Innsite, la fábrica de ideas de Altran

Innsite Altran

No es un showroom tecnológico, aunque su entrada denote lo contrario. El espacio Innsite es el principal centro de innovación de Altran en el mundo, un lugar donde se anticipan ideas, se crea, se transforma y, en general, se innova. Para realizar este tipo de actividades se necesita un local de trabajo distinto y abierto. Desde luego, Innsite lo es.

Abierto hace menos de un mes, aunque llevaban trabajando desde enero, en la recepción del centro se encuentra la maqueta del Solar Impulse (el primer avión solar del mundo), y también una pantalla de hologramas que muestran los últimos proyectos de Altran: dirigibles-satélites, drones de rescate o un target supersónico, entre otros. Antes de llegar al verdadero lugar de trabajo hay que subir unas escaleras por las que Borja Baturone, director de Innovación e I+D de Altran, va explicando el cometido de este centro. “Actualmente, tenemos 42 proyectos abiertos. Aunque no todos se trabajan aquí, este es el principal centro de operaciones I+D de Altran”, asegura.

Son la punta de lanza de la compañía a la hora de crear el futuro, y no les importa cuál sea el sector: aeronáutica, industrial, energéticas, grandes empresas de infraestructuras, de consumo, transporte, etcétera. Ellos crean ideas, solucionan problemas, y eso puede surgir en cualquier momento. Tras las escaleras, un cimbel de 33 metros lineales de pizarra manda en la infraestructura. Si se les ocurre algo para el proyecto de Enagás en el que están trabajando, lo escriben en la pizarra. Si cuatro compañeros están tomando un café y les surge una idea para la nueva iniciativa de Abengoa, lo anotan. No es una cuestión de optimizar el tiempo, lo que pasa es que la inspiración va y viene. Y si hay una pizarra al lado, lo normal es que venga, aunque solo sea para pintar.

En esa planta se encuentra un auténtico hervidero de ideas y soluciones. En Altran España, tienen fijas a 60 personas y en Innsite hay permanentemente 38, que se van rotando. Junto a profesionales externos, universitarios y demás, la cifra puede alcanzar de los 100 a los 150 trabajadores, tanto internos como externos. Al igual que los proyectos: se trabaja hacia fuera y hacia dentro. “Desarrollamos iniciativas con clientes, trabajamos en I+D para nosotros mismos y también colaboramos con instituciones para algunos proyectos más altruistas”, explica Baturone.

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La relación con los clientes es primordial para el espacio. De hecho, casi todo el lugar es móvil y la mayoría de muebles tienen ruedas por si tienen que enseñarles un proyecto. La sala de reuniones tiene un espejo falso donde se puede observar a los empleados mientras trabajan y enseñan las iniciativas; todo está lleno de luz y transparencia. Los innovadores que pueblan las mesas con ordenadores lo aseguran: nunca habían trabajado tan a gusto. Y es que todo está pensado para que el ambiente sea lo más despejado posible. “Llevamos 10 años en España, y anteriormente no teníamos un lugar específico. Hacíamos todo en sitios alquilados o en centros de innovación de clientes, algo que era muy escaso. Aquí todo es móvil. Los pocos despachos que hay tienen ruedas para irlos cambiando de sitio. Algunos trabajadores tienen lugares fijos al fondo, por los materiales que tienen que utilizar”, explica el director de innovación e I+D. “No teníamos un espacio para realizar una mejor actividad. Queríamos que se visualizase nuestro posicionamiento, ser el centro de una red de innovación. Al tener colaboradores, siempre es más fácil que tengan un sitio donde trabajar, y qué mejor lugar que aquí”.

Lo califican como “un espacio de contacto en la comunidad innovadora”, algo que, por desgracia, escasea en nuestro país. En Innsite, todos tienen cabida para solucionar los retos que se propongan, pero a veces es difícil. “En algunas cosas somos buenos, pero nos queda mucho por trabajar. En general, la innovación no es un fuerte de España. De hecho, los objetivos básicos que se ponen los países para que haya un caldo de cultivo suficiente para poder ser una nación grande a nivel competitivo (destinar el 3% del PIB en financiar la I+D) no se cumplen”, asegura. En España, el nivel es bajo: se destina un poco más del 1%, y la tendencia está bajando. Países como Alemania, Francia o Suecia están por encima del 3%. Baturone cree que el clima se extiende “tanto en el Gobierno como en las empresas. Para que la I+D de un país pueda considerarse buena, dos tercios de la innovación tienen que venir de la innovación privada”. ¿Por qué? Porque las empresas van directas a su objetivo, los estudios de un gobierno pueden demorarse, “y en España, las empresas privadas no tienen esa mentalidad”.

En la compañía aseguran que, en su caso, esto no ocurre. De hecho, Altran España destina más del 6% de su facturación a innovación e I+D. Su director opina que es rentable. “El año pasado dirigimos más de 10 millones de euros solo a proyectos internos. A la larga siempre da beneficios, y por el camino traes talento, además de generar ideas y conocimiento”. Pero incide en una cuestión: la cultura de nuestro país. “No existe una apuesta decidida para financiar proyectos que den dinero dentro de 5 años. Poca gente estudia ingenierías, hay pocos especialistas… sobre todo comparado con países de nuestro entorno. El riesgo es inherente a la innovación, pero puede hacerse con riesgos controlados. De todas formas, mayor es el riesgo si no innovas. De no correr esos riesgos desapareces; este mundo cambia muy rápido, y si no creces, mueres. El riesgo de innovar es muy alto”.

Es un precio que hay que pagar, y en Innsite lo harán. Una de sus apuestas es que todos pueden proponer ideas. Cada año, realizan un proceso de gestión donde hablan sobre los proyectos que realizarán al final de su temporada productiva. Altran, su filial española, clientes, jefes o trabajadores; todos trabajan como uno. Las ideas están activas en un centro con ambiente a fábrica moderna. Una fábrica donde el producto final es la innovación.
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