Pedro Tomé, científico del CSIC especializado en la ecología cultural

Pedro Tomé, científico del CSIC, en el municipio abulense de Aldeanueva de Santa Cruz
Pedro Tomé, científico del CSIC, en el municipio abulense de Aldeanueva de Santa Cruz

“México está llamado a ser uno de los grandes países del mundo a poco que se lo crea”

“Analizar de qué forma la cultura y el medio ambiente se interconectan generando determinados tipos de estructuras sociales y políticas”. Así define Pedro Tomé, científico titular del CSIC, la ecología cultural, la rama de la antropología social en la que ha centrado gran parte de sus trabajos. Esa relación entre naturaleza y cultura la ha enfocado a dos mundos no tan diferentes como se pudiera pensar en un primer momento: el sur de Castilla y León –en especial, Ávila– y los Altos de Jalisco, en México.

Históricamente, esta zona occidental del país mexicano producía ganado de carne. “Esto ha generado un paisaje relativamente parecido al de los ganaderos trashumantes de Castilla, con la lógica diferenciación de la flora”. Sin embargo, en la actualidad todo lo inundan las granjas de pollos porque “Jalisco se ha convertido en un gigantesco productor de huevo para todo el mundo”. “Esto está generando mucha riqueza, pero a la vez está provocando deterioros muy importantes del medio ambiente”, advierte Tomé. Por ejemplo, las gallinas necesitan mucho agua, al igual que la elaboración del tequila –otro producto que exportan en grandes cantidades-, lo que conlleva “transformaciones en el paisaje”. La primera de ellas es que “ya no corre el agua por los Altos de Jalisco”.

Imperialismo ecológico
Y es que, según este científico del CSIC, “los paisajes muy pocas veces son naturales; es más, la naturaleza muy pocas veces es natural” porque “donde hay seres humanos, la naturaleza está modificada”. El problema es que el modelo occidental se está “imponiendo” a otros pueblos, una especie de “imperialismo ecológico” que apuesta por la “producción a corto plazo” y, por lo tanto, “cambia a mucha velocidad porque lo explotamos mientras podemos y después lo abandonamos en condiciones próximas a la desertización”.

Otros pueblos tienen prácticas más sostenibles. “Los campesinos de la sierra de Castilla han estado acostumbrados a vivir con muy poco, pero un poco de todo”, pone Tomé como ejemplo de un policultivo que es mucho más ventajoso que el monocultivo. Esto repercute en la forma de pensar y también en la naturaleza. “La transformación del paisaje genera transformación de los estilos de vida y, por lo tanto, de lo cultural”.

Trabajo y familia
También afecta a esos cambios la despoblación que sufren los ranchos. “Gran parte de la población se ha marchado a los Estados Unidos y a las grandes ciudades”, señala Pedro Tomé. A pesar de ello, “el alteño destaca por su apego a la tierra y por su religiosidad, por eso vuelve, como dicen ellos, cuando tienes tanto dinero como tu padre”.

Hay más similitudes entre los habitantes de Ávila y de los Altos de Jalisco. “Son personas que valoran el trabajo por encima de todo –continúa-. Los habitantes de la serranía abulense no entendían estar un día sin trabajar y eso les pasa a los alteños, que, además, son más emprendedores”. Además, ambas sociedades valoran mucho la familia, que “está por encima de todo” en estas sociedades.

Posibilidades de futuro
Tomé, que antes de científico del CSIC fue profesor de la Universidad de Salamanca, de la UNED y de enseñanzas medias, empezó a trabajar en Latinoamérica en Perú, pero encontró más apoyo en tierras mexicanas porque, según su experiencia, “es un país que valora muchísimo el saber y la universidad tiene un prestigio social”. “La antropología en México se desarrolla hace 120 años, en España desapareció en el año 39”, añade.

Cree que el país tiene “magníficas” posibilidades “siempre que se pueda encauzar hacia ciertos límites aceptables el problema de la violencia”. Desde el punto de vista administrativo, su gran lastre es la excesiva burocracia. A pesar de todo, “está llamado a ser uno de los grandes países del mundo a poco que se lo crea”. “Tiene que ser capaz de explotar más su cercanía con su vecino del norte, que es vista por la mayoría de los mexicanos como una gran maldición, pero la unión de ambos países generaría unas potencialidades desconocidas, siempre que EE.UU. no menosprecie al vecino del sur”, concluye Pedro Tomé.

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