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Marylene Patou Mathis mujeres neandertales prehistoria
Marylène Patou-Mathis, ayer en el Espacio Fundación Telefónica. (Imagen: @EspacioFTef)

Patou-Mathis: "Tenemos que salir de una visión de la prehistoria más dominada por la ideología que por la ciencia"

La prehistoriadora francesa presenta en el Espacio Fundación Telefonica su nuevo libro: ‘El hombre prehistórico es también una mujer’ (Lumen).

No es la primera vez que Marylène Patou-Mathis cuestiona hipótesis aceptadas como inamovibles incluso por la propia comunidad científica. En ‘Neanderthal: une autre humanité’ (2006), la prehistoriadora parisina, directora de investigación en el Centre National de la Recherche Scientifique y conservadora de Prehistoria en el Musée National d’Histoire Naturelle, ponía en valor las capacidades y habilidades de los neandertales, desprestigiados frente a los posteriores sapiens.

“Eran capaces de hacer cosas que históricamente se les habían negado. Tenemos un 4 % de genes neandertales, así que supongo que no serían unos tarugos. Lo único que pido es que no se den por supuestas cosas no demostradas. Tenemos que salir de una visión de la prehistoria más dominada por la ideología que por la ciencia”, señalaba ayer Patou-Mathis durante la presentación en el Espacio Fundación Telefónica de su nuevo libro ‘El hombre prehistórico es también una mujer’ (Lumen).

La experta plantea un giro radical sobre el verdadero rol que jugaba la mujer neandertal dentro del clan. “Las mujeres han sido invisibilizadas como partícipes de las actividades supuestamente masculinas como el tallado de herramientas, la caza o el control del fuego”. Patou-Mathis ha recordado que el estudio de la Prehistoria como disciplina científica es relativamente joven.

La mirada masculina

“Los primeros prehistoriadores -europeos del siglo XIX- apenas eran profesionales. Encontramos entre ellos muchos médicos o profesores aficionados a estos asuntos. Todos ellos eran hombres pertenecientes a sociedades patriarcales que proyectaron esa mirada en las sociedades prehistóricas”. Ello llevó a que, al igual que ocurría en su entorno, otorgaran a la mujer prehistórica un papel secundario en actividades de prestigio. La caza era una de ellas, por encima de la cosecha y la recolección.  

La autora ha dejado claro que en el libro ha huido de hacer una apología del feminismo. “Propongo probar hipótesis y replantear preguntas. En definitiva: desempolvar los cerebros y admitir como posibles otras opciones”. Considera que no han ayudado hasta ahora ni una visión impregnada de cultura cristiana (muchos de los primeros excavadores fueron abades) ni el discurso médico-antropológico del siglo XIX y principios del XX. “Está lleno de cálculos falsos. Llegaron a decir que las mujeres son histéricas, poco creativas y menos inteligentes que los hombres. Tendían a establecer diferencias entre supuestos seres o razas superiores e inferiores. Todo ese conocimiento lo transmitían a los estudiantes. No razonaban mucho más allá de unos esquemas en los que la mujer apenas sirve para reproducirse. Por desgracia hay quienes lo siguen creyendo”.

Errores históricos

“¿Tenemos los medios para asegurar que siempre eran los hombres los que cazaban o tallaban las herramientas? La respuesta en que no”, aseguraba Patou-Mathis. “Hay cuestiones que aún no pueden ser probadas”. Los nuevos métodos antropológicos y el ADN están aclarando otras atribuciones fallidas. “Los esqueletos pueden decirnos muchas cosas. Edad, sexo (salvo que la pelvis esté muy deteriorada) y, en el caso de los neandertales, demostrar que las mujeres eran muy robustas, con una gran musculatura”.

Más errores. “Cuando en un enterramiento encontrábamos entre el mobiliario funerario muchos objetos de caza se decía sin dudar que se trataba de un hombre. El análisis científico de esos huesos demuestra que las armas también estaban presentes en los enterramientos femeninos. También hemos comprobado que las tumbas de los hombres no eran más ricas”, añade la prehistoriadora.

Pero, a la inversa, ¿asumían los hombres labores atribuidas a las mujeres? “Es difícil tener certezas sobre acciones inmateriales, como el cuidado de los niños. Sí podemos avanzar que parece que las actividades estaban distribuidas más por una cuestión de competencias de que sexos”. Algo era indudable: la mujer gestaba, paría y amamantaba a los hijos. Y los niños eran el centro del clan, una garantía de futuro. No estaba tan clara la figura del progenitor, ya que no eran monógamos. “A través de los niños, la mujer tenía un estatus elevado distinto al que nos han mostrado hasta ahora. De hecho, en el arte paleolítico, el 90 % de las representaciones humanas en cuevas o en forma de estatuilla corresponden a mujeres”.     

"No dominaban ni los hombres ni las mujeres"

Esto no significa que los clanes neandertales vivieran en un matriarcado. “Me incomoda hablar de relaciones de poder”, asegura Patou-Mathis. “No dominaban ni los hombres ni las mujeres. Lo más probable es que se aproximaran a un tipo de sociedad matrilineal, en la que el conocimiento o el lenguaje son transmitidos a los niños por las mujeres”.

La experta pide volver al material arqueológico, “a lo que sabemos”, y formular nuevas preguntas. En ‘El hombre prehistórico es también una mujer’, Patou-Mathis reclama la revisión de algunos planteamientos incuestionables hasta la fecha. “Hemos asumido un razonamiento sesgado de origen. Aceptemos que no sabemos si quien hizo esto o aquello fue un hombre o una mujer. Profundicemos para entender mejor cómo actuaban. El problema es que pensamos en términos de superioridad e inferioridad. Hay que evitarlo a toda costa. Por ejemplo, los neandertales no son sapiens, son distintos. Punto. Las tribus del desierto del Kalahari viven en chozas y cazan con herramientas rudimentarias. Pero saben encontrar agua donde sería impensable, curar con plantas y ostentan una gran creatividad artística oral y plástica. No son inferiores a nosotros. Todos somos complementarios y útiles”.

En esa revisión generalizada de la prehistoria, Patou-Mathis opina que es urgente incluir los libros de texto, así como los documentales o los comics, plagados de lugares comunes y estereotipos. “Suelen presentar sociedades muy primitivas. Si hoy estamos aquí es gracias a que, en cada periodo, por remoto que sea, hemos encontrado respuestas y superado dificultades. Alguien puede decir que hoy lanzamos satélites al espacio, pero, ¿quién los lanza? La mayoría no sabemos como funciona una televisión más allá del botón del mando a distancia".

"En la prehistoria", añadía, "encontramos sociedades que no eran homogéneas en su funcionamiento, modernas e igualitarias. Tendemos a creer que somos la culminación del progreso, que venimos de lo peor y vamos hacia lo mejor. Es un paradigma lineal y progresista de la Historia. Para demostrar que hemos avanzado infravaloramos lo anterior. Cabe preguntarse si los neandertales sufrían tantas hambrunas como las que azotan a millones de personas en la actualidad”.   

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