Fernando Egido Singular Bank

Dice Fernando Egido que su formación le convierte en un “bicho raro” en el ámbito financiero. Diplomado en Artes visuales y Comunicación y con un grado superior en Ingeniería Informática “pendiente de terminar”, el director general de Estrategia Digital, Tecnología y Operaciones de Singular Bank (antes Self Bank) viaja a caballo entre las TIC’s, la gestión o la comunicación multimedia.

También conoce de buena tinta en mundo del emprendimiento. Además de socio de una consultora puesta en marcha junto a dos amigos, Egido fue director técnico de la La Playa, un portal surgido en la era de las punto com. Ibermática o Biko2 son las siguientes paradas. En 2007 da el salto al mundo de las finanzas.

En Caja Navarra, “la mejor escuela que pude tener”, ejerce primero como responsable de innovación. Tras la fusión de varias entidades que en 2010 derivó en la creación de Banca Cívica, dirigió todos los servicios online y digitales del grupo. En 2012, Banca Cívica es absorbida por CaixaBank y Fernando Egido llega Self Bank como Director General Adjunto.

“Hubo dos entidades pioneras en llevar la innovación al terreno financiero español: Bankiner y Caja Navarra” (Fernando Egido)

En este tiempo su rol ha cambiado dentro de la entidad. “Primero en la parte front –estrategia, marketing, producto, comunicación, gestión de clientes- y, desde abril,  en estrategia digital, tecnología, operaciones o ciberseguridad”, explica el guipuzcoano en un despacho de las modernas oficinas de Singular Bank, ubicadas en un edificio clásico de Madrid, a un paso de la Plaza de Colón

Su desembarco en una entidad nativa digital vino así precedida de años batiéndose el cobre en los que fueron los primeros pasos de la transformación del sector. “Hubo dos entidades pioneras en llevar la innovación al terreno financiero español: Bankiner y Caja Navarra”.

“No es que en Caja Navarra tuviéramos mucho presupuesto”, añade Egido, “pero el negocio digital y la innovación no dependían de marketing, sino de dirección general. Era un buen primer paso. Le dimos vuelta al modelo. Conectamos a los clientes con las entidades sociales que, a su vez, potenciaron su transparencia. El cliente empezó a elegir”.

Abrir camino

El directivo habla de una época en la que la crisis pegaba fuerte. “Nunca he creído en aplicar la tecnología porque sí. Innovábamos desde los intangibles. Es la única manera de que los grandes no te copien, por muy pionero que te creas”. Así fue como abrieron los primeros work cafés en sucursales, apostaron por el branded content –“hoy la web de BBVA parece un periódico”- o pusieron en marcha una competición de Mario Kart en oficinas de la mano de Nintendo.

Salvo contadas excepciones, Fernando Egido hace extensible el carácter innovador a toda la banca española. “Y es algo que no siempre valoramos en su justa medida. Si la comparamos con otros países, estamos muy por delante”. Antes de llegar a Self Bank, Egido también vivió los primeros atisbos del cambio cultural de las corporaciones.  “Las primeras cuentas de Twitter, servicios de atención al cliente… en Navarra aprendí mucho sobre el propósito. Dota de sentido a las empresas. Esto no va de ganar dinero y dar dividendos, que también, ha de haber algo más que motive a toda la compañía”.  

La ruta a la inversa

Fernando Egido asegura que el plan ambicioso de Singular Bank de cara a los tres próximos años es compatible con afirmar que el banco “está en fase de construcción”. Apenas ha pasado un año de los últimos OK del Banco Central Europeo dando la luz verde para operar. En estos 12 meses Singular Bank ha pasado de 65 a 140 empleados, ha cambiado de sede en Madrid y ha abierto oficinas en Sevilla y Zaragoza.

También cuenta con 41 banqueros reforzando sus filas. Esta estrategia es fruto de aprovechar la ventaja de haber empezado de cero, 100 % digitales. “Podemos construir lo que el cliente necesita”, dice Egido. Y resulta que el cliente aún necesita que alguien al otro lado le escuche y comprenda sus necesidades. A su favor, un mercado regulado, más transparente, en el que los márgenes se han reducido pero donde la tecnología favorece la eficiencia.

