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La investigadora Sara Lenzi.

Sara Lenzi: Italia-Singapur-Bilbao, la sonificación del dato y las nuevas rutas de la Inteligencia Artificial

La investigadora italiana ha desarrollado junto al Instituto Ibermática de Innovación (i3B) un sistema de ciberseguridad que alerta de anomalías en redes digitales a través de sonidos procedentes de algoritmos inteligentes

Reconoce que llegó a lo multidisciplinar demasiado pronto. “A principios de los 2000, los perfiles híbridos gozaban de consideración en los círculos creativos, pero, si hablamos de trabajo puro y duro, la Europa del sur, más conservadora, todavía no estaba preparada”. Sara Lenzi estudió Filosofía -“estoy especializada en Filosofía de la Ciencia”- en un tiempo en el que arrancaba el siglo y la Inteligencia Artificial aún se aproximaba más a a la ciencia ficción que a la aplicación práctica.

Su tesis doctoral también dice mucho del enfoque de sus trabajos posteriores. “Pienso que todos, a través de nuestras experiencias, somos generadores de conocimiento científico, aunque su formalización posterior responda a convenciones sociológicas e históricas”, asegura Lenzi. En esta línea, la investigadora italiana formó parte del movimiento Science and Technology in Society (STS), cuyos argumentos han sido incorporados a la gobernanza de la Unión Europea.

Música + Tecnología + Emprendimiento

El otro pilar que la ha guiado tiene que ver con la música. Cerca de dos décadas de conservatorio la convirtieron en saxofonista y (casi) pianista profesional –“lo dejé en octavo curso, cosas de la adolescencia”- antes de sentirse atraída por la música electrónica. “Desde muy pronto indagué en la que hoy es mi principal ocupación: el diseño del sonido. Había un caldo de cultivo muy interesante para la experimentación artística conectada con la tecnología; los sensores eran más baratos, Arduino facilita la creatividad sonora. Hoy sigo poniendo en marcha instalaciones artísticas como las de aquella época siempre que me lo piden”.

Sara Lenzi decide dar forma a este coctel y crea su propio proyecto de emprendimiento, sounDesign, que florece en Singapur después de iniciarse en Italia a raíz de un premio otorgado a mujeres innovadoras. En 2010, decide cambiar de papel y pasa a asesorar a distintas startups como directora de estrategia, profundiza en la interacción entre el sonido y los productos, y conoce el mundo del big data. “Lo que he notado es que antiguos clientes de sounDesign quieren que les asesore de nuevo. Es una segunda etapa para la empresa, ahora como consultora”.

El paralelo, la Inteligencia Artificial avanzaba a un ritmo vertiginoso. Sara Lenzi había vuelto a la investigación, estudiando diseño industrial en el Politécnico de Milano, donde se interesa por un campo, la sonificación de datos, habitual en astronomía, sismología o astrofísica, pero listo para subir varios peldaños gracias a los algoritmos inteligentes.

Alianza con Ibermática

En su segundo año de doctorado pone rumbo a Bilbao. En el Instituto Ibermática de Innovación (i3B) ha pasado los últimos meses inmersa en la pura disrupción. “El planteamiento de mi proyecto en Ibermática liga sonificación de datos y ciberseguridad. Daremos la posibilidad a los responsables de los centros de control de redes digitales de tener otra vía de alerta a través del sonido, más allá de lo visual”.

Sara Lenzi había trabajado en la sonificación de datos de redes físicas, en concreto acuedutos. Ibermática y el i3B le permiten aplicar ese know how a redes digitales, más complejas porque el flujo de datos es más intenso y continuo. “El objetivo es tener en el sonido un nuevo aliado. Con Ibermática ha habido que programar desde cero, desarrollar los algoritmos que interpreten los datos e informen de que algo no va bien mediante sonidos. Hemos optados por sonidos agradables, procedentes de la naturaleza. Está demostrado que los sonidos estridentes agotan. Pensemos en trabajadores con turnos de varias horas a los que conviene no estresar en exceso".

La inteligencia artifical obtenida es capaz de detectar anomalías en la red en tiempo real, y especificar su gravedad. Por tanto, alerta con distintos niveles de intensidad, en función del cariz del problema. “Esto es interesante porque sitúa al ser humano en el centro de la toma de decisiones”, apunta la investigadora.

Aunque no ha sido fácil debido a la pandemia, han testado el sistema en entornos reales. “Estamos muy contentos con los resultados. El sonido parece estar bien diseñado y el apartado estético ayuda a que funcione mejor. El proyecto será parte de la defensa de mi doctorado”, añade Lenzi.

Infinitas posibilidades

¿Y después? “La idea es que tome forma de producto”, afirma. “No olvidemos que este es un ámbito aún dominado por la experimentación y que no será sencillo escalarlo. Muchas iniciativas similares son de momento investigación y la mayoría de las que habitan en el mercado están incompletas. Su aplicación comercial no está del todo clara. Lo que es evidente es que tiene potencial. El exceso de información es un problema para los operadores, hemos sido capaces de detectar anomalías y comunicarlas con sonidos de manera inteligente”.

El abanico de la sonifcación de datos no ha hecho más que empezar a abrirse. “El contexto es muy positivo. Los sistemas de sonido se han abaratado y se han roto otras barreras de cariz sociológico que no son banales. Por ejemplo, ahora todo el mundo lleva auriculares. Las posibilidades de modelizar datos en forma de sonidos son infinitas. Me han pedido ayuda para dotar de sonoridad a los coches eléctricos. Además, quiero llevar la tecnología NFT a la identificación de productos artísticos digitales. Darles un sello con una identidad unívoca que ayude a la compra, la venta y a no reproducirlos. La sonificación puede jugar un papel destacado”, concluye Sara Lenzi.

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