Respuesta conjunta contra la corrupción sistémica en la VIII Cumbre de las Américas

Señalada como la principal amenaza a la gobernabilidad democrática de la región

VIII Cumbre de las Américas en Lima (Perú)

Durante dos días, viernes y sábado, la ciudad de Lima ha acogido la VIII Cumbre de las Américas, un encuentro que en esta ocasión se ha centrado en señalar los riesgos que tiene la corrupción sistemática como una amenaza transnacional que agudiza las profundas desigualdades sociales. Esta lacra, tal y como señala el presidente de Perú, Martín Vizcarra, se complementa y agrava por la impunidad, “una combinación nefasta que amenaza la gobernabilidad”.

De hecho, los Jefes de Estado y de Gobierno del Hemisferio reunidos en Perú han terminado el encuentro con el denominado Compromiso de Lima ‘Gobernabilidad Democrática frente a la Corrupción’, con más de medio centenar de medidas para combatir este problema. Y es que no solo influye negativamente sobre la confianza de la ciudadanía en las instituciones, también tiene un impacto negativo en el goce efectivo de los derechos humanos y el desarrollo sostenible de las poblaciones, según se recoge en el documento.

La solución pasa por la educación y así se ha señalado en la Cumbre. Por eso los dirigentes se comprometen a “desarrollar una cultura de transparencia, participación ciudadana y prevención de la corrupción para el fortalecimiento de los valores democráticos y cívicos desde la primera infancia y a lo largo de toda la vida, implementando programas de enseñanza y aprendizaje en los diferentes niveles de los sistemas educativos, así como programas de educación continua”.

También la tecnología puede jugar un papel importante a la hora de que los Gobiernos rindas cuentas. Se trata, según el manifiesto, de facilitar el gobierno digital con el objeto de impulsar la transparencia y la interacción con los ciudadanos.

En este sentido, los líderes americanos se comprometen al uso de sistemas electrónicos para compras gubernamentales, contrataciones de servicios y obras públicas, con el fin de asegurar la transparencia, publicidad y una efectiva rendición de cuentas.

Promover campañas de concientización pública, impulsar la equidad e igualdad de género o establecer códigos de conducta para los servidores públicos son otras de las medidas planteadas.

Cuidado con los populismos

En la sesión inaugural, el secretario general de la OEA, Luis Almagro, ha señalado que “la corrupción es una enfermedad hereditaria, autoinmune, de cualquier sistema político donde los seres humanos son sus operadores. No reconoce fronteras de ningún tipo, ya sean ideológicas, de color político, incluso de niveles de fortaleza institucional”.

Hay motivos para la esperanza, ya que Almagro cree “que la estamos enfrentando en todo el continente y se ha demostrado que, aunque la corrupción quizás nunca morirá se la puede acorralar, se pueden lograr los cambios institucionales culturales necesarios y se le puede ganar”.

Pero también ha advertido de que “al elevar la desilusión y desencanto con la democracia con base en la bandera anti-corrupción, más las probabilidades del surgimiento de candidaturas mesiánicas, se ha abierto el espacio para que populismos demagogos, con poca vocación institucional, lleguen al poder”. 

“Es irónico: el rechazo ciudadano a la corrupción abre el camino a candidaturas que son igual o peor que lo que se rechaza inicialmente, que se levantan de manera demagógica, como si la lucha contra la corrupción fuera una lucha contra la democracia”, añade Almagro. “No hay recetas mágicas, pero desde la política debemos defender los derechos de los ciudadanos porque es la manera más eficiente de atacar el problema”. 

VIII Cumbre de las Américas en Lima (Perú)

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