Así las cosas, y si partimos de que “la gente está harta de los bancos”, Egido habla de la confianza como el factor clave. “¿A qué llaman cliente digital? Un cliente es un cliente. La  tecnología debe servirle para beneficiarse de un servicio. No creemos en un escenario de digitalización masivo, ni en una banca online destinada a que el cliente no moleste. Algunas entidades ponen límites horarios para, por ejemplo, la resolución de trámites administrativos. No olvidemos que son los clientes quienes nos pagan la nómina”.

El modelo flexible de Singular Bank

Es el banco el que ha de adaptarse al cliente, no al revés”. La premisa a la que se refiere Fernando Egido sirve de base para que Singular Bank ofrezca a sus clientes un servicio diferencial. En función de su patrimonio, del grado de implicación que quiera tener en la gestión de sus finanzas, su perfil, sus preferencias y de la manera en la que prefiera relacionarse con el banco, el cliente contará con tres modelos de relación.

Los hay que prefieren seguir tomando sus propias decisiones financieras. La entidad les ofrece información y herramientas a través de la Plataforma Self Bank. Otros quieren disponer de asesoramiento e ideas de inversión pero finalmente decidir por sí mismos. Asesoramiento Singular les posibilita contar con oficinas físicas y un banquero personal. Combinan las ventajas que ofrece el mundo digital con la relación personal.

Por último, en el servicio de Gestión Discrecional Singular es el equipo de profesionales de la entidad el que toma las decisiones, buscando la mayor adecuación a las metas financieras marcadas por el cliente.

Relevo generacional en los patrimonios

Fernando Egido explica que el cliente con un patrimonio consolidado supera, de media, los 65 años. “Todos ellos buscan un buen servicio y rentabilidad; también rigor, transparencia y confidencialidad. El coste es algo secundario”. “Pero la realidad”, añade el directivo, “ es que empezamos a ver una interesante transferencia de riqueza y también nuevos perfiles de gente con dinero: emprendedores tecnológicos, deportistas de élite de disciplinas que se han profesionalizado en estos años…”. 

La llegada de estos actores más jóvenes, ¿supone un cambio de cultura inversora? Una de las viejas demandas de la ciencia española es que el entorno privado tire también del carro e invierta en investigación. “Las administraciones públicas tendrían que empujar más, como han hecho en el País Vasco, para motivar a la empresa y al inversor privado. Si eso ocurre redundará en un mayor apoyo. La apuesta por la ciencia básica es complicada, aunque sea vital, porque los resultados son a largo plazo. Es más fácil cuando el impacto es evidente”.

Pero el cambio está en camino. “Con sus proyectos de filantropía, Bill Gates o Amancio Ortega no buscan trascender para ser recordados eternamente, sino para devolver a la sociedad parte de lo recibido”. Egido cree que hay muchos más ‘Amancios’ a menor escala. “Vemos cómo surgen empresas con propósito o fondos socialmente responsables. La inversión ya no se basa exclusivamente en la rentabilidad. Afortunadamente, no todo vale. Es una tendencia que sin duda llegará a la gestión de patrimonios”.

La realidad de las fintech

Somos una fintech, pero no una startup”. Fernando Egido explica que Singular Bank también se beneficia de la disrupción tecnológica que acompaña al cambio de comportamiento del cliente. “Históricamente, los bancos ofrecíamos servicios a lo largo de toda la cadena de valor. La crisis ha provocado que las entidades nos especialicemos. No se puede ser bueno en todo”.

En este sentido, el directivo percibe que las startups fintech detectaron oportunidades, necesidades concretas que la banca tradicional no había cubierto. “Primero fueron vistas como una amenaza, pero el sector ha madurado y entendido que son necesarias para que nos pongamos las pilas. Es una competencia buena y sana”.

En cuanto a si existe un boom en esta tipología de empresas, Fernando Egido recuerda que España no es Estados Unidos ni Reino Unido. “Estas compañías necesitan escalar, masa crítica de clientes e inversores que apuesten por ellos. Y España tiene un sistema financiero muy avanzado. Algunas triunfarán, otras morirán o se fusionarán, y las habrá que sean compradas por un banco. Se han dado cuenta de que no les convenía el modelo B2C dirigido a quitar negocio a los bancos. Por muy bueno que sea lo que ofrecen, necesitan clientes”, concluye Egido.

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