BID, derechos infancia

Por Ianina Tuñón y Santiago Poy – Esta columna fue publicada originalmente en el blog Primeros Pasos (@BIDgente) del BID.

El 32,2% de las personas en Argentina viven por debajo de la línea de la pobreza y el 6,3% por debajo de la línea de la indigencia. Los niños, niñas y adolescentes son especialmente vulnerables: entre los 0 y 14 años, el 45,8% vive en situación de pobreza y el 9,6% en situación de indigencia. Resulta obvio que el impacto de la pobreza sobre el desarrollo humano y social de la infancia es tremendamente negativo, pero quizás las maneras en que ésta se define no resultan tan claras.

Existe un consenso cada vez más amplio en torno al carácter multidimensional de este fenómeno, visibilizado en un nuevo estudio con base en seis dimensiones básicas del derecho:

(1) Derecho a la alimentación: niños, niñas y adolescentes que pasaron hambre en el último año por falta de dinero para comprar los alimentos.

(2) Derecho al saneamiento: niños, niñas y adolescentes en hogares que no acceden al agua de red, y/o que no tienen un inodoro con descarga de agua en su vivienda.

(3) Derecho a una vivienda digna: niños, niñas y adolescentes que viven en un hogar con 4 o más personas por cuarto para dormir, y/o en los cuales la calidad de la construcción de la vivienda es precaria.

(4) Derecho a la atención de la salud: niños, niñas y adolescentes que no fueron al médico en el último año y/o que no tienen las vacunas correspondientes a su edad.

(5) Derecho a la estimulación temprana (0-3 años) / Educación (4-17 años): niños y niñas pequeñas que carecen de estímulos emocionales y niños, niñas y adolescentes que no van a la escuela o asisten a un establecimiento con ofertas educativas inadecuadas.

(6) Derecho a la información: niños, niñas y adolescentes en hogares que carecen de 4 o más de las siguientes tecnologías y fuentes de información: acceso a teléfono fijo, celular, internet, libros, y/o computadora.

¿Qué es la pobreza multidimensional y cómo determinarla?

Hay tres enfoques principales para definirla: el de la Universidad de Bristol, el de la Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI) y el Multiple Overlapping Deprivation Analysis (MODA) desarrollado por UNICEF. En los enfoques Bristol y MODA, un niño con privación en un indicador se considera pobre en la dimensión de derechos a la que pertenece ese indicador. En la aplicación del enfoque de OPHI, un niño se considera pobre cuando enfrenta privaciones en el equivalente de dos indicadores.

Por ejemplo, si un niño o niña vive en una casa con inodoro sin descarga de agua  y sin acceso al agua de red (dos indicadores de saneamiento), es considerado pobre por las tres metodologías. Pero si, entre un año y otro, accede al agua de red, dejará de ser pobre solo bajo la metodología OPHI.

La realidad argentina

Analizando la infancia argentina bajo las metodologías Bristol y MODA, la incidencia de pobreza es del 58,7%. Es decir, casi 6 de cada 10 niños y niñas en la Argentina urbana experimentan privaciones en, al menos, una de las seis dimensiones señaladas. Cabe indicar que este escenario se da a pesar de que, entre 2010 y 2016, la pobreza infantil multidimensional en Argentina se redujo 5,1 puntos porcentuales (p.p.). Por su parte, con el enfoque más exigente, OPHI, la pobreza multidimensional abarca al 38,7% de la población infantil, con una reducción de 9,6 p.p. entre 2010 y 2016.

En 2016, independientemente de la metodología implementada, las dimensiones que más incidieron en la intensidad de la pobreza infantil se vincularon con la vivienda y el saneamiento, seguidas por carencias en salud, recursos de información, accesos educativos y  alimentación.

Si hay una buena noticia es que, en el último año, una parte de la infancia superó la pobreza extrema y pasó a la pobreza moderada, cuyas consecuencias de reversión en el mediano plazo son plausibles y no comprometen el sostenimiento de la vida.

Un camino práctico para erradicar la pobreza

La medición multidimensional de la pobreza infantil en perspectiva de derechos humanos es importante por seis razones:

  • Reconoce al niño y la niña como sujetos de derechos y de especial protección;
  • Es clave para definir las privaciones que experimentan las infancias de la región;
  • Se constituye en una herramienta de reclamo por la garantía del ejercicio de dichos derechos;
  • Representa un avance significativo en la visibilidad de las carencias en aspectos esenciales del desarrollo humano;
  • Se puede vincular con normativas vigentes en las sociedades;
  • Interpela a la corresponsabilidad de las familias, las sociedades, los Estados y los mercados.

En la medida que se conozca qué aspectos de las condiciones de vida de la población infantil se consideran carencias, se abre paso a una definición del fenómeno de la pobreza que pueda instalarse de manera permanente en la agenda pública. Así podremos vislumbrar soluciones orientadas hacia la erradicación de la pobreza, con especial énfasis en la primera infancia.

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