Propiedad intelectual, piratería, BID

Por Gádor Manzano y Esteban Santamaría – Esta columna fue publicada originalmente en el blog Puntos sobre la i del BID.

Si cree que la piratería de la propiedad intelectual dejó de ser un tema urgente cuando desapareció el sitio de música Napster (¿lo recuerda?), tome nota de este dato: en América Latina la piratería intelectual ocasiona pérdidas de hasta un 66% en la industria de los programas de cómputo y de grabaciones musicales, el índice más alto del mundo según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Así es de cada dólar que se consume en la industria del entretenimiento, sus creadores sólo reciben 33 centavos. Cifras millonarias que han dejado de recibir los titulares de derechos de autor debido al uso ilegítimo de sus obras  y producciones intelectuales.

La propiedad intelectual es uno de los grandes retos para el desarrollo de América Latina y del Caribe. El Índice Global de Innovación de 2017, auspiciado por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), señala que Chile es el único país de esta región que tiene un puesto entre los 50 países más innovadores del mundo. La piratería, la escasez de solicitudes de invención, la dificultad para hacer valer los derechos de propiedad intelectual y la falta de regulación en la materia, entre otros factores, están detrás de esta mala posición a nivel mundial.

El avance y el bienestar de la humanidad han dependido en buena medida de la capacidad del ser humano para crear e inventar cosas. Ya sea en el terreno de la tecnología o de la cultura, ya se trate de inventores o de consumidores, el sistema de propiedad intelectual ayuda a que haya un equilibrio entre los intereses  de creadores e innovadores y el interés público. Los derechos de la propiedad intelectual permiten el progreso, alientan a destinar recursos adicionales a la innovación y generan nuevos empleos e industrias. Algunos de estos derechos incluso están protegidos por el artículo 27 la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Porque ¿qué sería de la creatividad o de la innovación sin la propiedad intelectual? ¿Cómo podría un creador disfrutar de los beneficios de su obra sin ese derecho? Difícilmente las industrias del cine, música y televisión existirían como hoy las conocemos.

¿Cómo afecta la piratería?

La propiedad intelectual interviene sobre dos esferas bien diferenciadas. Por una parte, la propiedad industrial que abarca las patentes de invención, las marcas, los diseños industriales y las denominaciones de origen. Por otra, los derechos de autor, que incluyen las obras literarias, las películas, la música, las obras artísticas y los diseños arquitectónicos.

Este último sector es la base de lo que se ha dado en llamar la “economía naranja”, es decir, aquellas actividades que permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales cuyo valor está determinado por su propiedad intelectual. Este es un sector que se ve afectado especialmente por la piratería y que tiene un peso creciente en la economía; mueve buena parte del Producto Interior Bruto (PIB)  de los países que la desarrollan y, sólo en América Latina, generó 10 millones de puestos de trabajo en el año 2011. Un estudio elaborado recientemente muestra que solamente las pérdidas anuales por piratería en la televisión de paga en Colombia han sido de 100 millones de dólares.

Las consecuencias de la falta de garantías a la propiedad intelectual no afectan únicamente a las pérdidas de ingresos de las grandes empresas. Se estima que en América Latina más del 30% de los medicamentos podrían ser falsificados o piratas, lo que podría suponer graves riesgos para la salud de los consumidores al carecer de adecuados controles de calidad.

Una invención protegida por una patente, por su parte, supone que no puede ser fabricada, utilizada, distribuida ni vendida con fines comerciales sin autorización del propietario de la patente. Esta garantía para la creatividad y para los beneficios económicos derivados de los inventos comercializables supone un aliciente para la innovación y el progreso de los países. Sin embargo, en América Latina el panorama de las patentes tampoco es alentador.

En el 2014 esta región aportó únicamente el 2.4% de las patentes a nivel mundial, un porcentaje que sitúa a América Latina a mucha distancia de América del Norte, que generó el 22,9%, o de Asia, que registró un 60%. Dos años después, la participación de América Latina en el porcentaje mundial fue todavía inferior (2.3%).

Invertir en propiedad intelectual no es solo justo, sino que es rentable económicamente. Un estudio reciente demostró que aquellos sectores que utilizan de manera intensiva sus derechos de propiedad intelectual generan el 28% del empleo total de la Unión Europea. En Estados Unidos crean más de 54 millones de empleos, casi la tercera parte de la fuerza laboral, así como el 50% de sus exportaciones y casi el 40% del PIB.

La propiedad intelectual está lejos de ser el motor de América Latina y varios de sus países aparecen dentro de la lista norteamericana de las naciones que no respetan los derechos de la propiedad intelectual, lo que afecta a la imagen que ofrece al mundo. Todo ello la convierte uno de los grandes retos que hay que acometer con urgencia.

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