Martí Montferrer ha sido el invitado especial del último programa Science Truck, de FECYT.

En ese mismo instituto, el Isaac Albéniz, de Badalona (Barcelona), estudiaba hace poco más de seis años. Ahora ha vuelto, no como alumno, sino como uno de los youtubers de ciencia más importantes del mundo hispano. Para hacerse una idea de su repercusión, basta con ver el número de suscripciones de su canal, CdeCiencia, que ya ha superado la cifra de 1,1 millones. Martí Montferrer, geólogo y divulgador científico, sabe aprovechar esta plataforma como pocos para llegar a gente insultantemente joven.

Para que nos hagamos una idea, hay que señalar que el pico más alto en las gráficas de edad de su público se sitúa en los 18 años. Por este y otros motivos, él ha sido el invitado especial del último programa Science Truck, el proyecto de FECYT que lleva a los youtubers de ciencia a las aulas.

Cuando empezó con su canal, en 2014, se podría decir que “había muchísimo Youtube de entretenimiento en español, pero de divulgación prácticamente no había nada”. La pregunta que se planteaba entonces estaba clara: “¿Realmente podremos hacernos un hueco o va a ser tan difícil como en la televisión?” –se refiere a la escasa presencia de programas de ciencia en la parrilla televisiva, más allá de Órbita Laika (La 2)–. La respuesta le sorprendió incluso a él mismo. “Descubrimos que la gente estaba hambrienta de ciencia”.

Era lo que al propio Montferrer le pasaba. “Yo me tenía que buscar la vida y tenía que ir a blogs, sobre todo en inglés, en los que poder consumir divulgación –afirma–. Me frustraba que aquí, en la televisión pública, no tuviéramos este tipo de contenidos”. De hecho, hizo una petición, a través de change.org, para pedir a TV3 más información de ámbito científico. “Fue bonito por la cantidad de firmas que conseguimos en muy poco tiempo, pero a la vez fue desesperanzador que no quisieran hacer nada”.

Decidió tomar las riendas y hacer algo para solucionar el problema. Sabía que había canales de divulgación que ya tenían mucho éxito en Estados Unidos. ¿Por qué no podía ocurrir lo mismo en España? Pues sí, sí podía. “Venía de muchos proyectos personales frustrados y pensé que solo iba a probar, aunque sabía que si lo hacía bien posiblemente saldría bien”, dice recordando sus expectativas iniciales.

En la actualidad vive de su actividad como youtuber, complementándola, eso sí, con otras acciones, como la publicación de su libro, El juego del cosmos, o la plataforma de micromecenazgo Patreon. Desde hace unos meses también realiza promociones, siempre que sea publicidad cercana a la actividad científica. Esta última línea de financiación despierta un debate interesante sobre contenido promocionado e información. “Por ahora estoy en esa fase de ver cómo reorganizo mi Patreon para reflejar el cambio de esa faceta más promocional de empresas que llegan al canal”, reflexiona.

Y ese análisis, esa manera de plantear las cuestiones delicadas, forma parte también de sus vídeos, los cuales, más allá de la ciencia, tienen un trasfondo en ocasiones casi filosófico. “Quizás uno de mis puntos fuertes sea no quedarme en explicar las cosas de forma fácil, sino plantear a la gente estos dilemas ético-morales o incluso trascendentales de la muerte, el universo… –reconoce–. Este tipo de preguntas que nos complican el sueño son muy buenas para que la divulgación no se quede en aprender sino en motivación para aprender, en buscar más contenidos por ti mismo”.

Su labor como divulgador es reducir ese “gran salto” que suele existir el ciudadanos de a pie y el científico. Los primeros ven a los segundos “como un ente mágico que hace sus cosas en el laboratorio”, sin entender lo que realmente están haciendo.

Y Youtube ayuda mucho a la hora combatir esta brecha. Es verdad que “existen canales que se dedican a la promoción de contenidos no respaldados por la producción de los académicos”, pero ese problema se soluciona enseñando a la gente a distinguir el contenido bueno del malo. Consiguiendo eso, la plataforma de vídeo “aporta bastante más de lo que quita” a la divulgación científica, concluye.

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