Una investigación del CNIC cambia la forma de tratar los infartos

El corazón humano reacciona ante un infarto de una manera muy diferente a como se pensaba hasta el momento. Lo acaban de descubrir científicos del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares Carlos III (CNIC), Fundación Jiménez Díaz (FJD) y del Hospital Universitario de Salamanca, liderados por el cardiólogo Borja Ibáñez.

El trabajo, publicado en “Circulation” y “Circulation Research”, dos prestigiosas revistas, echa por tierra un dogma clásico según el cual después de un infarto hay una reparación progresiva del miocardio.

Hasta ahora se pensaba que inmediatamente después de un infarto, tenía lugar una reacción inflamatoria, que provocaba un incremento del contenido de agua y células en el tejido infartado. Y se asumía que esta reacción permanecía durante una semana como mínimo y después iba desapareciendo de forma progresiva.

Pero este viejo dogma se tambaleó hace dos años, cuando este mismo equipo publicó una serie de trabajos que apuntaban en otra dirección. En realidad, parecía existir una reacción inflamatoria bimodal, al menos en animales de experimentación. Lo que significa que hay una segunda onda inflamatoria/edematosa prominente, que ocupa toda el área que estuvo sin riego sanguíneo durante el infarto.

Sin embargo, quedaba por dar un importante paso para validar su hallazgo: demostrar que en pacientes también ocurre esta reacción bimodal tan peculiar del músculo cardiaco tras un infarto. Algo nada fácil porque se necesita un entorno muy especial donde se puedan realizar estudios de resonancia magnética inmediatamente de abrir la arteria coronaria a pacientes que están sufriendo un infarto.

Y eso es exactamente lo que acaban de hacer, convirtiendo este trabajo en pionero en el mundo, porque nunca antes se había estudiado con resonancia magnética el corazón humano de manera tan cercana al momento de un infarto. Y lo más importante para el paciente, este trabajo nos demuestra que las resonancias magnéticas deben de realizarse entre el día 4 y 7 post-infarto.

Pocos centros tanto por la tecnología necesaria, como por la logística tan compleja, puede llevar a cabo una investigación tan detallada y con implicaciones tan importantes.

La participación del Hospital Universitario de Salamanca ha sido fundamental. Como explica Pedro Luis Sánchez, jefe de cardiología en este hospital: “Hemos podido realizar este trabajo gracias al entusiasmo de todo nuestro servicio ya que los pacientes con infarto acuden a cualquier hora del día o la noche, incluidos los fines de semana, y teníamos que realizar la primera resonancia magnética dentro de las 3 horas que siguen a la apertura de la arteria coronaria con un stent. Los pacientes en este periodo son vulnerables y, además de un equipo de expertos de resonancia magnética, necesitábamos el apoyo clínico para el cuidado continuo durante la prueba”.

Además de los estudios en pacientes, se ha utilizado el modelo porcino de infarto, el más parecido al humano. Gracias a la infraestructura de investigación traslacional única que hay en el CNIC, que incluye réplica de los equipos de imagen humana para estudios experimentales, han demostrado que las terapias aplicadas durante el infarto son capaces de cambiar la composición del músculo cardiaco durante las primeras horas tras la reperfusión, con lo que se consigue una recuperación del corazón mucho más rápida.

Para el cardiólogo Rodrigo Fernández-Jiménez, primer autor del trabajo, “poder visualizar los procesos que ocurren tras un infarto (inflamación, expansión de volumen del tejido, presencia de hemorragia u obstrucción de la microcirculación) de manera no invasiva y en tiempo real con resonancia magnética es excepcional. Paradójicamente, el conocimiento de la reacción del miocardio a un infarto es aún muy escaso y sólo gracias al uso de la resonancia magnética, técnica que da un detalle milimétrico de la composición de los tejidos de manera no invasiva, estamos empezando a descifrar muchos de estos misterios”.

El proyecto es el resultado de una línea de investigación que comenzó hace más de 10 años en el Hospital Monte Sinaí de Nueva York (EEUU), que dirige el prestigioso cardiólogo Valentín Fuster, también autor de los trabajos publicados desde CNIC.

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