De izquierda a derecha, Acácio Alves de Souza Lima (presidente de la Academia de Ciencias Farmacéuticas de Brasil), Stella Moreno, (UPCT), Antonio Rabasco (Universidad de Sevilla), Bartolomé Ribas (CSIC).

La contaminación del aire puede aumentar el riesgo de mortalidad a corto plazo. Así lo ha demostrado un análisis epidemiológico en 652 ciudades de todo el mundo, incluidas Madrid, Barcelona y Sevilla. Estudios como este se hacen comparando los niveles de contaminación con base en la presencia de ciertas partículas.

Para Stella Moreno (Alcoy, 1959), catedrática del departamento de Ingeniería Química y Ambiental de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT), el problema es que ni siquiera sabemos a ciencia cierta cuáles son esas partículas. “No sabemos lo que estamos respirando… Tendría que haber más programas de investigación para definir bien qué es lo que se está respirando”, sostiene la coordinadora de la Red Aerobiológica de la Región de Murcia.  “Hay determinadas cosas que quedan fuera de la ley”, añade.

Cada industria, como la agrícola, genera una serie de contaminantes que pueden ser nocivos para la salud y no sabemos en qué cantidad se encuentran en el aire, explica -no quiso precisar cuáles "para no generar alarma"-. Aunque Moreno investiga lo que sucede en España, más precisamente, en Murcia, cree que esto no es un problema solo local, sino global.

Moreno y su grupo de investigación de aerobiología y toxicología ambiental tienen en marcha dos proyectos relacionados con la contaminación atmosférica. Uno es un proyecto piloto para investigar cómo afectan los cruceros en la calidad del aire, una convocatoria de la Autoridad Portuaria de Cartagena, el otro es uno sobre contaminantes de origen biológico, realizado en colaboración con la Universidad de Castilla-La Mancha, financiado por el Ministerio de Economía y Empresa.

La científica criada en Cartagena es la primera mujer en haber ganado en España una cátedra de Tecnologías del Medio Ambiente y la primera mujer que se incorporó como profesora en la Escuela de Ingeniería Industrial de la UPCT en 1981.

En agosto fue invitada a participar en el I Simposio Iberoamericano de Ciencias Farmacéuticas. Unas semanas antes del evento, la Academia de Ciencias Farmacéuticas de Brasil le comunicó que había sido nombrada Académica Correspondiente Extranjera. Los investigadores españoles, Antonio Rabasco de la Universidad de Sevilla, Bartolomé Ribas, investigador científico, ya jubilado, del CSIC, que asistieron al simposio, también recibieron dicha distinción.

En el evento Moreno habló sobre la importancia de la epigenética (el mecanismo de modulación de la expresión de los genes que no obedece a una alteración de la secuencia del ADN) en la relación entre medio ambiente y salud. “Se sabe de los efectos tóxicos que tienen ciertas sustancias pero no los mecanismos que están detrás”, afirma.

Un mismo material hereditario puede dar lugar a expresiones diferentes, relacionadas con cambios que ocurren en el medio ambiente. “Se ha visto que los contaminantes tienen efectos epigenéticos”, subraya y asegura que algunos metales como el cromo o el cadmio, los compuestos orgánicos persistentes, el bisfenol a, entre otros, pueden promover estos cambios. 

“Hasta hace unos años se pensaba que para que cambiara un gen tenía que haber una mutación. Lo que se ha visto es que puede haber un mecanismo de regulación que dé lugar a un cambio observable, sin necesidad de que haya una mutación, sin que haya un cambio en la secuencia de las bases del ADN”, explica. 

Pero no solo influyen las cuestiones ambientales en los mecanismos epigenéticos o los factores nutricionales, “la situación socioeconómica, dentro de la familia, la adversidad en la infancia, el estado de salud de la madre durante la gestación… todo eso influye en la epigenética”, afirma.

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