ENEA: el mobiliario comprometido 'made in' Guipúzcoa que viaja a todo el mundo

Juan F. Calero

La empresa, que funciona como cooperativa desde su fundación en 1984 y exporta el 85 % de su producción, ha sido galardonada con el Premio Nacional de Diseño. Hablamos con Fermín Azaldegui, su director comercial

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Lottus, Kaiak, Noa, Eina… No, no hablamos de una nueva película de Marvel o de un libro inédito de Tolkien. Se trata de algunos de los muebles que han llevado a ENEA a lo más alto en su sector, hasta el Premio Nacional de Diseño. Otorgado por el Ministerio de Ciencia e Innovación, el galardón reconoce los casi 40 años de esta cooperativa -un mecanismo casi inédito en el mundo del diseño- nacida en el corazón de Guipúzcoa en 1984 bajo el nombre de EREDU, dentro del Grupo Mondragón.

Inicialmente, la compañía se dedicó al mobiliario metálico de terraza y jardín, un producto de bajo valor añadido. “ENEA -hogar en euskera- surge al calor de un momento en cierto modo romántico de los años 80. En la época posfranquista, diseñadores y fabricantes empiezan a hacer cosas nuevas y el diseño español crece”, explica a este periódico Fermín Azaldegui, director comercial de la empresa.

Durante unos años, ENEA se mueve en el prueba-error. Camas, estanterías, mesas, sofás… “Esa miscelánea de productos nos enseña a ubicarnos, a encontrar nuestro espacio”. El primer punto de inflexión importante y el pistoletazo de salida para situar a la empresa en el mapa fue la silla Barcelona, diseñada para ENEA por Josep Lluscà.

Dieron un golpe en la mesa, afinan la cartera de productos y los mercados a los que pretendían llegar. “Decidimos que el producto estrella eran nuestros asientos, las sillas, y su destino principal el mercado contract, aún incipiente en España: palacios de congresos, ayuntamientos, salas de convenciones, bibliotecas… Durante un tiempo nos alejamos de los hogares”, añade Azaldegui.

Desde muy pronto, ENEA deja clara su vocación exportadora. En el año 2000, el 50 % de la producción sale al exterior. “Esta capacidad nos ha permitido sobrevolar mejor las fluctuaciones del mercado”. Uno de estos terremotos se produce en 2008. El batacazo de Lehman Brothers encuentra a ENEA en plena curva ascendente de crecimiento gracias, entre otras cosas, a una silla superstar, Eina, obra también de Lluscá, de la que ya han vendido más de 2 millones de unidades. “La crisis nos lleva a dar un nuevo giro y a poner el acento en un producto donde la estética es importante, pero muy robusto y duradero, con prevalencia hacia las certificaciones y las garantías”.

De este modo, convierten el revés económico en una oportunidad. “Evolucionamos hacia un producto más amable, abrimos el abanico y entramos de nuevo en los hogares además de mantener la buena salud en hospitality”, detalla Fermín Azaldegui.

En ENEA empiezan a sumar de forma paulatina nuevas tecnologías y materiales. Incorporan maderas y tapicería. En el último lustro, la empresa ha vivido un periodo especialmente fructífero culminado con el Premio Nacional de Diseño. Actualmente, está presente en 44 países y exporta el 85 % de su producción.

Singularidad

“Somos una cooperativa casi única, enclavada en el bucólico interior guipuzcoano, rodeados de montes y ríos. Una pequeña región desde la que desarrollamos y fabricamos mobiliario de alta gama para el mundo entero y donde, desde el soldador al montador, generan valor añadido”, expone el director comercial de ENEA cuando es preguntado por el carácter diferencial de la empresa. “El resultado se traduce en sillas que viajan a Madrid, a Tokio o a Australia”.

El espíritu de colaboración está en su génesis. “Es una filosofía especial. Supone tomar decisiones comunes enfocadas a construir un saber hacer diferente, ni mejor ni peor que otros, pero con personalidad propia. Los clientes lo aprecian y es un argumento de venta en el exterior”.

Al margen de las peculiaridades organizativas, Azaldegui insiste en el combustible de la exportación como un elemento sin el que es imposible entender la evolución de ENEA. “Fuimos muy cabezotas. Nos empeñamos en superar el reto de entrar en el mercado más complicado, Estados Unidos, que había perdido las claves del diseño que lo encumbraron en los 60”. Lo lograron con creces, tanto que hoy es su primer mercado gracias a un producto que encaja muy bien al otro lado del Atlántico: de estética ligera, pero fuerte, que viaja sin complicaciones y no da problemas con el paso del tiempo.

Innovación con mayúsculas

En un entorno donde habitan miles de diseñadores dispuestos a trabajar para cualquiera y en el que la fabricación por terceros en lejanas y “baratas” tierras es una realidad, en ENEA están orgullosos de poder decir que son productores y fabricantes. Y en esta pelea global que la empresa maneja con soltura, Fermín Azaldegui no oculta que tienen el propósito de inyectar innovación y tecnología a todos sus productos.

