Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha orientada a dar mayor visibilidad a la labor que realizamos las científicas y fomentar en las niñas las vocaciones hacia la ciencia para que, con el tiempo esa brecha de género que aún existe sea cosa del pasado.

No podemos negar que, hasta hace algunos años, el porcentaje de mujeres cuya carrera científica había conseguido premios o el reconocimiento de la sociedad era realmente bajo. Esta misma situación era habitual también a la hora de ocupar puestos destacados en la dirección de organismos científicos de prestigio, copados en la gran mayoría por hombres. De entrada, podríamos pensar que era un mal más acusado en la ciencia, pero realmente opino que no es más que el reflejo de la discriminación histórica general que las mujeres hemos sufrido durante décadas en términos de formación intelectual, a la que se ha limitado nuestro acceso en muchos casos.

En la actualidad, ya podemos decir que, del mismo modo que las mujeres han entrado con fuerza en todos los ámbitos profesionales, son también cada vez más las que eligen la investigación científica como opción para desarrollar su carrera. Sin embargo, también es cierto que aún hay mucho que recorrer ya que la presencia de la mujer en puestos de responsabilidad destacados no se corresponde con la que tiene en los equipos de investigación: sigue siendo significativamente inferior en cargos directivos.

Para argumentar esta realidad muchas veces se alude al llamado techo de cristal creo que quizás tenga un peso incluso superior lo que se denomina "techo de cemento", es decir, el que nos autoimponemos las mujeres para no promocionar por el alto coste personal y familiar que puede conllevar un ascenso laboral, coste que, por otra parte, resulta difícil no asumir teniendo en cuenta la obligación social impuesta que hace que las mujeres sean todavía las principales responsables de la atención y cuidado de la familia.

Esta realidad hace que sea muy difícil compaginar la vida personal con la investigación científica, una profesión que es muy vocacional y que requiere una dedicación que no es posible ofrecer con la misma intensidad si se deben o se quieren atender otras facetas vitales, ya que además no se dispone del soporte social o familiar del que hasta ahora, por tradición, han disfrutado más los hombres.

Afortunadamente, mi entorno laboral muestra la cara contraria a la realidad que nos ha estado acompañando durante años, ya que en la entidad en la que desarrollo mi carrera como científica, el Instituto de Salud Tropical de la Universidad de Navarra (ISTUN), el porcentaje nos favorece. De hecho, el 60% de las personas dedicadas a la investigación científica somos mujeres y, además, muchas de nosotras ocupamos puestos de responsabilidad, a pesar de que no pocas de mis compañeras cuentan con una importante "carga" familiar.

Esto  podría verse a priori como un lastre de cara al desarrollo profesional, pero frecuentemente, en el día a día se aprecia en realidad lo contrario, bien porque su entorno familiar incentiva su dedicación vocacional a la ciencia o porque la necesidad de ser mujeres “multitarea” estimula la capacidad resolutiva, que es muy útil en el trabajo científico-experimental.

Creo firmemente que, a pesar de que aún queda camino por recorrer para conseguir un equilibrio real en funciones y responsabilidades, no percibo en absoluto que exista discriminación en el ámbito científico, como sí pudo existir anteriormente. Me gusta argumentarlo con un ejemplo: en nuestro campo es frecuente hablar de "colegas" para referirnos los unos a los otros, un sustantivo desprendido de género que nos define a todos y en el que nos sentimos de igual a igual.  Sin embargo, la visibilidad del trabajo de las científicas ha estado y sigue estando en gran medida condicionado por los techos impuestos por la sociedad y también por los autoimpuestos por nosotras mismas, y está en nosotras contribuir a que dichos techos sean cada vez menos rígidos y que nuestra aportación a la ciencia se perciba en mayor medida.

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