En 2016, Sara Cobos y Fernando Cervigón fundaron Trees4Humanity, una ONG dedicada a la reforestación. Amante de los animales y miembro de una familia concienciada con el medio ambiente, Cobos se dio cuenta según crecía de que la solución no pasaba por “adoptarlos a todos”, sino por preservar sus hábitats. Además existía, según la emprendedora, una necesidad que cubrir, ya que no son tantas las iniciativas de este tipo que focalizadas en cambiarle el ritmo a la deforestación.

“Llegamos a Borneo para denunciar lo que ya entonces era un secreto a voces: los devastadores efectos sobre el ecosistema del consumo masivo de aceite de palma”, explica Cobos, y añade que es entonces cuando fueron de pleno conscientes de que uno los grandes enemigos para llevar a buen puerto sus intenciones era el plástico; acumulado en campos, playas, océanos….

Fue así como deciden poner en marcha una actividad aparte, ‘hermana’ de Tree4Humanity. Con la idea de que todo el mundo pudiera tener a su alcance consumir de forma responsable al menos una parte de los productos cotidianos fundan Todarus. Comenzaron a recoger plásticos de las costas y a promover el uso de productos fabricados con materiales sostenibles.

Todarus acaba de nacer y avanza despacio, pero sin pausa. “Para que los productos eco y bio empiecen a quitarse de encima que su principal defecto es el alto precio es necesario que el consumo de estas alternativas crezca. Es pura economía de escala”, apunta Sara Cobos, que no cree que su startup tenga que experimentar una expansión constante. “Hay que aprender a vivir de una forma mucho más consecuente, y esto afecta a todas las facetas de la vida”.

Pese a todo, Cobos es optimista, y en los últimos años ha experimentado cómo sus hipotéticas rarezas “con las que no dejaba de dar la chapa a todo el mundo” han empezado a captar la atención de los medios. “Pero no olvidemos que nuestros abuelos no usaban bolsas de plástico, sino cestas de mimbre. Este derroche es más nuevo, de pocas generaciones atrás, las que han considerado normal tirar algo al suelo porque después un barrendero lo va a recoger. Hemos avanzado, pero no nos queda otra. El ser humano es muy bueno buscando soluciones a grandes problemas, y éste lo va a resolver porque, si no, las pérdidas que dejemos en el camino son y serán catastróficas”.

¿Qué ofrecen?

Por el momento, Todarus produce objetos que se crean a partir de bioplásticos, que permite sustituir al plástico que procede del petróleo por un material con propiedades similares pero hecho a partir de materiales orgánicos como el lino o las cáscaras de café. De este modo, y como ejemplo, los cepillos de dientes de Todarus pueden desintegrar con el paso del tiempo (“el cepillo se puede enterrar en el jardín de casa y se desintegrará con el paso de los meses”).

Lo mismo sucede con las pajitas que Todarus están empezando a distribuir a distintos bares y restaurantes españoles. Están hechas a base de materiales biodegradables y, por lo tanto, no impactan negativamente sobre el medio ambiente. Además, su tienda vende la Eco-bottle, una botella metálica que pretende terminar con el uso indiscriminado de botellas de plástico.

Pajitas biodegradables

Por otro lado, Todarus ofrece productos que se crean a partir de plásticos reciclados. En este caso, la startup social ha puesto en marcha varias acciones de recogida de residuos del mar, dentro y fuera de España.

De hecho, en el mes de octubre, el equipo de Todarus va a comenzar un proyecto en Indonesia donde va a establecer equipos de trabajo con comunidades locales. El objetivo es darles un trabajo digno y ofrecerles la infraestructura para que lleven a cabo la recogida de plásticos que se acumulan en algunas de las reservas de la biosfera más importantes del mundo. Después el plástico se tratará en la fábrica de procesado financiada por Todarus, de donde saldrá el material para crear los nuevos productos que la startup social pondrá a la venta en su página web.

Para adquirir estos productos, el usuario tiene que hacer una compra anticipada de con un modelo de micro financiación (se compra y reserva el producto antes de que esté fabricado). De esta manera las compras cotidianas sirven también para financiar proyectos, ya que en el momento de hacer el pago, el cliente puede elegir entre plantar un árbol o reciclar un kilo de plástico del mar, proyectos que llevan a cabo desde la ONG Trees4Humanity a donde destinan el 100% de los beneficios.

Además, Todarus ya está investigando el uso de los bioplásticos en nuevos productos presentes en nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, bastoncillos o bolsas de plástico, dos productos que estarán prohibidos por la Unión Europea en los próximos años.

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