Por ejemplo, son capaces de utilizar polipropilenos sin cargas de gas de fibra para una mejor reciclabilidad o aceros específicos resistentes, evitando ciertas piezas. ENEA fue pionera en innovar en la unión de plástico y madera prescindiendo de elementos metálicos o en lograr el curvado de la madera 360 con una tecnología propia.

“En cada producto nos marcamos un desafío de innovación que el profesional aprecia notablemente. Lo complejo, y a la vez la única manera de avanzar, es arriesgar, meterse en charcos. Tratamos de ofrecer un producto que se salga de lo normal”. Estas exigencias les han llevado a disponer de una potente oficina técnica en la que no cesan de invertir nuevos recursos.  

La esencia y la tendencia

“Está claro que hay tendencias generales que vienen ‘dadas’”, asegura Azaldegui. Hasta 2009, el reino del diseño era italiano y hoy es escandinavo, más próximo a la idiosincrasia de ENEA. “Limpio, puro, poco recargado. Esta corriente nos beneficia, pero debemos ser flexibles”, apunta.

El director comercial de la empresa habla de la constante capacidad de adaptación a la están obligados. “En los últimos años, crece el empleo de materiales naturales y nobles. Maderas, lanas… salimos de los materiales percibidos como sofisticados en los 90, con el plástico a la cabeza”. ENEA ha tenido que adecuarse tanto en diseño como en fabricación y demás procesos productivos. “Es un giro que requiere inversiones”.

A favor de la compañía juega cierta atemporalidad presente en sus diseños. “Conseguir dar con un producto que se convierta en un clásico es el sueño de todo diseñador y fabricante. No estamos lejos de lograrlo, pero los ciclos del producto son cada vez más cortos y nos exigen músculo financiero para no perder el ritmo”.

Bye bye greenwashing

“Los socios de ENEA decidimos que queríamos ser sostenibles, está en la misión de la empresa”, explica Fermín Azaldegui respecto a otro imperativo: la responsabilidad con el medioambiente y con atender las demandas de la sociedad. “La evolución en los últimos años es brutal, y afecta a toda la cadena con la que nos relacionamos”.

Entre los grandes clientes de la empresa encontramos arquitectos que ya trabajan con unos criterios muy diferentes a los de antaño y que entienden la obra en su conjunto y su relación responsable con el entorno. “La comunicación con ellos es constante. O vamos por esa vía o la empresa habrá perdido los criterios de mercado. Rechazamos el greenwasghing, somos ecológicamente lógicos y seguiremos haciendo productos dominados por la sostenibilidad”.

¿Alta gama vs low cost? Cada uno a su tiempo

El mercado de ENEA es reducido, sobre todo a nivel nacional. “En España no existe una cultura de reconocimiento hacia el objeto de diseño. La sociedad entiende de moda, de vinos, de restaurantes o de bicicletas, y está dispuesta a gastarse el dinero en ello, pero el diseño es una tarea pendiente”.

Fermín Azaldegui lamenta que España entrara tan tarde en el sector. La dictadura franquista jugó a la contra y amplió la brecha con otros países. Mientras Estados Unidos, Francia, Alemania o Italia promueven y generalizan la cultura del diseño después de la II Guerra Mundial, en España hay que esperar a los años 80, cuando el diseño italiano ya había eclosionado.

“A pesar de este desajuste, en España hay mucha gente haciendo bien las cosas y clientes que tienen otra mirada hacia el diseño”. Azaldegui no ve en el low cost un enemigo. “No deja de ser una manera de educar a la sociedad. Marcas como ENEA debemos darnos a conocer a las nuevas generaciones. Que cuando el poder adquisitivo de esos clientes suba, sepan que aquí están nuestros productos. Tarde o temprano sucederá”.

El mercado y el futuro

En e exterior, el diseño español es sinónimo de calidad. “El problema es que somos pequeños. Es un mal endémico del país. Exportamos a muchos países, pero estamos lejos de los volúmenes de italianos o franceses. Con más empresas de cierto tamaño, tendríamos ese empuje que nos falta para generar marca España (ENEA es parte del Foto de Marcas Renombradas) en diseño y fabricación. Aún no lo hemos logrado, pero estoy seguro de que lo conseguiremos”.

Pero, ¿existe un diseño característico español? “Algunas asociaciones han querido promover una identidad, pero la puesta en común de las partes no es fácil”. El sector no tiene el pegamento que aglutine esa supuesta esencia. “La calidad de diseñadores y fabricantes hace que el carácter, poco a poco, se imprima en los productos. La administración no ha ayudado a desmontar el prejuicio por el que lo de fuera es siempre mejor que lo hecho en casa”, opina Fermín Azaldegui. “Queremos que el Premio Nacional de Diseño contribuya a reconocer la labor de ENEA y a crear valor en el conjunto de sector”.

La idea de la cooperativa es continuar trabajando para generar más riqueza en su entorno. “Ofreceremos nuevos productos, llegaremos a más países y crearemos delegaciones en distintos lugares del mundo. Tenemos en mente importantes proyectos de digitalización comercial, todo en ello en aras de pensar en un futuro más sostenible en aquellos proyectos que afrontemos”.