Ruth Lázaro, directora de Taisi

“La innovación es ser capaces de abrir la mente”

Hay trabajos que llegan de manera casual, otros por vocación y otros casi por casualidad. O tal vez no. En el caso de Ruth Lázaro esta historia comenzó desde el mismo momento en el que nació. Su abuelo, José María Lázaro, había formado a principios del siglo XX una empresa dedicada a la venta de viveros y a la fabricación de conservas de fruta. Un terreno en el que esta aragonesa no quería entrar, hasta que las circunstancias la llevaron a convertir Taisi en una empresa con la el signo de la innovación como bastón de mando.

“Tenía muy claro que nunca me iba a dedicar a la empresa familiar y estudié sociología”, apunta Lázaro a InnovaSpain, que se vio obligada a trasladarse a Calatayud (Zaragoza) por motivos familiares y terminó por ponerse al frente de la empresa. “Pensé que iba a ser algo de paso, pero me fui enganchando y aquí sigo ciegamente enamorada de mi trabajo”, destaca.

Pero, ¿qué hace Taisi? ¿Cómo se puede aplicar la innovación en un sector como el agroalimentario? Para la directora de esta pyme compuesta por 40 a 50 personas [dependiendo de la época del año dada la estacionalidad del sector] el problema se encuentra en pensar que “la innovación es hacer grandes cosas”. Al contrario, apunta: “La innovación es ser capaces de abrir la mente y proponerse hacer cosas mejores en consonancia con la estrategia y los valores de la empresa”.

Para esta aragonesa el quid está en ampliar el foco del concepto. “Parece que tengamos que enfocarlo a hacer un nuevo producto, pero nosotros tratamos de llevarlo a todos los procesos de la empresa: desde cómo nos relacionamos con el exterior, con los clientes, hasta en los procesos internos de relación con los trabajadores”.

Actualmente Taisi se encuentra inmerso en el terreno de la fruta confitada, la mermelada y los rellenos [tanto para dulce como para salado], las frutas en almíbar e incluso en SO2. No obstante, también se halla desarrollando nuevas técnicas de innovación en la elaboración de productos con procesos menos agresivos con la fruta. Es decir, señala Lázaro, “está claro que tenemos que realizar una intervención alimentaria, pero buscamos hacerlo con tecnologías cada vez menos invasivas y más respetuosas como el medio ambiente y la materia prima”.

Así es como han surgido varios de sus productos estrella entre los que se encuentran líneas tan llamativas como la de verduras confitadas, donde su zanahoria logró en 2016 el ‘Premio al Sabor Superior’ del International Taste & Quality Institute (iTQi); galardón conocido popularmente como las estrellas Michelín de los productos alimentarios. Y no ha sido el único. Un año antes su línea de naranja confitada logró el mismo reconocimiento.

Sus continuos impulsos innovadores han llevado a esta pequeña empresa familiar de Calatayud a convertirse en finalista del Open Innovation 2015 y en los Premios Aragón ‘Empresa y Futuro’, ambos en la Comunidad Autónoma; además de ganar el Premio a la Industrialización y Comercialización Agroalimentaria otorgado por la Alianza Agroalimentaria Aragonesa en 2016, así como el Premio Cepyme Aragón Comarca de Calatayud 2016. La propia Ruth Lázaro también ha sido objeto de reconocimiento, tal como sucedió en 2011 cuando la Asociación Aragonesa de Mujeres Empresaria ARAME la reconoció con el Premio Empresaria de Aragón por su trayectoria profesional. Un galardón que pone de manifiesto que el emprendimiento femenino es visible en todos los terrenos industriales.

“Sector alimentario, tercera generación, mundo rural, mujer y joven… en principio tenía todos los puntos negativos”, explica Lázaro, para asegurar que estas características “no se iban a convertir dificultades”, sino que ha tratado de “explotarlas con una gran fuerza y convicción” para no limitarse en el ámbito laboral. “A la pregunta de si por ser mujer he tenido problemas te podría decir que sí, pero creo que la mayor limitación es la que nos ponemos nosotros mismos”, señala. “Ha habido ocasiones en las que me he sentido ‘la cuota femenina’, pero con trabajo cada vez tengo más lugar en esos grupos y se me llama más por lo que aporto que por ser simplemente mujer”, confiesa Lázaro. Aun así, matiza, “aún nos queda mucho para seguir trabajando”.

Es precisamente en eso en lo que se encuentra inmersa en la actualidad: en el trabajo por desarrollar Taisi: “Quiero que sea un lugar mejor y feliz para trabajar, que el equipo crea en el proyecto y colabore para hacerlo crecer”.

“Ahora mismo estamos en más de 180 clientes de los cuales un 35% son exportación”, argumenta, para añadir que “además de la innovación estamos en una etapa de especialización y profesionalización”. Por un lado, profesionalizada en los procesos; por otro especializada en generar productos a medida de los clientes.

“Ya no vale el producto para todos, ahora lo que cuenta es la exclusividad, el diseño mano a mano con nuestros clientes para que cada resultado sea único”. Y, aunque en Taisi hagan ingredientes para el siguiente en la cadena de producción –no se elaboran productos finalizados en el mercado–, cada vez haya más consumidores que tengan un trocito de Taisi en sus hogares.

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