Ignacio Hernández Medrano, neurólogo del Hospital Ramón y Cajal

“Mucho antes de lo que nuestra intuición nos dicta, vamos a estar haciendo medicina de precisión”

Que las nuevas tecnologías lo están cambiando todo es algo de lo que no hay duda. Gracias a ellas han surgido nuevos modelos de negocio y de gestión que antes ni siquiera se imaginaban. En este contexto una de las referencias casi obligadas está en el Big Data, que actualmente se aplica a multitud de sectores como la comunicación, el marketing, el turismo, las finanzas o el ámbito energético. Su irrupción ha cambiado los paradigmas tradicionales y ha puesto al cliente en el centro de la ecuación que siempre supone la gestión de una empresa.

Algo así empieza a suceder en la medicina, donde poco a poco se intenta avanzar hacia una sanidad más personalizada y predictiva que responda a cada caso concreto. Ignacio Hernández Medrano, neurólogo del Hospital Ramón y Cajal de Madrid, es una de las personas que más está apostando en España en este sentido. También es cofundador de Mendelian, Spin-Off de la Singularity University en Silicon Valley, que consiste en una plataforma de información genómica que busca impulsar el uso de esta tecnología en el diagnóstico y tratamiento; y de la compañía Savana Médica, que trata de revolucionar la medicina gracias a la inteligencia artificial.

¿Cómo se puede aplicar el Big Data al ámbito sanitario?

No hay nada generado por los humanos que genere más datos que la sanidad, nada. Por lo tanto es un ámbito que no sólo es importante, sino que por la cantidad de datos que produce, también es muy propicio. Lo que puede hacer es básicamente lo que hace el resto de sectores. Tú haces Big Data porque asumes que le das a un ordenador muchos datos de lo que ha ocurrido en el pasado y puede acertarte lo que va a ocurrir en el futuro, puede hacerte un análisis predictivo. Puede, además, generarte patrones, es decir, decirte lo que le tienes que dar a cada uno. Eso es básicamente lo que vamos a conseguir.

Medicina personalizada, tratamientos adaptados a cada paciente. ¿Ése es el siguiente paso o ya estamos en ello?

Ya estamos en ello, lo que pasa es que hay un sesgo cognitivo: el futuro llega, pero cuando llega, lo asumimos tan rápido que parece que nunca lo hizo. Lo que pasa es que cada especialidad va a su ritmo. Los primeros que han llegado claramente han sido los oncólogos. En oncología, la medicina personalizada ya se está usando. Se está dando, para cada tipo de cáncer o tumor, un tipo de tratamiento basado en tu análisis genético. El resto de especialidades van a llegar en los siguientes años. Hacer una predicción exacta es difícil porque hay muchos factores culturales, económicos, etc. pero mucho antes de lo que nuestra intuición nos dicta, vamos a estar haciendo medicina no poblacional, medicina de precisión.

Pero alguna estimación podremos hacer…

Yo creo que la genética va a empezar a ser una realidad en el día a día en EEUU dentro de unos 7 años más o menos, y aquí pues le puedes dar dos o tres más, para que el médico te atienda mirando a lo que tienes escrito en el genoma.

Para unificar toda esa cantidad de información, supongo que habrá que cruzar toda una cantidad de datos de muchos centros, de todos los historiales que va dejando un paciente. ¿Cómo se puede articular todo eso para que no se incumpla ciertas normas y garantizar la privacidad del enfermo?

Es verdad que, ahora mismo, el Big Data en sanidad es más un problema regulatorio u organizativo que un problema tecnológico; computacionalmente ya estamos ahí, ya lo podemos hacer. Se trata de poner las bases de datos de acuerdo. Y ahí juega de todo: desde el ego de algunos científicos, que tratan los datos como si fueran cosas emocionales, hasta cosas que tienen que ver mucho más con la privacidad. Pero en este aspecto, lo que hay que entender es que, cuando tú manejas en salud datos agregados, no estás vulnerando la privacidad de nadie. No es como una empresa en una red social que te vende algo porque sabe quién eres tú, qué te gusta y entonces te pone un anuncio, eso no es ético.

