Emily Stott durante su intervención en el Espacio Fundación Telefónica

El aumento de la esperanza de vida echa el freno e incluso se reduce en algunos países desarrollados. Los sistemas sanitarios no dan abasto frente a la proliferación de enfermedades crónicas, coronarias, oncológicas… Los médicos han lanzado un SOS y parece que la tecnología, con la ciencia de datos al frente, va a contribuir a que la prevención sea el bastión que desbloquee este colapso. Si en la película Minority Report (Steven Spielberg, 2002) la policía se anticipaba al crimen, la innovación está cerca de estrangular algunas enfermedades antes de que den la cara.

El laboratorio visionario de Alpha (Telefonica) se dedica a analizar de un modo más práctico que etéreo el mundo del futuro. Una perspectiva a largo plazo con capacidad de acción sobre los bautizados como Moonshots, retos complejos que afectan a un abanico amplio de población, que requieren de un periodo de investigación e incubación de entre 5 y 7 años, y que precisan de modelos empresariales sostenibles.

Emily Stott es Go-to-Market Manager (Health Moonshot) dentro de esta empresa del grupo y hace unos días participó en el Espacio Fundación Telefónica en una nueva edición de Women in Data Science, el evento que la Universidad de Stanford celebró en Madrid (y en otros 150 lugares simultáneamente) en colaboración con la propia Fundación y con Synergic Partners.

Para Stott somos nosotros, con nuestras decisiones y hábitos de vida los que provocamos muchas de estas patologías. “¿Podemos hacer algo? Sí, con ciencia de datos”, apuntaba la británica en referencia a cómo estos avances permiten tomar la delantera al problema antes de que sea tarde, la enfermedad se desarrolle y el paciente arranque un tratamiento, “gran frustración de los médicos”.

Con un catálogo de más de medio millón de apps dedicadas al salud y el bienestar, en Alpha se han propuesto añadir el ingrediente de la personalización para potenciar la efectividad de las herramientas digitales. Para lograrlo, y codo a codo con los médicos, resumen en cinco las líneas de actuación para combatir con datos determinados comportamientos: detectar la persona adecuada, dotarla de la herramienta precisa, a tiempo, en la dosis adecuada y por el canal correcto.

La Clínica Mayo analizó la voz de 150 personas y determinó quienes sufrían o podrían padecer patologías cardiacas. El ‘truco’ está en más de una decena de parámetros no perceptibles para el oído humano pero sí para una inteligencia artificial. Stott se refería también al empleo de determinadas palabras en Twitter o a la selección de unos filtros concretos en Instagram como información valiosa para que la Universidad de Harvard señalara, con un 70% de probabilidad de acierto, qué usuarios de estas redes sociales atravesaban una etapa depresiva.

“Ahora, gracias a los datos, sabemos si algo va a funcionar con una persona o no y ahorrar mucho dinero al sistema”, apuntaba Stott. “¿Es útil una sesión a la semana para combatir el alcoholismo?”, preguntaba al público la responsable de Alpha. “¿No sería mejor que un dispositivo nos aconsejara desde el bolsillo cuando pasamos ante el lineal de bebidas alcohólicas del supermercado?”. En este ámbito, Scott y su equipo han logrado que un grupo concreto redujera drásticamente el consumo de alcohol con metodologías similares a la mencionada. La investigadora ha incidido en la importancia de elegir bien el momento para actuar. “Si me he propuesto dormir más horas podemos desarrollar una herramienta que me alerte cuando me ‘enchufo’ a Netflix a las doce de la noche”.

En apariencia tendremos a mano una batería de pequeñas soluciones que, sin embargo, cortarán la cadena tradicional y serán decisivas para millones de vidas. Pese a que el de la salud es un sector “muy regulado” y que los avances no son todo lo rápido que quisieran, “trabajando cerca de los expertos vamos a agilizar los procesos”. “Esto es sólo la punta del iceberg”, concluía Stott.

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