contaminacion porcina Relive Waste

Del cerdo se aprovecha todo, hasta los andares. O hasta sus purines, como han pensado en el proyecto europeo Relive Waste, que busca convertir estos residuos orgánicos de las eyecciones de los cerdos en una sustancia fertilizante (estruvita) para combatir la contaminación porcina. Porque la Unión Europea considera esta problemática como la número uno de la ganadería. Es por ello que la Fundación Global Nature (FGN), junto con La Unió y ALIA, está trabajando en Segorbe (Castellón) en una planta piloto para minimizar la contaminación en campos y acuíferos.

Innovaspain ha hablado con Jordi Domingo, técnico de Proyectos de FGN, para que explique por qué están realizando este estudio, cómo lo están llevando y sus posibles consecuencias. “Los purines contienen una gran cantidad de líquido en comparación con el estiércol. Tiene muchos nutriententes, nitrógeno y fósforo, pero también contaminan mucho. El problema es, por ejemplo, un ganadero de porcino con 500 cerdos tiene purines que se llevan a una fosa: almacena todo, pero tiene que hacer algo con ello, por lo que se encuentra con un gran volumen que no puede gestionar, que aunque sea muy peligroso. Lo habitual, por desgracia, es que se vierta en los campos como fertilizante”.

Además, sobre la contaminación porcina Domingo especifica: “con lluvia o la nieve en invierno las plantas no necesitan esos nutrientes. Conforme llueve, se contaminan campos, acuíferos, ríos, etcétera. Y eso que esta práctica está regulada. El ganadero puede coger purines diluidos y echarlos en cantidades determinadas en ciertas épocas, pero en la práctica no sucede. No pueden esperarse cuatro o cinco meses. Cogen la cuba y el tractor y aplican al suelo. Es muy difícil controlar la cantidad que se tira y todos los actores sociales admiten que es un problema”.

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Es por eso que Relive Waste –que también cuenta con granjas en Italia, Bosnia-Herzegovina y Chipre– intenta estabilizar esa carga de nutrientes y reducir el volumen. Reducir el volumen por una cuestión obvia: cuanto menos ocupen, más tiempo tendrán. “El nitrógeno y el fósforo se lava a la mínima que llueve, por lo que hay que estabilizarla químicamente. Así que hay que asociarlo a otras moléculas para que a la mínima no se vaya al subsuelo, a las aguas”, indica Domingo.

La tecnología para hacerlo ya existe, pero en Segorbe –concretamente, en las instalaciones de CITA (Centro de Investigación y Tecnología Animal de la Generalitat Valenciana)– están llevándolo a granjas. Prueban a diferentes escalas, con diferentes sustratos, diferentes contextos socioeconómicos, como hacer posible esa tecnología. "Es como un reactor: metemos purines, estiércol, y reaccionan químicamente formándose en cristal, en sal: en estruvita. Es ahí donde queda atrapado el fósforo”. Según domingo, este proceso es importante porque, de alguna manera, no es inherente, pero se convierte en un material más estable. “Se puede utilizar como fertilizante lento. Puede irse degradando poco a poco en los campos”.

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La planta de Segorbe puede reducir esta contaminación porcina con el cambio a estruvita, pero el coste de funcionamiento es muy caro. “Queremos un equilibrio de solución al problema ambiental con un coste de funcionamiento ideal. La idea es hacer estruvita pura y hacer un fango también degradable. Estabilizar y reducir el impacto ambiental. Queremos comprobar si el tamaño de la planta de fabricación va a tener el tamaño de una lavadora o de una granja grande. Al final, es una reacción química que puede ser rápida, y que no sea tan pura, y al contrario”. Asimismo, Domingo destaca que ya hay una planta en Chipre mucho más avanzada, ya que utiliza los residuos de plantas de biogás.

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Además, intentan producir algo que sea comercializable. El enfoque de economía circular tiene sentido para la planta de Segorbe porque necesitan tener un subproducto bueno. El actual no se aproveche y encima da problemas medioambientales. “Todos los fertilizantes fosfatados vienen de minas. Así que tenemos una sustancia que es un nutriente finito, extremadamente rico en fósforo y que da problemas ambientales. ¿Por qué no transformarlo para aprovecharlo y que nos dé un valor añadido? Pensamos que es complicado, pero una integradora grande podría dar resultados”. El problema, como admite Domingo, es que, "siendo sinceros, no sabemos si va a ser posible. Queremos testear primero y ver si es viable a escala de granja”.

El papel internacionalizado de Relive Waste tiene también varias labores de transferencias. Como adelanta el técnico de Proyectos de FGN hay un documento clave que verá la luz dentro de unos meses, una nueva directiva de la Comisión Europea para regular los subproductos agrarios y alimentarios: sales ricas en fosfatos, biochar (carbón vegetal), cenizas… Todo tipo de productos que no se conocían y de los que se pueden extraer nutrientes. “La UE busca saber qué se puede extraer. En estos momentos, la idea es afinar los números sobre cómo tiene que ser esa tecnología. Lo demás vendrá luego”.

Domingo cree que este proyecto se enmarca dentro de una nueva generación de iniciativas contra la contaminación porcina. La industria agroalimentaria y la producción alimentaria tienen muchos ciclos que no se han cerrado en cuanto a sostenibilidad. “Y que la Comisión Europea esté trabajando en una línea de futuro clara es muy importante”.

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