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España quiere alcanzar la neutralidad climática en 2050 y que el sistema eléctrico sea 100% renovable. Así lo comunicó el Gobierno el pasado mes de mayo y lo ratificó en el proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética. Este objetivo necesitará de la potenciación de los coches eléctricos, una conducción que a día de hoy está lejos de asentarse en la sociedad española.

En Europa tampoco parece sencillo. La Unión necesita 44 millones de coches eléctricos y multiplicar por 15 los puntos de recarga para 2030, según Transport & Environment, la Federación Europea de Transporte y Medio Ambiente. Un paso importante para alcanzar estos retos pasa por automatizar y digitalizar el reciclado de baterías y conseguir darles una segunda vida; o por el contrario, retirarlas del circuito definitivamente. Esto es lo que han planteado al Ministerio de Industria, Comercio y Turismo el Clúster de Automoción de la Comunitat Valenciana, NUTAI (empresa asociada a AVIA) y el Instituto Tecnológico de la Energía (ITE).

El proyecto tiene intención de desarrollar el diagnóstico de las baterías recuperadas para proporcionarles una segunda vida. En caso de no poder reutilizarlas se emplearía un reciclado robotizado. De esta forma, en el mismo proceso se podría conseguir, tanto el diagnóstico y regreso a la cadena de valor. Las baterías contarán con sistemas de trazabilidad digital por cada unidad. Para los promotores del proyecto, esta iniciativa responde a todas las políticas de la Unión Europea de Economía Circular, así como al conjunto de programas de optimización en la gestión de residuos y mejor aprovechamiento de las materias primas secundarias.

"Europa ha marcado unos retos muy concretos y todos debemos remar en esta dirección", asegura a este medio Elena Lluch, gerente de AVIA, una de las empresas que impulsan el proyecto. Además de "posicionar a la Comunitat Valenciana como un referente de soluciones industriales para la nueva movilidad", Lluch considera fundamental conseguir que las nuevas soluciones de movilidad se fabriquen en España. "Siempre lo ha sido, pero ahora es incluso más importante que nuestras empresas innoven y que tengamos una industria fuerte. España es una potencia en automoción y debemos liderar los cambios", apunta.

Dentro del proyecto también se incluye la elaboración de un catálogo de segundos usos de las baterías. De este modo, estas piezas clave en la nueva motorización de los coches eléctricos podrán utilizarse en otros aparatos y volver a la cadena de valor productiva. "La bondad de esta iniciativa está en la incorporación de numerosas tecnologías que permitirán construir una planta automatizada gracias al IoT, análisis de datos, deep learning, análisis energéticos o aplicación de técnicas energéticas de sostenibilidad", detalla Lluch.

"La legislación va por delante"

Al menos en esta ocasión. En esta transición energética que España está inmersa, en lo que a movilidad se refiere, Elena Lluch sostiene que "la legislación ha ido por delante de la industria y de la demanda de los consumidores". Mientras los precios siguen sin ser competitivos –los coches eléctricos más baratos no suelen bajar de los 18.000 euros– y queda aún mucho trabajo en cuanto a las infraestructuras, los gobiernos de los diferentes países de la Unión Europea han marcado objetivos a través de leyes.

"Estamos en un cambio de paradigma. Esta transición no se puede hacer rápidamente porque hay que cambiar todos los sistemas productivos. La I+D+i lleva tiempo", recuerda Lluch, convencida, además, que "en 2050 no todos conduciremos un coche eléctrico". Aunque esta vez no será por el precio. "Los precios se equipararán en el momento en que se amorticen las inversiones en innovación. Esto significa también que el consumidor perciba que al comprarse un coche eléctrico tiene todo a su disposición para disfrutar de ello con total seguridad. Y lo más importante: la industria también tiene que ser competitiva".

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