La Universidad Loyola Andalucía nació hace cinco años y se convirtió en la primera universidad privada de la región. ‘Hija’ de ETEA, centro adscrito a la Universidad de Córdoba, se trata de un proyecto de vocación jesuita en sintonía con el espíritu y la tradición formativa y metodológica de la Universidad de Deusto, la Universidad Pontificia Comillas-ICAI-ICADE o ESADE. Un lustro en el que el centro ha cumplido con los planes previstos al incidir con mayor énfasis en dos pilares: una marcada vocación internacional y la empleabilidad de sus alumnos. Aunque la innovación y el emprendimiento siempre han teñido buena parte de sus planes, es ahora cuando quieren cargar las tintas en estos aspectos de modo sistemático bajo el paraguas de Loyola Initiative, que coordina Mercedes Pérez Millán.

“Queremos inculcar a los alumnos el espíritu emprendedor dejándoles experimentar”, explica Pérez Millán, que destaca que ese ‘despertar’ de la curiosidad, más o menos aletargada, no es banal, sino que está encaminado a que “sean capaces de preocuparse por los demás y ponerse manos a la obra a resolver problemas reales”. Estas iniciativas son puestas en marcha por la Universidad Loyola Andalucía de la mano de programas que ya han testado que funcionan. Es el caso de Akademia, de Fundación Bankinter, con una versión adaptada al contexto universitario o los encuentros auspiciados por Grupo Hotusa donde recaban ideas útiles para la industria hotelera y turística.

Adicionalmente, el Concurso Ideas de Negocio ha permitido a los alumnos aportar propuestas destinadas a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como el proyecto ganador de la última edición, un guante de lavado en seco, útil en enclaves críticos como son los campos de refugiados. “Por otro lado, y de manera trasversal, en todos los grados incorporamos alguna asignatura vinculada a la creación de empresas y la innovación”, añade la coordinadora de Loyola Initiative.

Ahora han decidido ir un paso más allá como agente activo dispuesto a aportar valor al ecosistema emprendedor andaluz. “En la labor de acompañar en su desarrollo a empresas y emprendedores, la Universidad Loyola Andalucía no tiene las prisas de otros entornos, podemos permitirnos ser pacientes con ese rol”. Pérez Millán se refiere a la capacidad de la institución para aportar pipeline en la fase de preaceleración y así “cultivar ideas y personas para las aceleradoras sin la urgencia del resultado”. Unas intenciones que cristalizarán a principios de 2019 con Loyola Starter, “para ser el motor de arranque, pero no el acelerador”. Un programa donde la formación tendrá una duración determinada pero no el acompañamiento, “podrán irse y volver cuando consideren”.

Esta declaración de intenciones busca superar algunas barreras a las que se siguen enfrentando los emprendedores. “Dentro de la cultura machacona del ‘esto no va a funcionar’, la actitud de algunos mentores no ayuda a que las startups mejoren. No se trata de consumir recursos inútilmente, pero hay que cuidar más a la gente. A veces emulamos demasiado el ambiente de competitividad americano, pero no estamos en Estados Unidos”. Pérez Millán cree que este clima tampoco favorece que muchas mujeres se animen a dar el paso de emprender. También le irrita que, algunas medidas e iniciativas que en teoría luchan para reducir la brecha de género, caigan en un paternalismo poco constructivo. “No nos va esa agresividad y no tiene nada que ver con ser o no ser directas pero, ¿y si repensamos todo esto y me contratas o me invitas a una mesa redonda no por ser mujer sino porque lo que tengo que decir es relevante?”

Más inminente es la salida a escena de Impaccta2, definido por la responsable como “el primer social venture builder de España” y basado a una “obsesión” confesable por el emprendimiento social. Tras trabajar cinco años, en Alterna (Guatemala) Pérez Millán no duda en asegurar que la economía social será la próxima revolución de los países desarrollados. “En lugar de seguir creando apps, las empresas tendrán que empezar a solucionar problemas verdaderos. Los grandes retos serán resueltos por emprendedores porque el sector público no llega”.

Así, desde la semana próxima, Impaccta2 se dedicará a localizar y visibilizar nuevos “y necesarios” referentes en emprendimiento social, una carencia de la que adolecen Andalucía y el resto del país. “Queremos traer modelos de otras economías que ya estén funcionando y copiarlos o adaptarlos a otros contextos, formar equipos y dotarlos de los recursos necesarios para que puedan llevarlo a cabo”, resume la coordinadora sobre un proyecto que quiere poner en el mercado entre cinco y ocho propuestas durante los próximos meses, “empresas que se conviertan en referentes en Andalucía y sirvan de ejemplo a otros emprendedores”.

Esta visión coincide también con darle la vuelta a uno de los defectos que a su juicio acarrean buena parte de los estudiantes. “Tienden a resolver dificultades de su cotidianeidad: el viaje de Erasmus, cómo llegar a la Universidad cada día… Nuestra labor es que vean problemas más allá”. Y de vuelta a Guatemala –donde el 90% de la gente quiere emprender, frente a un 20% en España– Pérez Millán indica lo mucho que tenemos que aprender de cómo volcarnos para mejorar las condiciones de los demás. “A los países desarrollados nos toca ampliar las miras de los más jóvenes, inculcar a nuestros alumnos que los problemas de movilidad son muy graves pero que aún hay millones de personas que no tienen acceso a agua potable o que estamos creando un mundo de smartphones cuando parte del planeta no tiene Internet. Hay que viajar más, abrir la mente y siempre tener en cuenta a los menos favorecidos, a los de aquí y a los de fuera. Perdemos de vista a los que sufren y ni siquiera se habla lo suficiente de temas como la vergonzosa gestión de Europa con la crisis de refugiados”.

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