“La ingeniería está de moda. La cuarta revolución industrial ya ha empezado y los grandes cambios que están por venir están directamente relacionados con la tecnología. Por ello, elegir una carrera técnica que te permita no sólo entender, sino ser parte de ese cambio, es una magnífica opción. En mi caso concreto elegí ingeniería industrial”, explica Montse Cervera.

Montse está a punto de terminar sus estudios, a falta de la defensa del Trabajo de Fin de Grado en septiembre. Ha compaginado, además, una beca en consultoría de negocio en Everis.

Desde principios de ha formado parte del programa Mentoring de la Real Academia de Ingeniería, dirigido a orientar a las jóvenes ingenieras en su futuro laboral. Además, “este programa tiene como objetivo principal evitar la pérdida de talento [femenino] en el campo de la ingeniería”.

Montse ha contado con la orientación de “una directiva de primer nivel, Sonia Marzo, de Microsoft Customer Service Support Manager y socia de EJE&CON. Ha sido una experiencia muy gratificante y enriquecedora, especialmente porque todo lo que aprendía con mi mentora podía luego aplicarlo con mis mentees”.

Y es que esta joven ingeniera ha sido también mentora de varias alumnas de los primeros cursos de ingeniería. Y todo lo que aprendía de Sonia Marzo, lo ha aplicado a sus “mentees”.

“Con Sonia durante estos meses de mentoring nos hemos enfocado en la creación de un plan de desarrollo personal y de orientación profesional. Uno de los ejercicios que hicimos fue la elaboración de un DAFO personal. Un ejercicio muy útil porque combate uno de los problemas más generalizados entre las mujeres a la hora de enfrentarse al mundo laboral y reconocer sus capacidades: “Primero hemos tratado de identificar cuáles eran mis fortalezas y debilidades, desde mi punto de vista, para después contrastarlas con las que percibe mi entorno. Este ejercicio es muy útil para entender si estás proyectando bien las fortalezas que crees que tienes”.

Sin embargo, para Montse, lo más interesante ha sido la gestión de las situaciones profesionales que le iban surgiendo. “Sonia me ha ayudado, desde su experiencia, a extrapolar esas situaciones para verlas desde otros puntos de vista, permitiéndome gestionarlas de la mejor manera posible”.

Montse ha estudiado en España y Nueva Zelanda, y desde esa perspectiva analiza ambos sistemas educativos, significativamente diferentes, para orientar a quienes se planteen estudiar una carrera técnica y no hayan decidido aún dónde.

El sistema español

El sistema español, explica, “se basa en un currículo cerrado donde se comienzan estudiando asignaturas troncales que tocan diferentes ámbitos de la ingeniería para, posteriormente, dar paso a la elección de especialidad mediante optativas en los últimos cursos. Este sistema está basado principalmente en el conocimiento teórico”.

Para definir este sistema Montse utiliza la palabra “thinkers”. “Se exige un domino del conocimiento en profundidad puesto que la evaluación suele venir determinada por un examen final. Se exige al alumno rigor, disciplina, orden y habilidades de resolución de problemas complejos. Además de grandes dosis de resiliencia y paciencia. Con este método se adquiere la capacidad de aprender y estudiar casi cualquier cosa y de buscar los recursos necesarios para ello”.

Fruto de este sistema, los ingenieros españoles tienen un gran prestigio en el extranjero. Pero Montse encuentra también muy atractivo el método de formación neozelandés.

Aprendizaja a través de la experiencia

Para definirlo utiliza la palabra “Doers” (hacedores). “En el sistema sajón los estudiantes van eligiendo sus asignaturas desde el primer momento. Tienen una rama principal de conocimiento que es su ‘major’ y también pueden elegir una rama de conocimiento menor (‘minor’, en inglés) que puede no tener relación alguna con la primera”, explica.

La consecuencia de “mezclar” ambos sistemas, fue que “durante mi estancia en el extranjero a pesar de estar en tercer/cuarto curso, las asignaturas equivalentes en destino eran de segundo”.

Necesitó un periodo de adaptación para pasar de la adquisición de conocimientos a la que estaba acostumbrada en España, a otro sistema más “interactivo”. “Los neozelandeses me pasaban por la izquierda al principio. Este modelo está basado más en el aprendizaje a través de la experiencia, el trabajo en equipo y las presentaciones de proyectos (pitch inicial de venta, presentación final y venta del proyecto a un público con perfil no técnico). Se acerca más al escenario real del tipo de funciones que vas a tener que desempeñar en una empresa en el futuro (algo que sin duda nos falta en el modelo español)”, explica Montse.

“Como contrapartida, decir que desconocen lo que es suspender y a pesar de tener mucha carga de trabajo, el nivel de complejidad es más bajo, por lo que gestionan peor las dificultades y la adversidad. Sorprendentemente asientan así bastante mejor los conocimientos fundamentales”, resalta.

Para esta estudiante de ingeniería, “ambos modelos tienen pros y contras. Desde mi punto de vista lo ideal sería, como decía Einstein, crear un escenario que proporcione las mejores condiciones para el aprendizaje. Que no es otro que aquel que permita que el alumno adquiera tanto las soft skills necesarias para su futuro laboral como el conocimiento técnico más sólido posible”.

Una orientación que seguro que resulta útil a quienes se animen a adentrarse en el apasionante mundo de la ingeniería. Un ámbito del que todos dependemos en una sociedad tan tecnologizada como la actual. Muchas gracias, Montse, y suerte con tu futuro laboral.

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