Rodolfo Pastore: “Se necesita otro enfoque del desarrollo productivo”

Director del Departamento de Economía y Administración de la UNQ (Argentina)

Rodolfo Pastore, el director del Departamento de Economía y Administración de la UNQ (Argentina)
Rodolfo Pastore, el director del Departamento de Economía y Administración de la UNQ (Argentina)

Llegó a la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) en 1994, donde en la actualidad dirige el Departamento de Economía y Administración. Rodolfo Pastore es un economista argentina que desarrolla su trabajo desde una perspectiva social.

Tiene en cuenta dos cuestiones sociales en su investigación. En primer lugar, necesidades insatisfechas; cuestiones vinculadas, en su momento, a la pobreza, la desigualdad, la falta de trabajo o la exclusión social. En segundo, la acción de transformación, concepto que será clave para pensar cómo pasar de las cuestiones mencionadas a una situación de avance de los sectores populares.

No hablamos de algo nuevo, sino de un vertiente de la economía que existe desde hace mucho tiempo. En el sector urbano (grandes y medianas ciudades) lo que existe es “un entramado de cooperativas y mutuales que tienen 200 años y que forman lo que llamamos una economía social institucional”. 

“Son grandes organizaciones económicas de muchos años, con una gestión empresaria muy fuerte y democrática, que están asentadas en los territorios, que generan trabajo y tienen una finalidad social; son las que proveen servicios de energía, gas, telefonía y comunicaciones, entre otros”, afirma en una entrevista publicada en la web de la propia universidad. “El cooperativismo y mutualismo es un gran sector empresario-social que no ha sido reconocido como parte del empresariado nacional”.

“Son empresas, grandes en algunos casos, desconocidas, ninguneadas y poco promocionadas. Por caso, el cincuenta por ciento de la provisión de energía eléctrica en la provincia de Buenos Aires se garantiza a través de cooperativas”, añade.

Pastore señala que estas entidades “no tienen una finalidad lucrativa”, pero eso “no quiere decir que no tengan excedentes si hacen bien las cosas”. En cualquier caso, “su objetivo es reinvertirlos con una finalidad social”.

A esto hay que añadir una gestión democrática. “Si bien pueden existir las jerarquías, por ejemplo, en las cooperativas de servicios los clientes son usuarios y esos usuarios son socios con capacidad de ejercer esa democracia –dice el economista argentina–. Aquí la toma de decisiones no está asociada a la posesión de capital sino a la idea de ‘una persona, un voto’”.

“Por otro lado, están asentadas en el territorio, lo cual es clave porque implica que la agenda territorial será central y, dentro de ella, la importancia de los puestos de trabajo”, apunta esste docente e investigador.

ECONOMÍA SOCIAL Y SOLIDARIA

Todo ello pone de manifiesto el potencial de la economía social, la cual, “en situaciones de auge económico, es la que genera en términos proporcionales un mayor crecimiento de puestos de trabajo”. Además, “en momentos de crisis es donde se registra una menor pérdida de esos puestos”.

La economía solidaria, según sus propias palabras, consiste en “iniciativas de personas, colectivos o comunidades que se asocian para atender problemáticas sociales mediante acciones socioeconómicas con finalidad social y gestión democrática”. “La diferencia es que innovan, generan nuevas formas de atención de esas necesidades”.

Como ejemplo, Rodolfo Pastore habla de las dificultades para acceder al sistema crediticio, “debido tanto a la falta de inclusión financiera como a la participación de ese dinero en circuitos ilegales. “La economía solidaria tiene iniciativas en el sector financiero que son impresionantes –continúa–. Un caso son los programas de microcréditos, donde el peso fundamental está en la confianza, en la credibilidad. Otro ejemplo son las iniciativas vinculadas a la banca ética, que realiza un seguimiento del dinero que ingresa al sistema financiero. Otro caso es la industria del software en nuestro país, que también es digna de mencionar, ya que hay un cooperativismo impulsado por profesionales y técnicos que es muy fuerte.

 La unión hace la fuerza. “Tanto en la economía social institucional como en la economía solidaria y en la economía popular, la única estrategia viable de crecimiento y sostenibilidad de desarrollo genuino del sector es la asociación –apunta el profesor de la UNQ–. La construcción colectiva de esa economía es fundamental para armar una agenda reivindicativa y de desarrollo”.

Para terminar, se lamenta de que la agenda hegemónica en América Latina sea “el extractivismo”. Y advierte de que “el desarrollo a largo plazo en el siglo XXI no puede tener esa estrategia”. “Se necesita otro enfoque del desarrollo productivo para el agro, las energías y las economías regionales, que, a su vez, se combine con una agenda vinculada a energías renovables, a una agricultura sustentable y un desarrollo de alimentos sanos”.

“Y todo esto se hace con un sistema científico técnico que acompañe –continúa–. El objetivo de esta agenda estratégica de la economía social y solidaria es, en última instancia, que no nos condenen a ser el reservorio de todo aquello que no se puede o no quiere hacerse en los países centrales”.

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