estufas eficientes

Alberto Levy y Luis Carlos Perez – Esta columna fue publicada originalmente en el blog Energía para el futuro del BID.

En el frío páramo de los Cuchumatanes, en el altiplano guatemalteco, el calor de una estufa eficiente permite preparar la comida dentro de las pequeñas viviendas. Es la madrugada y el momento ideal para preparar el café y poco después el desayuno de la familia. Sólo queda esperar la luz del día para comenzar una faena de trabajo, ir a la escuela o realizar otras actividades cotidiana.

Ese es un escenario común en algunas comunidades de los países de la región, en algunas más fuerte que otras. Para algunos, significa nostalgia, para otros, es el estilo de vida al que están acostumbrados. En países como Guatemala, 7 de cada 10 personas usan leña para cubrir sus necesidades de energía. Este consumo ocurre principalmente en las poblaciones rurales, que son las de menor ingreso y representan el 87% de la población total.

Sin embargo, cerca del 85% de la leña se extrae de bosques naturales, lo que genera un deterioro medioambiental y social con consecuencias negativas para el futuro de los guatemaltecos. Por ejemplo, el humo que produce la quema de leña causa altos riesgos de enfermedades cardíacas y respiratorias. Desafortunadamente, el 70% de los hogares se enfrenta a esta situación.

Mayor consumidor de leña en la región

Guatemala es el país que reporta el mayor consumo de leña en Centroamérica. Y el sector energético es el segundo con mayor emisión, ya que representa el 39% de las emisiones totales. Mientras tanto, la leña representa el 57% de la matriz energética total.

La demanda anual total de leña se estima en 16 millones de toneladas, equivalente a aproximadamente 40 millones de barriles de petróleo por año. No obstante, hasta el año 2017 ya existía un déficit de 5 millones de toneladas de leña.

En ese contexto, el BID firmó recientemente un convenio por 11 millones de euros para implementar un proyecto de uso eficiente de leña y combustibles alternativos para cocción en comunidades indígenas y rurales en Guatemala. Este financiamiento es una donación que proviene de la Facilidad NAMA, un fondo creado por Alemania, Gran Bretaña, Dinamarca y la Unión Europea para efectuar de acciones de reducción de emisiones en países en desarrollo.

Millones de niños y mujeres indígenas serán beneficiados

Este proyecto busca reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en Guatemala, al disminuir el consumo de leña. La primera medida será la instalación de al menos 225.000 estufas eficientes en un período de cinco años, que beneficiará especialmente a las comunidades rurales e indígenas con un enfoque prioritario en cinco departamentos del país. Las estufas eficientes representan al menos una disminución del 50% del consumo de leña, lo que implicará un ahorro promedio anual de US$360 para las familias beneficiarias. Este monto representa aproximadamente el doble de lo que cuesta una estufa eficiente.

Estufas mejotadas

Este ahorro permite, por un lado, adquirir una estufa y por el otro, libera recursos del presupuesto familiar a los que pudiese darse otros usos. La capacidad de ahorro de estas poblaciones, sin embargo, es muy bajo, por lo que el otorgamiento de crédito se hace imprescindible. Por el otro lado, actualmente, sólo el 13% de la población ha tenido acceso a algún financiamiento, debido a que no pueden cumplir con las condiciones crediticias.

El proyecto busca reducir las barreras que limitan el uso de estufas mejoradas y facilitar el acceso a la compra de este producto, siendo la principal de ellas el acceso al crédito. Los fabricantes de estufas se encuentran en una situación similar: una muy baja productividad, procesos artesanales, falta de escala y acceso a nuevas tecnologías. También tienen dificultades para recibir créditos a fin de mejorar sus procesos productivos. En este sentido, se implementarán medidas como garantías de préstamos a productores y consumidores a fin de mejorar el acceso al crédito, la productividad, la eficiencia y los costos de fabricación de las cocinas.

Con esto, en Guatemala, las comunidades indígenas y rurales tendrán una mejor llama. Más de 1,1 millones de personas, en su mayoría mujeres indígenas y niños en áreas rurales, que viven en condiciones vulnerables serán beneficiarios directos. El uso de cocinas mejoradas también impactará en la salud y en las condiciones medioambientales de los beneficiarios. De igual manera, se incorporará al programa a más de quince fabricantes de cocina.

Nuevas tecnologías para estufas solares

Las comunidades indígenas y rurales también podrán contar con tecnologías de cocción alternativas, incluidas la inducción, biogás y estufas solares. Esto se realizará a través de una prueba piloto, en coordinación con otros actores involucrados, como empresas de distribución de electricidad, la cooperación internacional, ONG y agencias gubernamentales.

Las acciones implementadas por el BID procuran establecer sinergias entre actores claves para garantizar una mejor focalización y ejecución de las operaciones. De esta manera, buscamos articular los actores de la cadena de valor a fin de garantizar la eficiencia y focalización de nuestras acciones.

Al mismo tiempo, los resultados de este proyecto piloto generarán insumos para la adopción de políticas públicas que beneficien a los sectores más vulnerables y que sean, posteriormente, replicadas a nivel nacional.

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