Mari Pepa Colomer posa para La Vanguardia en 1931

El 28 enero de 1931 la portada de La Vanguardia mostraba a una mujer vestida con un mono blanco manchado de grasa, las manos en los bolsillos y un pañuelo anudado a la cintura. Posaba delante de un avión. Era Mari Pepa Colomer Luque, la primera mujer piloto de aviones en España. Tenía tan solo 18 años y fue todo un acontecimiento.

Esta barcelonesa seguía los pasos de otras muchas mujeres que conquistaron el cielo de otros países antes que ella. Hasta un centenar describe el historiador de la aviación y periodista francés Bernard Marck en el libro “Ellas conquistaron el cielo” (Blume, 2009).

Y es que, las mujeres siguieron muy de cerca las ansias de elevarse sobre el suelo sus colegas masculinos. Los primeros intentos fueron a bordo de un globo. Fue en Lyon, el 4 de junio de 1784. Elisabeth Estrieux se recogió la falda y saltó dentro de la barquilla del “Gustave”, un globo aerostático. No hacía ni un año del primer vuelo en globo documentado.

Después le siguieron muchas mujeres audaces, pese a que en la Academia de las Ciencias Francesas se estimaba que los órganos femeninos no soportarían jamás el viaje aéreo… Estrieux demostró que esa creencia era errónea

Jenane-Genevieve Labrosse se encargaría de demostrar que además las mujeres podían incluso saltar en paracaídas, por si desde la Academia, tenían alguna otra teoría errónea al respecto.

“La conquista del aire se feminizó en cada una de sus etapas, y en cuanto aparecieron los primeros aeroplanos, lo hicieron las primeras aviadoras. Si el globo aerostático tuvo éxito, sólo una mujer recibiría el título de piloto de dirigible: la actriz Gaby Morlay, con el número 40, el 24 de noviembre de 1919”, escribe Bernard Marck.

Además, las mujeres se organizaron. En febrero de 1909 las “enamoradas” del cielo se reunieron en Stella, un club aéreo femenino, y votaron su afiliación al Aeroclub de Francia, que fue efectiva un mes después. “El triunfo de la locomoción aérea será obra de la mujer”, escribía una famosa revista de aviación de la época.

En este caldo de cultivo, en Barcelona, Mari Pepa Colomer quiso surcar el cielo. A espaldas de su madre y con la complicidad de su padre, acudía puntualmente a sus clases de vuelo en el aeródromo del Prat. Piloto brillante, pasó sus exámenes con honores, detallaba el diario británico “the Guardian”, con motivo de su fallecimiento en 2004, en Surrey, a los 91 años, donde residía con su marido, Josep Carreras, que fue su instructor de vuelo.

El de Colomer y Carreras no fue el único matrimonio que se fraguó en las nubes. Tal vez porque allá arriba la adrenalina se dispara y a partir de ella se forma la dopamina, un neurotransmisor que tiene mucho que ver, entre otras cosas, con el enamoramiento.

La pionera de los cielos española, nació en 1913, en Barcelona. Estudió en el Instituto de Cultura y Biblioteca Popular de la Mujer. De la mano de su padre, amigo personal de Picasso y Dalí, los domingos recorría los cafés de moda, conociendo a los artistas destacados de la época. Su padre, un industrial textil adelantado a pensamiento de la época,  facilita también su ingreso en la Escuela de Aviación de Barcelona. En 1931 obtuvo la licencia oficial de piloto, tras cumplir las horas de vuelo reglamentarias.

Como era poco habitual que una mujer pilotara un avión, no sólo aparece en la portada de La Vanguardia, sino que la Diputación de Barcelona la homenajeó. Para demostrar que no le habían regalado nada, Mari Pepa Colomer se midió con sus colegas masculinos en varios concursos de pilotos. Audaz por naturaleza, en 1932,  aterrizó con un Zeppelin en el aeródromo de Barcelona.

El aterrizaje fue todo un acontecimiento en el que estuvo presente Dolors Vives y Rodón (Valls, 1909), que había estudiado en el mismo Instituto de Mari Pepa y poco después fue otra de las pioneras de la aviación española. Durante la Guerra Civil las dos se convirtieron en las primeras instructoras de vuelo del Ejército republicano. Se las conocía como “las alas de la República”.

Después de la contienda, Colomer se exilia, junto con su marido, Josep Carreras, primero a Francia y luego a Inglaterra, donde acabó sus días. Dolors Vives se quedó en España y cambio los aviones por la música, convirtiéndose en profesora de piano y violonchelo. Ninguna de las dos volvió a volar.

Justo cuando Dolors emprendía su vuelo sin retorno y cerraba su álbum de recuerdos, en 2007, a punto de cumplir 98 años, otra mujer hacía historia, esta vez por convertirse en la primera piloto de caza española. Su nombre, Rosa María García-Malea. Tenía entonces 26 años.

Rosa María García-Malea

Ahora, diez años después, García-Malea vuelve a ser noticia. En marzo de este año ingresó en la patrulla Águila, de la Academia General del Aire (AGA) de San Javier (Murcia), decana de las patrullas acrobáticas españolas.

Un año antes, la capitán del Ejército del Aire Rocío González Torres, se convirtió (en 2016) en la primera mujer en superar las 1.000 horas de vuelo a bordo de un F-18. “Acumular más de un millar de horas en éste avión de combate representa para cualquier piloto de caza y ataque un hito reseñable en su vida operativa. Superarlo  requiere finalizar un gran número de misiones, con la elevada preparación y esfuerzo que conllevan cada una de ellas. En este sentido, la capitán González Torres compagina su faceta de piloto con la de madre de dos gemelas, lo que supone una responsabilidad añadida”, anunciaba el Ejército del Aire.

Eso sí, como manda la tradición en el Ala 12, donde está destinada Rocío González desde 2008, se remojó a la piloto con un chorro de agua procedente de un camión contraincendios, para posteriormente lanzarla al lago situado junto a la plataforma de vuelo. Sólo en ese momento, la piloto recibió de manos del jefe del Ala 12, coronel Pablo Guillén García, el parche que certifica sus mil horas de vuelo.

Todo sea por la igualdad…

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