Otra vuelta de tuerca en el estudio de la actividad solar

La UAH coordina el desarrollo e instalación en la Antártida de un observatorio que ayudará a comprender mejor cómo neutrones y muones afectan al campo magnético terrestre

Base Juan Carlos I
Base Juan Carlos I.

Juan José Blanco, profesor de la Universidad de Alcalá de Henares (UAH), coordina el Proyecto ORCA (Observatorio de Rayos Cósmicos Antártico) del Plan Nacional de Investigación, con el que se medirán, por primera vez, los neutrones y muones que llegan a la Tierra. El 13 de noviembre se desplazó, junto a Ignacio García Tejedor (también profesor de la universidad alcalaína) hasta Vigo para montar, pieza a pieza, el novedoso detector de ocho toneladas diseñado por el equipo que el pasado viernes partió hacia la Antártida, desde donde sus se realizarán las observaciones.

La llegada a tierras polares está prevista para finales de año. Como explica Blanco a InnovaSpain, el próximo 29 de diciembre ambos volverán viajarán, junto con otros dos profesores/investigadores del equipo (Oscar García Población y Christian Steigies) hasta ese fin del mundo llamado Ushuaia, desde donde el observatorio será trasladado a su destino final: la base científica española Juan Carlos I, ubicada en Isla Livingston. La operación tendrá que realizarse en tiempo récord. En principio, disponen de un solo día para desmontarlo en el barco y bajar a tierra las ocho toneladas de piezas, y poco más de otra jornada es lo que tardarán en volverlo a montar, esta vez con la ayuda de los técnicos permanentes de la base.

El detector ha sido desarrollado durante el último año y medio por investigadores de la Universidad de Alcalá, en colaboración con la Universidad Santiago de Compostela y profesionales del Instituto Geográfico Nacional y de la Universidad de Kiel (Alemania), así como del Parque Científico y Tecnológico de Castilla La Mancha y la North-West University Potchefstroom de Sudafrica.

El aparato cuenta con el clásico monitor de neutrones al que se le ha añadido un telescopio de muones capaz de determinar la dirección e incidencia de los rayos portadores de estas partículas elementales, inexistentes de forma permanente en el universo por su efímera duración y portadoras, como los electrones, de carga negativa.

Juan José Blanco señala que los rayos cósmicos a analizar se generan en las explosiones de las estrellas, provocando tormentas geomagnéticas. “Con este observatorio pueden datarse aumentos en las dosis de radiación que se reciben desde la zona en la que se produce la detonación hasta su incidencia en nuestro planeta y en el trayecto que recorren”, añade el investigador. “Esta radiación puede afectar severamente a astronautas, estaciones espaciales, o, ya en tierra, a las líneas de comunicación, tuberías de oleoductos, líneas eléctricas, etc., generando corrientes eléctricas muy fuertes”.

Por otro lado, ahora será posible determinar si se producen cambios en su trayectoria, datos pueden ayudar a recrear con mucha exactitud la estructura real de la Tierra. También contribuirá a estimar la temperatura en la ionosfera, lo que favorece la predicción de comportamientos climáticos. “En definitiva”, añade Blanco, “pretendemos comprender mejor cómo la actividad solar afecta al campo magnético terrestre”. Para ello, y por vez primera, se medirán los rayos cósmicos a lo largo de los más de 12.000 kilómetros de trayecto a la Antártida e in situ, al menos, durante dos años.

La UAH entró en este proyecto gracias a su experiencia en la monitorización de rayos cósmicos, ya puesta de manifiesto desarrollando y gestionando en la actualidad el monitor de neutrones CaLMA, instalado en el Parque Científico y Tecnológico de Castilla-La Mancha.

La expedición tiene lugar a bordo del “Sarmiento de Gamboa”, un buque oceanográfico con base en el puerto de Vigo, operado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que dará apoyo a las bases españolas Juan Carlos I y Gabriel de Castilla y que albergará, además de este proyecto, otro estudio científico en su interior. Tiene previsto permanecer 65 días en la Antártida.

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