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Mercedes Sotos-Prieto y las claves de una alimentación saludable: "El equilibrio está en lo más simple"

Epidemióloga en la UAM, el CIBERESP y el IMDEA Alimentación, profesora adjunta en la Escuela T. Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard, la investigadora recomienda leer el etiquetado con atención y huir de los falsos mitos. “La tradición culinaria española es espectacular”
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La investigadora Mercedes Sotos-Prieto. Imagen: IMDEA Alimentación.

En líneas generales, la ciudadanía es consciente de la conveniencia de consumir alimentos vegetales y de los problemas que para la salud implica el exceso de grasas saturadas o de azúcares. Como explica a Innovaspain Mercedes Sotos-Prieto, epidemióloga en la Universidad Autónoma de Madrid, el CIBERESP y el IMDEA Alimentación, es común caer en el error de creer que todas las dietas vegetarianas son saludables. “No siempre es así. Debemos establecer diferencias. Las patatas de bolsa o los cereales refinados también son alimentos de origen vegetal. Sin embargo, su consumo tiene unos efectos muy diferentes sobre nuestro organismo que el de las frutas y las verduras”.

De igual forma, recuerda que, de manera inconsciente, tendemos a pensar que todos los productos “aptos para veganos” son sanos. “Muchos de ellos son ultraprocesados e incluyen grandes cantidades de sal, azúcar o cereales refinados”. Profesora Adjunta en la Escuela T. Chan de Salud Pública de la Universidad de Harvard, Sotos-Prieto añade a la ecuación una publicidad cuya veracidad no siempre es la deseada.

“Tampoco es correcto pensar que si consumimos sólo alimentos de origen vegetal sufriremos un déficit de proteínas y otros minerales o vitaminas”. Sobre este falso mito, la investigadora añade que, “si la alimentación está bien planteada no hay ningún problema, excepto con la vitamina B12 en el caso de los veganos”.

Lo vegetales más nutritivos

En esta línea, Sotos-Prieto ha estado implicada en el desarrollo de distintos estudios. Demostraron que una dieta sana basada en alimentos de origen vegetal y reducida en alimentos de origen animal está asociada a un menor riesgo de fragilidad en adultos mayores (acceder a la investigación), también cuando las proteínas de origen animal son sustituidas por alternativas vegetales. “Esto es importante porque evidencia que este tipo de alimentación puede ser óptima para todos los grupos de edad”.

No todos los alimentos vegetales son iguales, por tanto, hay que decantarse por aquellos con una alta calidad nutricional. “No hace falta buscar productos estrambóticos, de nombre sofisticado y excesivamente caros. Las lentejas, los garbanzos y las alubias entran en esta categoría. También frutas y verduras locales de temporada, frutos secos sin sal ni azúcares añadidos o cereales integrales (el pan mejor 100 % integral, arroz o pasta integrales)”.

Etiquetado y credibilidad

Pero, ante una oferta casi infinita de productos, ¿cómo elegir bien los alimentos que nos llevamos a casa? “El consumidor debe leer las etiquetas y asegurarse de que no contengan un exceso calorías y grasas malsanas; de azúcares añadidos o sal. Más de un gramo de sal por cada 100 gramos de alimento es una señal de alerta”.

Sotos-Prieto aconseja tener en cuenta el orden de los ingredientes, pues son nombrados en función de la cantidad contenida en el alimento. “No debemos dejarnos llevar por los etiquetados del tipo “enriquecido” con una u otra vitamina. Muchas veces sirve para encarecer el producto cuando dichas vitaminas las podemos encontrar en alimentos de consumo frecuente”.

La investigadora señala que, en definitiva, el consumidor debe estar informado para hacer elecciones conscientes, saludables y acordes a sus necesidades. “En ocasiones, el tiempo es una barrera para poder cocinar, pero la industria se adaptado a estas circunstancias. Insisto en que lo importante es elegir bien. Los garbanzos cocidos son un buen ejemplo. En lo más simple puede residir el equilibrio”.

Obesidad y Dieta Mediterránea

Ante la pregunta de si comemos mejor que generaciones anteriores, la experta prefiere no establecer comparaciones directas porque se trata de contextos muy distintos. “Han cambiado muchas cosas: la disponibilidad de los alimentos, la tecnología en la producción e incluso el conocimiento acerca de los beneficios y perjuicios de determinados grupos de alimentos”.

Sí admite que, en la actualidad, la obesidad es una de las grandes epidemias del siglo XXI. “Significa que estamos fallando en algo. Es un problema en el que interviene el binomio sedentarismo-mala alimentación. Nos encontramos con patrones alimentarios de baja calidad, ultraprocesados… comida basura. Tenemos mucho trabajo que hacer, y empezar a cambiar las cosas desde la infancia”.

Pese a todo, confirma que España mantiene su estatus como un país en el que es del todo posible alimentarse bajo estándares saludables. “España cuenta con una gran riqueza y disponibilidad de agricultura local y de temporada. Nuestra tradición culinaria es espectacular. Hemos heredado un patrón basado en la Dieta Mediterránea con efectos ampliamente reconocidos por la literatura científica sobre la salud cardiovascular”.

Más allá de la alimentación

La tarea ahora pasa, según Mercedes Sotos-Prieto, por acercarnos al citado patrón no solo de dieta, sino de estilo de vida saludable. “Consiste en un consumo abundante de frutas y verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos al natural, aceite de oliva; consumo moderado de lácteos y pescado, así como la disminución en la ingesta de carnes rojas, procesados, dulces y bollería”.

Detalla que el círculo de los beneficios se cierra si descansamos adecuadamente (incluye la siesta breve), practicamos actividad física a diario –“mejor al aire libre”- y nos socializamos.

Canalizar estos cambios de comportamiento requiere de un compromiso importante por parte de la industria agroalimentaria. Solo así se logrará una alineación imprescindible en favor de una mayor sostenibilidad. El Pacto Verde Europeo, la Ley Europea del Clima o la Agenda 2030 imponen la progresiva reducción de emisiones contaminantes.

“La industria tendrá que adaptarse para apoyar estas iniciativas. Debemos encontrar el equilibrio entre el cambio y la sostenibilidad económica de las empresas. No olvidemos que ser más eficiente a escala energética y financiera a largo plazo requiere de inversiones iniciales. Completar estos procesos lleva tiempo”.

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