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Santi Mier: “Hay que lanzarse al futuro en lugar de gestionar como si el pasado fuera una garantía de éxito”

El fundador y director general de Ocean52 explica el hito que supone para la compañía de bebidas lograr la certificación B-Corp, y el ejercicio de transparencia que implica medir la reciclabilidad real de sus envases
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Santi Mier, fundador y director general de Ocean52.
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En Ocean52 aseguran que el planeta es su mayor socio. La compañía de bebidas, creadora de No Plastic Water, destina el 52 % de sus beneficios a actividades de protección de los océanos. El último hito en dejar claro que su filosofía es ir mucho más allá de una declaración de intenciones, ha sido obtener la acreditación como empresa B Certificada, un reconocimiento que apenas han logrado un centenar de empresas en España y 4.000 en todo el mundo.

B Corp es una organización sin ánimo de lucro que promueve el impacto positivo de los negocios. “Hemos pasado a formar parte de las empresas buenas para la sociedad y buenas para el planeta”, señalaba Santi Mier, fundador y director general de Ocean52.

Innovaspain habla con Mier días después de hacerse pública una distinción que ha supuesto 16 meses de intenso trabajo. Con 101 puntos (el mínimo es de 80), la de Ocean52 es la nota B Corp más alta obtenida por una compañía española de alimentación.

El imperativo de mejorar

“Nos gusta ser parte del grupo pionero de empresas que quieren darle la vuelta a los negocios, para que el negocio en sí mismo sea la fuerza del cambio. Aún somos una mezcla de empresas pequeñas y grandes, pero todos nos llevamos bien y colaboramos porque consideramos la necesidad de modificar un modelo económico poco transparente con su impacto en la sociedad y el medioambiente”, detalla Santi Mier.

La alta puntuación lograda “nos enorgullece, pero también nos obliga a mejorar”. En Ocean52 decidieron someterse a la acreditación dentro de sus objetivos como empresa madura. “Creíamos hacer bien las cosas, pero había llegado la hora de que lo confirmaran ‘ojos’ externos”. Mier no oculta que las exigencias de B Corp implican el perfeccionamiento continuo de los parámetros analizados, que vuelven a ser auditados cada tres años.

“Es una certificación que está ganando mucha reputación precisamente por este nivel de exigencia y por su carácter colaborativo”, añade Mier. “En los próximos años muchos se van a sumar porque te ayuda a mejorar como compañía y, de cara al consumidor consumidor, la certificación será una garantía de calidad”.

Una medición fallida

Ocean52 también ha sido pionera en medir y comunicar la reciclabilidad real de sus envases. Lo ha hecho siguiendo la metodología desarrollada por la consultora Dríade, dirigida por Raquel iglesias, y la cátedra de Cambio Climático y Ciclo de Vida de la UNESCO

“En la actualidad hay muchos ‘grises’ en la manera de medir la reciclabilidad real de los envases. Las propias cifras de reciclado no son reales. Si reciclásemos tan bien como dicen las estadísticas no tendríamos un problema urgente, esa es la realidad”, asegura Santi Mier.

Entonces, ¿dónde falla la cadena? En el caso de los residuos domésticos, las mediciones de reciclado consideran a todos aquellos que son depositados en contenedores selectivos y pasan a una planta de reciclaje. “Da igual si el tratante de residuos recupera la mitad o incluso menos, y quema el resto o, como es habitual, los vierte a la naturaleza”. El caso más extremo de lo expuesto por Mier es la exportación de residuos, sobre todo a países del Sudeste Asiático, donde la recuperación apenas superaba el 10 % del total.

Transparencia para cambiar el rumbo

“El sistema de medición actual no es bueno ni para el consumidor ni para la industria. Las leyes no deberían permitirlo”. Mientras, en Ocean52 decidieron llevar a otro nivel la transparencia en lo que respecta a sus envases. “Dríade analizó los materiales que utilizamos, cómo de preparado está el país para reciclar ese material y el reciclaje real de nuestros envases. Somos conscientes de que la perfección no existe y que hay que considerar a toda la cadena”.

El resultado fue que un 98 % de la composición de las latas de Ocean52 vuelve a la circulación, la tasa más alta de su mercado. “Hemos sido los primeros en informar así al consumidor. Si alguien expone que su envase es 100 % reciclable, además de nos ser cierto, no deja margen para una mejora muy necesaria. Aunque la nota sea baja, nuestra visión es que hay que ser honestos y decirlo. Solo así cambiaremos las cosas ya que a los océanos y a los bosques siguen llegando plásticos y químicos.

Las bondades del aluminio

En Ocean52 optaron por el aluminio por varias razones. La más importante es que, al igual que otros minerales monomateriales, como el oro o el acero, el aluminio es eternamente reciclable. Además, disfruta de una demanda constante, otro factor clave para su alta circularidad. De este modo, a día de hoy sigue en uso el 72 % del aluminio extraído a lo largo de la historia.

La latas de Ocean52 están hechas de aluminio eternamente reciclable.

En España, el aluminio goza de una tasa de reciclabildiad relativamente alta (roda el 70 %). En países como Brasil, donde solo el 9 % de la población admite reciclar, este porcentaje se dispara hasta el 92 %. Detrás está la economía informal, con personas que recogen los residuos de aluminio, mucho mejor pagados que los de plástico. “Reciclar aluminio es sencillo, barato y requiere poca energía. En el lado contrario, el plástico siempre quedará fuera de la Economía Circular porque no genera valor por sí mismo”, apunta Santi Mier.

Así, una lata de Ocean52 puede fundirse y acabar convertida en una pieza de ortodoncia o ser parte de un panel solar. “Todo en ella es aluminio excepto la pintura exterior y el barniz interior, un 1,5 % del total de la lata, lo único que no podemos recuperar tras el fundido”.

“Por desgracia, el trabajo que tenemos por delante es inmenso” (Santi Mier)

El 18 de mayo, el Gobierno remitió a las Cortes el proyecto de Ley de Residuos y Suelos Contaminados para impulsar una economía circular y baja en carbono. Una semana después, era aprobado el I Plan de Acción de Economía Circular, con un presupuesto de 1.529 millones de euros.

Santi Mier aplaude el paso adelante que suponen las medidas impulsadas por Teresa Ribera al frente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. “La economía circular es clave para desarrollar los negocios del futuro; pensar en el posconsumo al margen del servicio y el beneficio. Debemos ser responsables con el impacto que generamos”.

El equipo de Ocean52 tras pasar a ser empresa B Certificada.

Con sentido de urgencia, el director general de Ocean52 reclama a su vez que estas estrategias se implanten de manera contundente”. “Por desgracia, el trabajo que tenemos por delante es inmenso. No nos queda mucho tiempo si no queremos acabar con los recursos del planeta. Regulemos con nuevas leyes, pero hagámoslo rápido. Además, es imprescindible que las mediciones de circularidad sean transparentes y reales. Si no, la ley no sirve de nada”.

En este camino, Mier percibe que desde la empresa tienen mucho que aprender, pero también cantidad de know how que aportar. “Por un lado, estamos los que abogamos por el cambio radical y dar el salto a la circularidad como oportunidad de impacto y negocio. De otra parte, nos encontramos con empresas que quieren gestionar la transición y no entrar aún en una nueva realidad. Seguramente tengamos que llegar a un término medio y mantener una conversación de la que también formen parte las administraciones públicas. Parece claro que nos toca poner las luces de largo alcance y pensar en un escenario a 20 años vista. Hay que atreverse. Lanzarnos al futuro en lugar de gestionar como si el pasado fuera una garantía de éxito”, concluye Santi Mier.

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