A lo largo de su trayectoria, Carmen Sánchez-Guevara ha dirigido multitud de proyectos, tanto a nivel europeo como local, combinando la arquitectura con la termodinámica y salud medioambiental. Sus trabajos de investigación persiguen la mejora de la gestión del calor extremo para combatir vulnerabilidades, además de situar esta problemática en la agenda política.
Pregunta: ¿Cómo crees que está posicionada Europa en sus deberes hacia una transición energética?
Repuesta: El mayor reto en sostenibilidad tiene que ver con la adaptación al cambio climático para hacer frente a la crisis de recursos actual. Por eso, es muy importante trabajar en el acondicionamiento de ciudades y edificios, con un buen diseño pasivo y bioclimático, al tiempo que se intenta reducir la dependencia de fuentes de energía o del consumo. Las instalaciones van a ser poco resilientes frente a esa escasez de recursos materiales.
Pregunta: Los signos de pobreza y vulnerabilidades sociales se subrayan con el cambio climático. ¿Cómo paliar desde tu disciplina estas desigualdades?
Respuesta: El concepto de pobreza energética, que hoy cuenta con reconocimiento político tanto en los estados miembros como en las propias instituciones de la Unión Europea, aparece en los años 80 con la crisis del petróleo, cuando muchas familias empiezan a tener problemas para pagar sus facturas de calefacción.
Empecé a ver que las olas de calor del arco mediterráneo afectan a una población vulnerable que no puede hacer frente a los costes del aire acondicionado o que directamente habita en viviendas mal acondicionadas. Mis investigaciones defienden que el sur de Europa también existe, ya que es esperable que con el cambio climático estos problemas no solo empeoren en la cuenca mediterránea, sino que se extiendan a los países del norte.
"Hay que transformar las ciudades y edificios de mano de la población del territorio"
¿Se está colaborando entre países para acelerar la transición energética?
Queda muchísimo por hacer. En los países mediterráneos se conserva lo que llamamos la ‘cultura del calor’, o de conocimientos de la población para protegerse frente a él. Esto va desde bajar las persianas a ventilar por la noche o no salir a correr a las tres de la tarde. Para la generación que hemos vivido con una energía barata y disponible, es importante recuperar estos hábitos que nuestras abuelas ya conocían. Además, queda transferir este conocimiento al norte de Europa.
¿Qué hitos y aprendizajes destacarías de tu dilatada experiencia con escala local e internacional, en instituciones públicas y privadas?
Con el proyecto de investigación estatal Modifica, que medía la isla de calor de Madrid, descubrimos que los edificios del centro tenían un 40% más de demanda energética en verano que los de la periferia. Esto nos dio muchas pistas para pensar que desde la arquitectura se minusvaloran las necesidades de refrigeración de los edificios, además de subrayar la falta de conocimiento de qué está pasando dentro de las viviendas.
En Getafe, Urban Innovative Actions puso en práctica estrategias de intervención a escala urbana, diseñando un par de plazas con esa vocación de disminuir temperaturas en la ciudad o con rehabilitaciones integrales de edificios que incorporan estrategias de invierno y verano.
Con Energy Poverty Intelligence Unit (EPIU) desarrollamos consultorías socioenergéticas, que incluían entrevistas con los vecinos, para entender la complejidad de su vivienda y hábitos, haciendo un diagnóstico más global que diera con soluciones más efectivas.
Por último, destacaría el Informe de pobreza energética para el Ayuntamiento de Madrid, que puso de manifiesto la brecha de género que había asociada a la pobreza energética, por lo que activamos un proyecto para estudiar esto de manera más específica.
Grupo de trabajo en el proyecto COOLTORISE.
"Sería necesario hacer adaptaciones a las viviendas en casi toda la Península. Sin embargo, la normativa va por detrás"
También es destacable uno de los proyectos por los que se reconoce tu labor en estos premios, COOLTORISE, en el que habéis trabajado tres años…
Es el primer proyecto financiado por la Comisión Europea en materia de pobreza energética de verano, y se ha desarrollado en España, Italia, Bulgaria y Grecia de la mano de nueve socios que combinaban perfiles técnicos con otros de innovación social.
En total hemos llegado a unas 8.000 personas, con un reto de trabajar la pobreza energética de verano, que abordamos con talleres de cultura del calor en los que se incentivaba el intercambio de saberes de cómo adaptarse al calor. También se puso en marcha un sistema de alertas por calor para la población más vulnerable. Y hemos generado un total de 12 refugios climáticos, co-diseñando con los ciudadanos cómo utilizar ese espacio en función de sus necesidades.
Con todo este bagaje, ¿qué innovaciones en arquitectura consideras que están ayudando a construir una sociedad más sostenible?
La innovación va de la mano de la recuperación de esos saberes tradicionales que se han perdido. A veces pensamos que implica cosas súper nuevas pero, independientemente de que haya soluciones constructivas que ayuden a bajar la temperatura, más bien está basada en la reinterpretación de los métodos tradicionales.
Por otro lado, existe mucho campo por explorar en materia de innovación social. Hay que transformar ciudades y edificios de la mano de la población del territorio, promoviendo espacios de participación para que se compartan esos saberes y que la adaptación sea co- diseñada.
La importancia de integrar a todas las disciplinas sociales
¿Están preparados todos los territorios por igual para afrontar el cambio climático?
Esta cultura del calor existe en los distintos climas casi por igual, pero cada lugar está adaptado en función de las necesidades. Los escenarios de cambio climático son bastante dramáticos, pero sería necesario elaborar estudios para hacer adaptaciones a las viviendas en casi toda la Península. Sin embargo, la normativa va por detrás y es la que rige el tipo de arquitectura que se está haciend“La innovación va de la mano de la recuperación de los saberes tradicionales que se han perdidoo.
Políticas públicas, innovación vinculada a la recuperación de saberes, ¿qué hay de la hibridación de disciplinas para combatir el calentamiento global?
Hemos trabajado con entidades del tercer sector para trabajar con entornos más vulnerables. Como arquitectas contamos con los conocimientos técnicos, pero no con cómo llegar a esta población. Es clave integrar todas las disciplinas sociales, no solo la arquitectura, porque la pobreza energética toca tantos aspectos que es necesario acercarse desde una mirada amplia que incluya a distintas disciplinas.