Esto no tiene nada que ver. Agregar todos los datos de todos los pacientes diabéticos, cómo se comportan y cómo enferman, analizarlos y explotarlos, no debería requerir ningún consentimiento puesto que no son datos de ninguna persona en concreto, son observaciones de la naturaleza. Eso es lo que hace falta entender a la hora de poner en marcha este tipo de iniciativas.

Hernandez Medrano

La base de todo esto está en el estudio del genoma humano. ¿Habría que entenderlo como una especie de Big Data incorporado que llevamos dentro de nosotros mismos?

El genoma es la clave, es el esqueleto del Big Data en sanidad. A partir de ahí, luego lo tienes que complementar con otras capas de conocimiento: el microbioma, el proteoma… otros conjuntos de datos de otros niveles moleculares y también datos del ambiente: cuánto te influye el viento, el sol o la comida. Eso lo cruzas, haces un análisis multiparamétrico o multicapa y en ese ‘mapeo’ con el genoma es donde tienes el atlas de quiénes somos, cómo enfermamos y cómo curarnos. Pero la razón de que el genoma sea la base es que son las instrucciones de lo que somos y luego en términos de Big Data es abrumador, hay artículos científicos muy recientes que están hablando de cómo el internet del ADN, la cantidad de genoma, ya supera la cantidad de vídeo en Youtube o la cantidad de megas en Twitter.

En definitiva, se trata de coger las nuevas tecnologías, que tenemos a nuestro alcance y que se emplean para otras muchas cosas, y utilizarlas también para esto. ¿Hay que poner estas tecnologías al servicio de la medicina o al revés?

La idea es poner las tecnologías al servicio de la medicina. Picasso dijo que los ordenadores son inútiles porque sólo dan respuestas. Lo interesante en medicina casi nunca son las respuestas, como todo en la vida, como en la ciencia o la filosofía. Lo interesante son las preguntas. Yo lo que necesito es una pregunta clínica de valor. Por eso hay tantos intentos de las empresas tecnológicas de entrar en el sector de la salud que no funcionan. Incluso multinacionales muy potentes que tienen grandes motores cognitivos de inteligencia artificial etc. y no dan cosas que luego el médico use. Lo importante es qué necesita el paciente que está sufriendo. Pero es verdad que, si haces la pregunta correcta, este análisis de los sets de datos te puede permitir ver un montón de correlaciones a las que a día de hoy los médicos no llegamos; nos va a permitir avanzar mucho más deprisa.

¿Y cómo está España en este ámbito?

España es el noveno productor de ciencia del mundo (no sé si con la crisis bajó al décimo puesto), está muy bien. Pero en esto algo ha pasado y todavía no sé muy bien qué ha sido. Tú miras a Inglaterra y tienen Genomics England, van a secuenciar a 100.000 personas; miras a EEUU y van a secuenciar a un millón de personas y, además, está Obama personalmente detrás; miras a Oriente Medio y tienes a Israel muy pendiente; tienes a Arabia Saudí en el que es obligatorio secuenciar a todos los ciudadanos por ley… Y miras a España y ves que no se ha entendido bien la ola que supone la genómica, no se ha entendido bien que esto es la siguiente informática, el siguiente cuello de botella del procesamiento de información. Lo que fueron los ordenadores personales en los 90 ahora van a ser la biotecnología y la genómica. Y eso, por alguna razón, todavía no se ha captado.

¿Podemos aventurar algún motivo?

Probablemente falta de formación, falta de mentes, de universidades, de apoyos, carencia de conocimiento, de know how, de experiencia en el sector… Nos hemos centrado más en otras cosas pero probablemente en biotecnología pues no hemos sabido entender que esto es el nuevo ordenador personal, el nuevo teléfono móvil.

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