impuestos BID

Carlos Scartascini – Esta columna fue publicada originalmente en el blog Ideas que cuentan del BID.

Cuando el reloj marca las 12 de la noche cada 31 de diciembre, es muy habitual empezar a repasar la lista personal de resoluciones para el año nuevo, como hacer más ejercicio, comer de forma más saludable o dejar atrás malos hábitos. Y es igual de habitual que estas resoluciones queden en el olvido solo un par de semanas después. Por ello, a veces es necesario algún incentivo adicional que sume a la buena voluntad. Las recompensas que premian cambios positivos en el comportamiento se han vuelto populares. Un pago o premio de dinero en efectivo nos puede motivar para ir al gimnasio, o un mensaje moral nos puede llevar a donar sangre para salvar vidas.

Estas técnicas también pueden ser utilizadas por los gobiernos, por ejemplo, para incentivar el pago de impuestos. En el área impositiva, hasta ahora las experiencias han sido muy variadas. En algunas ocasiones no han tenido efecto, y cuando lo han tenido, los efectos positivos tienden a desaparecer con rapidez. En general, cuando los premios tienen efecto solo lo hacen sobre los contribuyentes que los reciben directamente, pero no sobre otros ciudadanos.

Hay muchos motivos por los que la gente paga o no paga sus impuestos. En el Departamento de Investigación del BID aplicamos nociones de la Economía del Comportamiento para investigar cómo la información que brindan los gobiernos impacta sobre las decisiones de los ciudadanos y cómo se pueden cambiar las creencias que intervienen en la decisión de cumplir o no con las obligaciones tributarias. Nuestra agenda de investigación también incluye proyectos en otras áreas, como seguridad, polución, y agua y saneamiento.

Ofrecer premios puede ser una herramienta para cambiar percepciones y creencias, y como consecuencia, cambiar comportamientos. La forma en que se diseñan los programas de premios es la clave para que sean efectivos. Una política innovadora puesta en práctica en una Municipalidad en Argentina dejó enseñanzas muy valiosas para el diseño de premios que buscan aumentar la recaudación impositiva a largo plazo y conseguir un efecto “derrame” hacia terceros.

En este caso, analizado en un estudio del BID, se buscó cambiar las percepciones de los contribuyentes sobre si sus vecinos pagan o no los impuestos, y sobre cómo utiliza el Estado la recaudación. La gente tiende a pagar más impuestos si cree que los demás ciudadanos cumplen y que el gobierno hace un buen uso del dinero público.

La Municipalidad en Argentina anunció que se sortearían 400 premios entre los contribuyentes que estuvieran al día con el impuesto a la propiedad antes del vencimiento del mes siguiente. A cada ganador le construirían o renovarían la acera frente a su propiedad, que tiene un valor en promedio equivalente a aproximadamente 10 años de impuestos. Además, la acera sería construida con nuevos estándares que la Municipalidad buscaba fijar como modelo: con un árbol y un espacio verde que reduce la cantidad de agua que llega a la calle cuando llueve, y un cesto para la basura. El sorteo tuvo mucha difusión y los ganadores fueron anunciados en los medios locales.

¿Qué efectos inmediatos y de largo plazo tuvo esta iniciativa sobre los ganadores y los demás contribuyentes?

Como en casos previos, el incentivo financiero no tuvo mayor impacto. No existió una cantidad significativa de contribuyentes que pagaran sus deudas antes de la fecha de vencimiento para poder ingresar al sorteo.

Una vez realizado el sorteo y publicados los nombres de los ganadores en los periódicos y difundidos en otros medios de comunicación, a los contribuyentes les gustó ser reconocidos por el gobierno y que su nombre fuera sinónimo de “buen contribuyente”. Este efecto positivo, de un aumento relativo del cumplimiento de unos 5 puntos porcentuales desapareció a los cinco meses.

Sin embargo, el efecto de las aceras fue aun mayor y más persistente. Una vez que las aceras fueron construidas, y los ciudadanos pudieron ser testigos del trabajo del gobierno y de cómo usa el dinero público, fue 7 puntos porcentuales más probable que quienes las recibieron pagaran a tiempo durante los tres años siguientes.

Los cambios de comportamiento entre los vecinos de los ganadores fueron aún más notorios: se “contagiaron” de quienes pagaban los impuestos y hubo un efecto derrame duradero. Esto se debe a que los contribuyentes morosos cambiaron sus creencias tanto respecto del cumplimiento de sus vecinos como del uso del dinero público por parte del gobierno.

El pago aumentó especialmente en áreas donde había mala provisión de servicios públicos y la acera se destacaba más. Fue 7,5 puntos porcentuales más probable que los vecinos morosos pagaran a tiempo, 10 p.p. más probable que pagaran con tres meses de retraso, y unos 15 p.p. más probable que pagaran en algún momento. Estos resultados se mantuvieron a largo plazo.

Como se explica en el estudio del BID, el diseño del programa es clave. Ofrecer un bien público visible y duradero hizo posible que la iniciativa tuviera efectos positivos y persistentes, incluso sobre personas que no recibieron el premio. Estos programas, si además se focalizan adecuadamente pueden tener aun mayores efectos. Este tipo de estrategias de premios pueden generar mayores efectos y de más largo plazo que otros programas que son más comunes como los premios monetarios, o la entrega de carros o TVs. Una política bien diseñada, que logra cambiar percepciones en forma permanente, puede llevar a un mayor cumplimiento tributario y un mayor bienestar de la sociedad.

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here