Cristina Aranda

Cristina Aranda lo tiene claro: hay una brecha digital y otra de género como consecuencia de unos estereotipos que ella se ha propuesto hackear. Directora de Marketing de Intelygenz, una de las empresas de referencia en el desarrollo de software y tecnologías y en innovación tecnológica, también es una de las fundadoras junto con Sara Alvarellos y Pablo Rodríguez, de Mujeres Tech. Su objetivo, impulsar una mayor presencia de las mujeres en el sector tecnológico.

Es un ámbito que conoce bien. Con años de experiencia en la primera línea, se decidió por el mundo digital “después de hacer un curso de SEO donde descubrí que Google era un zoco léxico-semántico y, lo mejor de todo, que algún día podría monetizar mi tesis”. Pero si hay algo que le apasiona de este sector es “su obsolescencia formativa y su demanda continua de estar aprendiendo”. De ahí que Cristina Aranda nos anime a buscar “nuestras fortalezas y experiencias” y ver en qué área digital o tecnológica podemos aplicarlas.

Eres una de las fundadoras de MujeresTech, una asociación cuyo objetivo es apostar por una mayor presencia de la mujer en el sector tecnológico. ¿Por qué todavía sois minoría en este ámbito?

Los motivos por los que somos menos de un 20% de mujeres en el sector digital, apenas un 15% de programadoras o desarrolladoras o 11% especialistas en ciberseguridad están relacionados con la educación estereotipada que recibimos en todos nuestros entornos. Una educación por la que una niña es una mandona y no una líder, mientras que a un niño nunca se le llama mandón, o de escasez de referentes en los libros de texto (apenas el 8% son mujeres y yo nunca estudié ninguna filósofa), ni en medios de comunicación, ni en eventos del sector.

Así que nuestra primera misión es hacer ver el impacto de los sesgos inconscientes asociados al género en todos los ámbitos, públicos y privados. De hecho, estamos hablando con diferentes stakeholders públicos y privados para lanzar una campaña a nivel nacional contra los estereotipos, que impacte en las familias y que vean a sus hijas no como princesas consumidoras sino como reinas creadoras de cualquier producto digital o tecnología.

Y estos frenos, ¿vienen más desde fuera (sociedad, familia, ámbito empresarial…) o son más autoimpuestos?

Los frenos vienen, siguiendo a Mary Beard en su magnífico libro “Mujeres y poder”, por la estructura social netamente masculina que existe, donde la voz de la mujer no tiene legitimidad, no es experta. Basta recordar la campaña que hizo recientemente un medio online para demostrar nuestros prejuicios a la hora de asociar “eminencia en neurocirugía” con “mujer”. Y esto se capilariza en todo. Desde pequeñas se nos limita al cuidado, al servicio o a la familia mientras que a los chicos al emprendimiento, el riesgo o el éxito.

Respecto al argumento de que somos nosotras las que nos autoimponemos esta brecha, yo siempre digo que eso es el resultado no el origen del problema y uso la analogía de que es lo mismo decir esto que decirle a una niña desnutrida de un país del tercer mundo “tienes que comer más”. Suena a chiste, ¿verdad? Y lo pensamos y no hace gracia porque el origen del problema no es el verbo de acción “comer” o, en nuestro caso, “autoempoderarse”. En el caso de nuestra comprensible y negativa autoimposición es que desde pequeñas, jóvenes y en nuestra madurez no se nos ha empoderado en nuestras competencias o habilidades. De ahí que muchas mujeres sufran el síndrome de impostor, creyéndose menos de lo que realmente son.

Sin embargo, la Comisión Europea estima que el incremento de los puestos de trabajo relacionados con las tecnologías será del 4% anual durante los próximos años. Es decir, que argumentos no faltan para que haya más mujeres en las áreas STEAM.

