Michael Grubb, experto en el cambio climático: “El peligro está en la estupidez humana”

Este respetado gurú internacional defiende las medidas adoptadas por la UE, pero desconfía del ser humano

Michael Grubb

Qué hacer frente a la estupidez humana es una de las incógnitas que Michael Grubb, experto internacional en políticas energéticas –además de profesor de la University College London y autor del libro Planetary Economics–, no logra descifrar. En la Fundación Ramón Areces, donde se debate el paquete de medidas energéticas de la Unión Europea para 2030, Grubb se pregunta muchas cosas, en voz alta, sin necesidad de un periodista. Aunque lo tenga delante. ¿Por qué a pesar de las crecientes advertencias, durante más de dos décadas, sobre los riesgos planetarios del aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, la mayoría de los gobiernos parecen no haber sido capaces de cambiar el rumbo?

Él mismo, tirado en el sillón, se responde: “en mis libros y conferencias quiero dar un aviso a los gobiernos fuertes para que vean que todos podemos cambiar nuestros comportamientos. Se necesita revertir esta tendencia de manera real. Parece simple, pero no lo es tanto. El mundo está en problemas y ahí están los datos para demostrarlo. Y sí, ya sé que economistas, expertos, políticos parecen decir siempre lo que hay que hacer… Pero insisto, parece simple y no lo es”.

Por ello, cree que soluciones como el paquete de medidas de la UE para 2030 son buenas para la sociedad, pues “no son medidas tomadas de cara a galería”. Son realistas “y puede que efectivas”: que al menos haya un 40% de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (en relación con los niveles de 1990), al menos un 27% de cuota de energías renovables; y al menos un 27% de mejora de la eficiencia energética. “Considero que son unos cambios correctos. Pero creo que la cuestión ahora es saber si se van a poder llevar a cabo estos programas. Veremos. La idea está ahí, y es bueno que se lleve a cabo, por lo menos, la propuesta”.

Existen, por un lado, personas que no creen que con estas medidas se llegue a lograr algo. La lista de decepciones en cuanto a medidas ambientales es larga. Por otro, están los escépticos: aquellos que creen, directamente, que el cambio climático es mentira. “Yo creo –divaga el profesor inglés–, que a los escépticos del cambio climático se les convence con ciencia. A la gente, en general, les diría: ‘mirad, hay una cosa muy clara y son los datos. Son estos. Desde diferentes laboratorios y agencias, y ninguna conectada entre sí’. Y ya verás como lo comprenden. Entiendo que hay veces que la ciencia no es algo fácil de entender, pero intentar atajar el problema (u olvidarse de él) dándole la espalda y negándolo… Es algo ridículo”.

“Por otro lado –razona– es difícil contestar a los que preguntan ‘¿de quién es la culpa?’ o ‘¿quién contamina más?’. Cuando ves de dónde proceden las emisiones una gran parte viene de hogares y edificios, y otra gran parte viene de la industria. No hay una parte en particular que ‘contamine más’. Lo que tenemos que reclamar son edificios más sostenibles y eficientes, con una energía limpia”.

A lo largo de la historia, el ser humano siempre ha transitado por una fina línea que dividía la supervivencia del abismo. Ahora hay que ser buenos funambulistas y no caerse del lado incorrecto. ¿Tiene Grubb esperanza en el futuro de la Humanidad? “Tecnológicamente somos capaces de casi todo. Y es cierto. Vivimos en un siglo en el que convivimos con gente brillante, así que creo que, por ese lado, no tendremos problemas. Tampoco considero que haya problemas con el medio ambiente. El verdadero peligro está en la creciente estupidez y la complacencia humana. Por eso se necesitan políticas que reviertan esta situación. ¿Esperanza? Con el auge de Trump, o el Brexit…”, ríe mientras se marcha, dejando la frase inacabada y la pregunta sin contestar.

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