“Con Agrobotics estamos ante un claro ejemplo de transferencia de conocimiento”, explica Víctor Muñoz, catedrático de la Universidad de Málaga del departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática. La idea es que el know-how de la tecnología robótica de gemelos digitales se ponga al servicio de la resolución de un problema común en la región sudoeste de Europa: la sostenibilidad de la agricultura. No en vano, se trata de una convocatoria de Interreg Sudoe financiada por la Unión Europea y un proyecto que abarca a España, Portugal y Francia.
Un rasgo definitorio en este caso es que no se trata de hacer la agricultura más sostenible en un sentido amplio sino más bien de “hacer trajes a medida, dar a cada problema su solución”. Pero, además, esa ayuda personalizada debe combinarse con un acompañamiento posterior porque implementar tecnología no es barato y ese riesgo no lo puede asumir el agricultor sin formación o asesoría. Incluso puede ocurrir que con la inversión y la instalación ya hechas la tecnología no cubra la necesidad como en la explotación se desea.
Llegados a este punto Muñoz introduce el concepto living lab, un laboratorio en vivo con agricultores que permita cocrear, hacer una búsqueda participada de la solución para cada problema con la enorme ventaja de poder testar la situación en base a un ejemplo digital. “Simulamos la solución y, una vez que la simulación es la deseada, es decir, resuelve el problema, en el consorcio público privado se le busca ayuda financiera para que esa solución se convierta en realidad. Hablamos de un acompañamiento individual”, concreta Muñoz desde el stand en Transfiere.
De momento, el consorcio aspira a resolver ocho problemas. Por ejemplo, hay unos invernaderos que plantan aguacates, pero no venden la fruta sino la planta, el árbol del aguacate, con la garantía de que en tres años ese árbol está produciendo. En este caso el problema es logístico porque esas plantas hay que trasladarlas. Según Muñoz, “con la tecnología robótica de gemelos podemos simular ese escenario para que los vehículos que transporten esos árboles optimicen distancias y ahorren combustible.
Tecnología a medida diseñada con los propios agricultores
El mismo método, quizá algo más complejo, se puede aplicar a un invernadero que quiere controlar la energía que gasta para tener una temperatura constante o cómo sería de eficiente que un robot aplicase un químico en el sitio que el cultivo lo necesitase en cada momento: agricultura de precisión”.
Así Agrobotics trabaja codo a codo con las empresas agrícolas para encontrar soluciones a problemas concretos, reduce el riesgo de implantación mediante la simulación y, una vez alcanzado el resultado óptimo, las acompaña en el siempre arduo proceso de conseguir financiación para hacerlas realidad.
De hecho, como recalca Muñoz, “aquí hay agentes que cubren toda la cadena de valor desde el laboratorio hasta el usuario final; asociaciones agrícolas como ASAJA, universidades, parques tecnológicos como Málaga TechPark… Es un proyecto muy bonito porque cuando hacemos ecuaciones sabemos que funcionan. Tratamos con personas y el reto es ser capaces de llegar a otro nivel, ser capaces de trasladar el conocimiento”.


