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Guantes de plástico arrojados en el campo en la provincia de Madrid. (Imagen: María Milán).

La pandemia de COVID19 ha cambiado los hábitos de uso de materiales derivados del petróleo, y el plástico se ha convertido en el preferido por la sociedad ante el miedo al contagio. Es evidente que el incremento en la producción y uso de materiales plásticos trae consecuencias negativas para los ecosistemas, ya que estos residuos constituyen la mayoría de la basura que se acumula cada año en ríos, mares y océanos.

Aunque se incrementen estos residuos plásticos, es de esperar que este aumento no se mantenga a medio y largo plazo. Tanto el avance científico en materia sanitaria, que esperamos que culmine con el desarrollo de una vacuna para el virus, como la aprobación de normativa de protección ambiental, va a suponer por un lado una disminución del volumen de residuos, así como una mejor gestión de los que se produzcan, generando una “desescalada del uso de plásticos” que mejoren la calidad ambiental del planeta.

Es importante que las personas que trabajamos en el ámbito de la ciencia, así como los responsables políticos, transmitamos a la ciudadanía las consecuencias ambientales de nuestros hábitos cotidianos. Cómo nos movemos, cómo nos protegemos frente al virus y cómo nos alimentamos influye en problemas medioambientales con repercusiones socioeconómicas graves y de incidencia transversal.

Efectos, a ambos lados de la balanza, de la pandemia en el medioambiente

El confinamiento nos ha mostrado que es posible vivir en un mundo con menor contaminación del aire y el agua, así como trabajar y transportarnos de manera más sostenible.

Durante estos meses ha disminuido drásticamente el tráfico aéreo, la contaminación relacionada por el tráfico rodado e incluso hemos visto fauna salvaje por las calles de nuestras ciudades. En definitiva, en estos meses hemos experimentado una mejora sin precedentes de la calidad ambiental.

Por el contrario, la pandemia de COVID-19 está teniendo efectos ambientales negativos relacionados con el aumento de la demanda y el uso de productos de plástico para frenar los contagios.

El uso de guantes, máscaras, batas y otros equipos de protección individual ante el coronavirus, además de envases, mamparas y bolsas ha disparado la fabricación de materiales orgánicos, cuya producción además se ha abaratado por el descenso del precio del petróleo en estos meses. Todos estos productos, la mayoría desechables y considerados como residuos peligrosos tras su uso sanitario, se han fabricado y distribuido por millones.

Además del material sanitario, durante el confinamiento ha aumentado el empleo de otros productos como los envases alimentarios y bolsas de plástico.

Mascarillas y guantes en suelos y océanos

Hasta finales de mayo se habían distribuido en las Comunidades Autónomas y otros organismos más de 113 millones de mascarillas y 36 millones de guantes de nitrilo, más de 210.000 gafas de protección y 353.000 batas, 4,7 millones de test rápidos, más de 850.000 kits PCR y más de 880.000 de calzas o delantales (Gobierno de España, 2020).

Como ocurre con las botellas y otros productos plásticos, muchos de los equipos de protección utilizados durante la pandemia acaban en los distintos compartimentos ambientales, como el agua o el suelo. Las imágenes que hemos visto en playas repletas de mascarillas nos indican que no se está realizando una adecuada gestión de este nuevo tipo de residuo.

Según Greenpeace, cada año llegan al mar 12 millones de toneladas de residuos plásticos, por lo que el incremento en la producción de materiales plásticos durante la pandemia va a suponer un aumento notable de estos residuos y, por tanto, un elevado impacto sobre los distintos ecosistemas.

No sólo se van a ver afectados los mares y océanos, los ecosistemas terrestres también se están viendo perjudicados por la presencia de plásticos. Estos materiales muestran elevada persistencia ambiental, así como la presencia de aditivos que pueden suponer un riesgo inaceptable tanto para la especie humana como para los ecosistemas (RD 9/2005).

Medidas de higiene en los supermercados, retroceso en su lucha

Además de los materiales plásticos usados en el ámbito sanitario, durante el confinamiento ha aumentado el empleo de otros productos fabricados con este material, como los envases alimentarios y bolsas de plástico.

En estos meses de confinamiento se ha detectado un cambio en los hábitos de uso de materiales plásticos: incremento de comida para llevar, embalaje protector para frenar contagios, entrega a domicilio, etc.

Si bien estos artículos están incluidos en normativa destinada a reducir su uso, como el RD 293/2018, es necesario concienciar a la población de la problemática que supone su gestión, así como la importancia de tomar medidas que favorezcan el tratamiento adecuado de los mismos.

Estrategia nacional en 2021

En esta vía, el Consejo de Ministros ha aprobado en estos días la estrategia Española de Economía Circular (EEEC), así como el anteproyecto de ley de residuos y suelos contaminados.

Esta nueva estrategia, que se pretende sea desarrollada a lo largo del año 2021, introduce novedades en el ordenamiento jurídico con el fin de evitar el uso de plásticos de un solo uso, y sus productos de descomposición, los microplásticos.

Entre los objetivos de la estrategia figura la reducción en un 30% el consumo nacional de materiales en relación con el PIB; reducir un 15% la generación de residuos y rebajar notablemente la generación de residuos de alimentos en toda la cadena alimentaria.

Debemos fomentar la conciencia colectiva y la responsabilidad social para encarar los retos medioambientales que como sociedad tendremos en las próximas décadas. La puesta en valor de servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación y la investigación durante la pandemia son signos de un cambio social que ha de ser sostenido e incrementado.

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