para sobrevivir; pero la sociedad, floja y acostumbrada a mucho placer y poco esfuerzo, aún no ha despertado y cree que con manejar los aparatos será suficiente. Además, los Gobiernos son miopes, no se dan cuenta de todo lo que hay que hacer, empezando por reforzar la educación, especialmente en Ciencia y Filosofía”.

Sobre este último punto, Borda está alineado con las teorías que defienden una innegociable mezcla de humanismo y tecnología para que la evolución sea correcta, pero advierte que, aunque el camino, “sin duda”, es el humanista, su tesis se basa en “un hombre cambiado y muy superior al actual: científico-técnico-filosófico y con perspectiva; un hombre que además utilice su emotividad sin complejos”.

Intentamos que el profesor destaque algún aspecto en el que España esté despuntando entre tanto cambio profundo. “Desafortunadamente no destacamos en casi nada… En Espacio, Aeronáutica, Automoción y Alimentación no estamos mal, pero fuimos mucho más en el pasado… El autogiro, el submarino o la puesta en marcha de CASA y SEAT por parte de José Ortiz de Echagüe son algunos ejemplos, pero la fala de visión nos ha llevado a empeorar. Nuestra industria está debilitada a favor del turismo y los servicios”. Muestras de sobra para que nadie nos emule, ¿algo en lo que no deban copiarnos? “En la falta de amor por España de nuestra política”, concluye Borda.

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