Consultora experta en igualdad y políticas de conciliación, Paula Mattio no encontraba el libro adecuado para introducir a las empresas en un campo que ya no admite excusas así que decidió ponerse manos a la obra. Tras “tres agostos” escribiendo, Mattio ha cumplido el objetivo: reunir en “La igualdad, objetivo en la Empresa” (verssus libros) todo lo necesario para que alguien “que sepa poco o nada” de estos asuntos pueda dar los pasos necesarios para implementar planes de igualdad en su empresa. La publicación recoge más de 100 planes junto a otras medidas paralelas. “Algunas funcionaron y otras no”, explica la autora, que ha pretendido ofrecer una visión panorámica para evitar repetir ciertos errores.

Paula Mattio sufrió una de estas situaciones a extinguir cuando ejercía “de sol a sol” como directora de marketing y comunicación de una gran empresa. “Al volver de la baja por maternidad (embarazo de riesgo y mellizos) pedí ajustar el horario del almuerzo para regresar antes a casa y me lo denegaron para no sentar precedentes. Acabé en la calle”.

Hoy considera que la principal barrera con la que se topan las mujeres en el ámbito profesional sigue teniendo que ver con ser madre. “Si no, es relativamente sencillo que mujeres y hombres mimeticen sus carreras profesionales”, asegura Mattio. “Otro hándicap es que, por lo general, somos más inseguras y negociamos peor que los hombres”, añade la autora, que pone como ejemplo que la mayor brecha salarial se encuentra fuera de convenio. “Hay que desterrar la baja autoestima, el “no sé si podré o no sé si valdré”.

Un contexto en el que algunos clichés no han ayudado. “El mito de la superwoman ya no nos lo compra nadie… Es mejor mostrarse como una madre trabajadora normal, que se equivoca cinco millones de veces”. Otro error cometido por las propias mujeres es, a su juicio, no dejar que el hombre ‘entre’ más en casa para ocuparse de tareas “porque para hacerlas mal es mejor que se estén quietos”. Vicios que contrastan con otras tendencias explicadas por la autora como que hoy el tercer motivo para hacer un master es la conciliación, tener mas tiempo para dedicar a la familia. “Antes era impensable que un hombre pidiera la baja para quedarse con el niño y ahora son realidades que se están normalizando”.

Mattio es optimista. “Se avanza muy deprisa y es imparable. Antes podía haber algunos reductos, pero ya no se toleran”. La autora destaca el rápido incremento de mujeres directivas en puestos de responsabilidad. “No estoy a favor de las cuotas pero es innegable que la normativa ayuda; exigencias a los comités de dirección, listas electorales cremallera… Hay muchas más mujeres en las universidades, que además obtienen mejores calificaciones y todo terminaría cayendo por su propio peso, pero así lo hace a mayor velocidad”. Sí considera que hay sectores que van una marcha más lenta. “En el ámbito tecnológico las mujeres empiezan a ganar posiciones, pero todavía viven una situación complicada. Porque hay pocas pero, además, porque a esa minoría aún le resulta difícil acceder a según qué puestos o áreas”.

En el fomento de las vocaciones STEAM percibe que son las empresas las que antes han tomado cartas en el asunto. Iniciativas de laCaixa o Endesa en colegios, “donde aún hay profesoras que cometen errores de sesgo por género”, lo que invita a que convenga actuar desde la educación primaria en la visibilización de referentes “porque en la adolescencia, salvo que exista una vocación muy fuerte, los jóvenes se dejan llevar por lo que haga el resto del grupo”.

Mattio admite que la administración “hace mucho para los pocos recursos de los que dispone”. Destaca lo positivo del Plan de Igualdad para PYMES aunque reclama mayor seguimiento posterior, porque muchas de estas empresas “no saben cómo continuar”. La consultora vuelve al tema de la maternidad, y defiende premiar la natalidad, y tomar medidas similares a la adoptada por el País Vasco para equiparar la baja por paternidad a la de la madre a partir del segundo hijo. “Ríete del cheque bebé de Zapatero, pero funcionó”, añade Mattio, que aboga por fomentar el distintivo de Igualdad en la Empresa (Red DIE) como un requisito diferencial para participar en concursos públicos.

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