Vivimos en plena revolución industrial. Internet y tecnologías como la inteligencia artificial, entre otras, son lo que en su día supuso la electricidad: un cambio en el modo de trabajar, de los trabajos y, en especial, de mentalidad. Como bien dices, actualmente hay una demanda de más de 800.000 puestos de trabajo en el sector digital, muchos de ellos aún no sabemos cuáles serán, y en los cuales se requieren perfiles de todas las áreas del conocimiento, tanto de humanidades como técnicos. De ahí que sea una oportunidad única como, por ejemplo, para especialistas en filología, lingüística, antropología… de desarrollar tecnologías del habla o marketing de contenidos.

Ahora bien, lo que falta es el asociar la tecnología con algo divertido y divulgar su aplicación a fines empresariales y sociales. En este sentido, mi comadre de MujeresTech, Sara Alvarellos está asesorando al Ministerio de Educación para desarrollar el pensamiento computacional en todos los niveles escolares, de tal modo que las niñas y niños no asocien la tecnología como algo “de chicos”, sino que lo vean divertido y útil, además de adquirir una competencia necesaria en la sociedad digital en la que viven y en la que van a trabajar.

CristinaAranda

Vivimos en una época de revolución digital de la mano de tecnologías como la inteligencia artificial. Pero en alguna ocasión has dicho que esta revolución necesita también tener una perspectiva de género…

Cuando hablo en mis charlas de inteligencia artificial o escucho a mi compañera y admirada Ana de Prado, ingeniera especializada en esta tecnología, me centro en que lo que realmente nos debe asustar o dar miedo, que no son los robots asesinos sino los sesgos inconscientes que hay en los datos, gracias a los cuales las máquinas toman decisiones.

Recomiendo ver alguna charla de Rachel Thomas o Nuria Oliver (experta de la Mesa de inteligencia artificial del Gobierno de España) hablando sobre cómo al usar datos, en la mayoría de las veces por ingenieros hombres blancos judeocristianos heterosexuales y sin discapacidad, dada su escasa diversidad, no prestan atención a que qué dicen esos datos, si atienden o no a la diversidad. Esto es, si esos datos están cargados de prejuicios. Así, por ejemplo, está el caso de Compass, una plataforma desarrollada por Defense Advanced Research Projects Agency (DARPA) para predecir el grado de criminalidad de una persona. Las personas negras salen muy perjudicadas. Otro caso es el de los asistentes de voz (Siri, Cortana, Alexa…) y cómo estos reaccionan negativamente e invitando a ayudar o reflexionar al interlocutor, a determinadas frases con agresiones verbales asociadas con la violencia de género.

De ahí que las personas que trabajamos en inteligencia artificial pidamos una regulación para atender a lo que dicen los datos antes de aplicarlos en soluciones empresariales que van a tener un impacto social y que las personas al cargo de dichas empresas se formen en desaprender los sesgos inconscientes y conscientes asociados a la mujer. Además, al mismo tiempo que aprenden a ver las cosas de otro modo, estaríamos ayudándoles a ser mucho más productivos. Muchos estudios así lo demuestran: a mayor diversidad, mayor beneficio.

Y si hablamos de la tecnología como un sector muy masculinizado, la ciberseguridad no lo es menos.

Solo son un 11% de mujeres en ciberseguridad y se calcula que en el 2019 esta área demandará 6 millones de profesionales especializados. Es necesario estudiar los porqués y comenzar a fomentar las habilidades necesarias para que las niñas y jóvenes quieran ser hackers de sombrero blanco (o rosa, como las chicas de GirlsCanHack) para luchar contra hackers de sombrero negro. Aquí es necesario que las mujeres referentes en ciberseguridad, como está haciendo Soledad Antelada, divulguen lo que hacen, cómo lo hacen y hagan apasionarse a muchas niñas en detener ataques que puedan tener un impacto social y económico a pequeña y/o gran escala.

Alguna vez has dicho que hay que hackear los estereotipos. ¿Cómo?

