Nuevas metodologías. Nuevos descubrimientos. Frente al avance rápido de la tecnología. Nuevos players globales surgiendo. Nuevas tendencias. El conocimiento evoluciona rápidamente en la actualidad. Por ello, actualizarse como profesional en innovación y conocer las nuevas metodologías de detección de estos constantes cambios de manera efectiva, hace de la formación una actividad indispensable dentro de las empresas que quieren seguir creciendo y acompañando las tendencias de competitividad del mercado.

Formarse y adquirir nuevos conocimientos ayuda a mejorar las habilidades prácticas conociendo las diferentes metodologías implementadas por sectores estratégicos que nos dan la confianza necesaria para poder seguir innovando y actualizándonos. La formación se ha convertido en una de las variables más esenciales del desarrollo de las empresas, por varios aspectos: la importancia que ha tomado el conocimiento como factor esencial en la diferenciación y generación de ventajas competitivas, asociado a la investigación, estudio, desarrollo tecnológico.

La formación es también una de las diferentes estrategias para introducir los procesos de innovación tecnológica. La formación no sólo facilita el proceso de incorporación de innovación tecnológica en las empresas, sino que constituye una forma de implementar nuevas estrategias organizacionales y conseguir las metas de la organización, a través de una formación práctica que posibilite el acceso a nuevas herramientas de gestión que estimulan e incentivan sus profesionales a innovar.

Hasta el momento, la formación tenía todavía un carácter esporádico y coyuntural, se concibia aún con una visión equivocada siendo tratada como un gasto más. Actualmente las empresas poco a poco empiezan a sensibilizarse paulatinamente sobre la importancia de la relación entre la innovación tecnológica y la imprescindible formación de los profesionales que la gestionan. Las empresas que realmente piensan de forma estratégica ya han conceptualizado que la formación es una inversión de futuro y no es vista como un servicio más de las empresas de consultoría.

La formación debe ser vista como una herramienta útil y potente para la gestión y el desarrollo global de la organización, siempre y cuando ésta sea concebida como una inversión y no como un gasto, como un servicio y no como un producto, integrada de manera operativa y estratégica en la gestión global de la empresa y no como acciones esporádicas más o menos coyunturales.

De esta manera, la formación en innovación debe ser concebida por la organización como un instrumento de apoyo a los equipos que buscan mejoras de sus procesos y metodologías de trabajo más allá de su carácter esporádico. Se aprecia en los últimos años, cada vez más, la búsqueda de cursos más prácticos que aporten herramientas útiles en las funciones diarias de ejecución y dirección, pero que también sean aplicables a la realidad de los profesionales que ejercen cargos de gestión de equipo de las organizaciones para que este conocimiento pueda ser propagado en la organización y alcance los resultados esperados: es decir, el Training the trainers.

El crecimiento del incentivo a la inversión en formaciones en las organizaciones estará directamente relacionado al grado de satisfacción de la organización en cuanto a la aplicación del aprendizaje a su día a día y sus necesidades de mantener su personal con el nivel exigido por el mercado, dejando capacidades instaladas dentro de sus organizaciones y que además sean replicables. Es necesario cada vez más formar a formadores para que las empresas tengan siempre sus profesionales actuando con su mejor nivel de capacidad.

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