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La nueva doctora por la UPNA, María Medrano.

Hacer ejercicio físico aeróbico y de fuerza (juegos tradicionales y deportes de equipo) en sesiones de 60 minutos al menos tres veces por semana. Esto es lo que deberían de contemplar los programas de prevención y tratamiento de la esteatosis hepática (hígado graso no alcohólico), la enfermedad hepática más común en la infancia, en niños y niñas con problemas de sobrepeso u obesidad. Esto es lo que ha sostenido hace unos días María Medrano Echevarría en la defensa de su tesis doctoral en la Universidad Pública de Navarra (UPNA).

La prevalencia de sobrepeso y obesidad infantil se ha convertido en una pandemia global en las últimas décadas, según Medrano. El número de lactantes y niños pequeños (de 0 a 5 años) en esta situación aumentó de 32 millones en 1990 a 41 millones en 2016 en todo el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). La amplia mayoría de estos niños vive en los países en desarrollo, donde la tasa de aumento es superior en más de un 30 % a la de los países desarrollados.

“Mayores niveles de condición física y actividad física se asocian con una mejor salud cardiovascular y una menor resistencia a la insulina en niños y adolescentes, Sin embargo, hasta la fecha se dispone de muy poca información acerca de la asociación de la condición física y la actividad física con la esteatosis hepática en edad pediátrica”, sostiene la autora de Effects of exercice on hepatic steatosis in children: the role of fitness, una investigación dirigida por Idoia Labayen Goñi, profesora del Departamento de Ciencias de la Salud de la dicha universidad.

“No hay estudios previos en niños y niñas prepuberales que examinen el efecto de la adición de un programa de ejercicio físico supervisado ni tampoco existen recomendaciones específicas (tipo, intensidad, frecuencia y duración) al respecto para el mismo sector de población mencionado”, añade la graduada en Ciencias de la Actividad Física y el Deporte y máster en Nutrición y Salud, ambos títulos por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

Durante la investigación, Medrano determinó si hacer ejercicio disminuía la cantidad de grasa hepática, según las recomendaciones internacionales que establecen 60 minutos al día de actividad física moderada o vigorosa.

Los menores con obesidad tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e hígado graso no alcohólico (NAFLD, en sus siglas en inglés), y es el componente hepático del síndrome metabólico (un grupo de afecciones, como hipertensión arterial y glucosa alta en la sangre). 

La investigación también subraya la importancia de la implicación familiar. De hecho, demuestra que un programa de intervención familiar de 22 semanas de duración que incluyese ejercicio físico supervisado, además de un programa basado en educación familiar en estilos de vida saludable y psicoeducación, sería beneficioso para la salud de los menores. Dicho programa es el proyecto EFIGRO -estudio principal en el que se enmarca la tesis, premio NAOS 2018-.

Este programa constaba de tres sesiones semanales de 90 minutos, basado principalmente en juegos tanto aeróbicos como de fuerza. Medrano reconoce que su desarollo fue “complicado”, originalmente duraba seis meses pero se prolongó “más de tres años con más de 100 familias (con una alta implicación familiar)”, comenta.

Los resultados de esta tesis “pueden tener implicaciones clínicas y prácticas a la hora de diseñar intervenciones basadas en los estilos de vida y el ejercicio físico para la prevención o el tratamiento de la obesidad y la esteatosis hepática pediátrica”, concluye la autora.

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