Hace unos días Altran anunciaba en Londres una nueva hoja de ruta. El Plan estratégico 2022 de la compañía (que el pasado año invirtió más del 7% de la facturación en I+D), experta desde hace más de tres décadas en servicios de ingeniería e I+D a escala global, tiene en España un activo que gana enteros con dos centros propios de innovación que suman más de 200 profesionales. A innsite, el hub de innovación de Altran en Madrid, hay que añadir el Centro de Innovación de Fabricación Avanzada, situado en Cádiz, y un lugar de referencia en Andalucía para aplicar estos procesos.

[innsite, la fábrica de ideas de Altran]

En llevar a buen puerto esta estrategia tiene su cuota de responsabilidad Pilar Rodríguez, que combina el cargo de directora del desarrollo de soluciones y proyectos de innovación con la dirección de Altran en Andalucía. Ingeniero Superior de Telecomunicaciones por la UPM y licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Autónoma de Madrid, es experta en asesoramiento estratégico y de negocio a empresas e instituciones en firmas como Deloitte o PwC. Durante dos años se dedicó a su propio proyecto emprendedor, Skylife Engineering,

En su día a día, Rodríguez pretende demostrar algo que a veces se diluye en la percepción generalizada, y es cómo los esfuerzos de Altran en I+D tienen un reflejo en las cuentas de resultados de las compañías a las que prestan servicio. “La innovación permite desarrollar talento y conocimiento, generar una red de partners o diversificar de manera eficiente las tecnologías disponibles, pero sin olvidar el impacto que acarrea en el EBIT de las organizaciones”, explica.

Sede de Altran en Madrid.

En estos años, las demandas de sus clientes han evolucionado en una ruta hacia la madurez tras el estupor inicial que en muchos casos suponía afrontar cambios profundos. “La manoseada transformación digital ha abierto un cauce y ha facilitado que se asiente una cultura de la innovación”, apunta Rodríguez, para quien en este tránsito la incorporación de los millennials como consumidores y usuarios trae consigo un nuevo espacio económico al que las empresas deben responder. “La crisis es otro elemento que ha obligado a las empresas a agudizar su ingenio y a incitar a que la innovación penetre en todos los poros de la organización”.

El incendio de la compleja coyuntura económica con la que nos tocó lidiar provocó daños de los que aún nos estamos recuperando. Para la responsable de Altran, aunque “la crisis dejó en el ánimo de las empresas ciertos complejos”, es hora de que saquemos pecho en varios sectores e industrias. “Contamos con compañías líderes en telecomunicaciones y financiero que operan a nivel global; la industria del transporte –automoción, aeroespacial, ferroviario- ha logrado hitos destacados; pronto asistiremos al despegue definitivo de la industria del cuidado y la vida, y en energías renovables tenemos un expertise y un liderazgo tecnológico que nos posibilita estar en los mercados con voz y peso propios”. Sobre este último punto, Rodríguez añade que si las administraciones públicas asumen el compromiso de sostenibilidad a largo plazo, el sector gozará de “enormes perspectivas de crecimiento”.

Pese a todo, admite que aún asistimos a cierta “embriaguez” de tecnologías y de los términos que las definen, un nuevo diccionario que se nutre muy rápido y que en su opinión puede llevarnos a confundir y paralizar la implantación de nuevos avances. “Las empresas que acompañamos al ámbito público y privado en este proceso debemos asumir estas oleadas con una enorme responsabilidad, para aplicar la tecnología allí donde realmente aporte valor”, dice Pilar Rodríguez, que insiste en que es básico que la innovación sea “la mano invisible” que ayude a alcanzar una serie de objetivos estratégicos de crecimiento, internacionalización o maximización de valor.

innsite, el hub de innovación de la compañía en la capital española.

Para que la receta tenga buen sabor, Rodríguez añade dos ingredientes fundamentales. “Existe una clara necesidad de establecer marcos de colaboración estratégica de las empresas con startups, que en el caso de las grandes multinacionales ha derivado en la creación de un ecosistema propio de este tipo de compañías que pivota a su alrededor y que permite agilizar las innovaciones y transformaciones que inhibe la pertenencia a organizaciones muy grandes, a menudo stoppers de los procesos de innovación”. Por otro lado, en alusión a fomentar la igualdad de género también en estos entornos, la directiva considera que “no llegaremos muy lejos si renunciamos al valor del 50% de la sociedad. Debemos por fin reconocernos como iguales en la diferencia, y poner en valor las capacidades, el conocimiento y la ambición de toda la sociedad y evaluar en función de los resultados y no de la carga genética”.

No se han hecho los deberes

Pese a los esfuerzos acometidos por parte de las empresas y “especialmente de las pymes” en los últimos años, Rodríguez cree que este empuje no es del todo suficiente para asumir los retos constantes que han de encarar. “Aunque los datos de Investigación y Desarrollo a nivel nacional son buenos, no ocurre lo mismo con la I+D y la innovación en las empresas”.

Para ratificar sus argumentos, la responsable de Altran alude a los datos del último informe Cotec, y a cómo el director general de la fundación, Jorge Barrero, alertaba al Ejecutivo de que la innovación en España “no brilla”. “El incremento de la inversión en I+D+i por sexto año consecutivo se ha mantenido por debajo del crecimiento del PIB, lo que nos aleja de los países de nuestro entorno y de la UE, y nos sitúa con un 1,16% del PIB, muy lejos del objetivo del 2% dedicado a la I+D+i en el 2020”, un ambicioso reto que habría de pivotar sobre la colaboración público-privada. “Sin embargo, desde 2009 el presupuesto público para la I+D+i se ha reducido en un 60%”. Rodríguez también tira de las orejas a las empresas, que con la varapalo de 2008 paralizaron o ralentizaron su esfuerzo en I+D.

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