La primera vez que fui a Makerspace Madrid (sitio que recomiendo ir a visitar) vi un cartel que decía “Never Stop Hacking”. Me hizo sonreír y reflexionar al mismo tiempo ya que esa oración imperativa invitaba a no dejar de cuestionarse lo existente, las reglas. “Hackear” define la acción de entrar de forma abrupta y no consentida en un sistema informático o una red. Es un término informático conocido por la mayoría de los usuarios.

De ahí que me pareciera muy útil usarlo, en mis charlas, incluida la del TEDxZaragoza, para hacer mi propia versión del “Never Stop Hacking”, en mi caso, empleo esta expresión para invitar a todos, hombres y mujeres, a tomar conciencia de los prejuicios, los estereotipos, con los que opera nuestro software mental para desaprenderlos y mejorar, así, nuestro sistema de creencias a partir del cual actuamos. De tal modo que a tu hija o sobrina la empoderes llamándola más veces lista que guapa o dar visibilidad a los logros de mujeres colegas que no se acaban de creer su verdadero potencial, entre otras pequeñas acciones de gran impacto social que podemos hacer día a día.

En el caso de la ciberseguridad, donde sólo el 11% de los puestos están ocupados por mujeres, ¿también juega en contra la falta de concienciación en este tema? Es decir, parece que aún las empresas e instituciones tienen que tomarse más en serio las ciberamenazas…

En caso de la ciberseguridad es muy curioso porque tendría que estar dentro de los puntos estratégicos de cualquier compañía, y el Gobierno o stakeholders del sector digital realizar una divulgación sobre formas de navegar y/o trabajar en la red más segura. Me acuerdo que invité a una charla a Soledad Antelada en la Embajada de EEUU en España, y al pedirle consejos de seguridad se sorprendió de que le dijera que empezara por los básicos: cambiar la clave del modem, saber qué páginas son seguras (por ej., https:), no usar la misma clave para todas nuestras apps, plataformas, etc. Ella se sorprendía que el público no lo supiera.

Sin embargo, la buena noticia es que, recientemente, el 7 de septiembre, el gobierno ha aprobado el real decreto para trasponer la directiva europea de ciberseguridad (también conocida Directiva NIS), lo cual muestra la necesidad de impulsar medidas que hagan nuestro entorno digital más seguro y, por consiguiente, se incremente la confianza de los usuarios en él.

Es un nicho laboral aún por explotar en España a pesar de que la realidad dice lo contrario y los ciberataques son más comunes de lo que pensamos y pueden tener graves consecuencias…

Los ciberataques a empresas y particulares se dan continuamente. Según el Centro de Respuesta a Incidentes de Seguridad e Industria (CERTSI), en 2017 se dieron más de 70.000 ciberataques, y en 2016 fueron 115.000 en total. Piensa en sectores clave para un país como el energético, qué pasaría si hackearan en invierno una central que abastece a una gran ciudad como Madrid, donde hay muchos servidores y sistemas de grandes empresas, por no hablar del frío o la oscuridad que tendrían que superar las personas en sus casas o de todo el impacto económico… De ahí que sea necesario definir y ejecutar una política en materia de ciberseguridad (y yo incluiría también de inteligencia artificial) para evitar ataques. Hoy en día una de las principales batallas contra el terrorismo se libra en la red o en la red profunda (deep web).

Por último, ¿qué dirías para que las mujeres que se lo están pensando se decidan y apuesten por las tecnologías y la ciberseguridad?

Vivimos en plena revolución industrial generada por la tecnología. Ante esto se pueden tener dos actitudes muy diferenciadas: la victimista, aplacada por el miedo a lo que nos espera, de “van a acabar con nuestros puestos de trabajo”, o la que aprovecha el tiempo de cambio en oportunidad. El sector digital demanda muchas habilidades y en muchas empresas ya no tienen en cuenta tanto el título universitario sino lo que realmente sabes hacer y puedes hacer. Además el acceso a la formación, si eres autodidacta, es muy barato porque hay miles y miles de cursos o tutoriales gratuitos en internet.

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