[jet_engine component="meta_field" field="antetitulo"]

#MyGameMyName: el complejo reto de acabar con el machismo en los videojuegos

Movistar visibiliza en una nueva campaña cómo es el día a día de las gamers. Muchas de ellas sufren insultos e incluso amenazas bajo la cobardía de quienes se esconden detrás de la pantalla
#MyGameMyName
Momento del coloquio sobre machismo en el mundo gamer celebrado ayer en el Movistar eSports Center (Madrid), en el marco de la presentación de #MyGameMyName2022. (Foto: Lucía Rodríguez Santamaría)

"Puta, vete a fregar, me he hecho una paja con tu nombre...". Estas son solo algunas de las 'perlas' que muchas gamers escuchan durante sus partidas. "Y lo que no se ve...", asegura Sandra Cabeza, más conocida como Leviathan en el mundo de los videojuegos. Ella y otras jugadoras han colaborado en una nueva edición de #MyGameMyName, iniciativa impulsada por Movistar que denuncia el machismo en la industria. La compañía acaba de realizar su segundo experimento –el primero fue en 2019– para visibilizar cómo es el día a día de las mujeres que juegan a videojuegos y poder analizar si ha habido un cambio de comportamiento en estos años.

"Se ha avanzado mucho, pero las chicas siguen teniendo miedo de jugar y de las que juegan muchas se sienten incómodas. Ahora tenemos más herramientas que hace unos años, pero queda largo camino por recorrer", afirma Leviathan. La gamer se refiere a la posibilidad de mutear –silenciar a un jugador durante la partida– o incluso reportar. Pero no es suficiente. A la vista está en el vídeo de la segunda entrega de este proyecto, que tiene el reto de eliminar de una vez por todas los prejuicios que hay ante una jugadora por el simple hecho de ser mujer.

No obstante, las herramientas sociales, tanto en los videojuegos como en su vertiente profesional (los eSports), y transmitir los valores de igualdad del deporte y el uso responsable en la tecnología son algunas de las recetas que se han considerado efectivas durante la presentación de #MyGameMyName. Una vez más, la educación vuelve a jugar un papel clave. "El problema no es de la tecnología, sino cómo la aplican las personas. Es fundamental educar en valores a las nuevas generaciones, especialmente a la 'Z' y la 'alfa'", explica Laura Cuesta, especialista en tecnología y educación digital.

Valentía y riesgo

Cada vez son más las mujeres que dan la cara en el mundo de los videojuegos, tanto jugadoras como profesionales, aun sabiendo que, además de exponerse a comentarios machistas y discriminatorios, corren el riesgo de perder seguidores e incluso oportunidades profesionales. Para evitar este tipo de situaciones, muchas de ellas prefieren ocultarse tras un perfil anónimo, neutro o directamente jugar en comunidades con gente que conocen.

Laura Nogales, más conocida como Molda, que actualmente trabaja como Content Manager en Movistar Riders y ha sido la encargada de dirigir la producción audiovisual de #MyGameMyName, considera que será necesario volver a repetir la campaña. "Esperemos que con menor intensidad, porque significaría que habremos avanzado hacia donde buscamos. Las mujeres cada vez se esconden menos y la comunidad gamer denuncia más, pero esto es un trabajo de fondo".

En este sentido, el papel de los hombres no debe ser ni mucho menos testimonial. Los videojuegos continúan siendo un sector masculinizado: entre los hombres jóvenes, el 95,4% juega a videojuegos, mientras que entre las mujeres alcanzan el 78,4%. Más de la mitad de ellos juega diariamente, frente a únicamente 1 de cada 5 chicas, según datos de la Fundación FAD Juventud.

El gamer Göes aportó la única voz masculina en el debate. No se considera un aliado más en la causa, sino totalmente partícipe. "La realidad es mucho más cruel que la que aparece en los vídeos de la campaña. Que chicos tan jóvenes caigan en estos insultos no hay que permitirlo. Aportar seguridad a la comunidad gamer es un compromiso de todos y los hombres no podemos mirar para otro lado. Hay que denunciar", afirma contundente.

¿Qué está fallando?

La situación actual es un cóctel difícil de digerir. El avance de las nuevas tecnologías, que generan infinitas posibilidades de entretenimiento, conocimiento y libertad, se contradice con que un porcentaje de las nuevas generaciones demuestra actitudes machistas, pese a la concienciación a nivel mediático. ¿Son los padres los culpables? ¿De quién aprenden todos esos insultos? ¿No se está educando en valores en los colegios? Ninguna de estas cuestiones tiene todavía respuesta. Al menos no una concreta.

Foto de familia tras concluir #MyGameMyName, cuyo lema en esta edición ha sido 'Cambia las reglas del juego'. (Foto: Lucía Rodríguez Santamaría)

"El anonimato en Internet hace mucho. Hay que tener en cuenta que uno de los grandes desafíos de Internet es respetar la privacidad, pero al mismo tiempo eso genera que quienes insultan queden impunes. La sociedad tiene todavía el trabajo de señalar y apartar a quienes tienen estos comportamientos y no solo ofrecer a las mujeres herramientas para combatirlos", sostiene Eider Díaz, Marketing and Communications Senior Manager en Movistar Riders, para quien una buena solución sería fortalecer el nivel de seguridad de las plataformas. "Obligar a que los registros sean más exigentes y saber quién está detrás de la pantalla podría servir para señalar a quienes generan el problema, pero no es suficiente", apunta. Una conclusión está clara: el problema sigue estando.

Relacionadas